¡Permaneced firmes en vuestras filas! ¡Plantad cara al enemigo sin retroceder!

¡Hijos de Luis y de Francisca! ¡Hermanos de sangre y de acero!

En vuestras miradas arde el mismo temor que podría helar hasta el corazón más templado de un guerrero.

Podría llegar el día en que el valor de los hombres se extinguiera como una llama al viento, en que traicionáramos a nuestros camaradas y se rompieran los lazos sagrados que nos unen como un solo pueblo;
¡mas hoy no es ese día!

Podría llegar el día en que una horda de lobos hambrientos y sesenta y un escribas corruptos sellaran con su rúbrica infame el ocaso definitivo de la Edad de los Hombres;
¡pero hoy no es ese día!

¡En este día de fuego y gloria lucharemos con cada gota de nuestra sangre por todo lo que vuestros corazones aman de esta tierra noble y generosa!

¡Os convoco a las armas, hombres libres!
¡Por vuestros hijos, por vuestros antepasados y por la libertad que late en vuestras venas!
¡Adelante!


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