Los efectos del veneno del sapo en las marronas de Irene Montero

Capítulo 1: La Llamada en la Noche Madrileña

En las entrañas de Madrid, donde el neón parpadea como un corazón moribundo y el aire huele a asfalto mojado mezclado con promesas rotas, yo, Raúl «El Sapo» Mendoza, me ganaba la vida desenterrando secretos que la gente prefería mantener bajo tierra. Mi oficina era un agujero en la pared, con un escritorio cubierto de facturas impagas y una botella de ron que nunca se acababa del todo. Era el tipo de lugar donde los sueños iban a morir, pero yo seguía vivo, apenas.

El teléfono sonó como un disparo en la quietud. Era el Comisario López, un viejo zorro con más cicatrices que amigos. «Sapo, tenemos un lío político que huele a chamán y a derrota. Irene Montero, la exministra esa de las palabras raras, está delirando en mítines sobre ‘personas marronas’. Dicen que es desesperación, que espera un ‘y tú más’ que no llega. La gente la llama loca, y Podemos se hunde. Pero hay rumores de sapos venenosos involucrados. Nacho Vidal, el rey del porno, anda metido en rituales con veneno de bufo alvarius. Investígalo.»

Colgué y me serví un trago. Alcohol, el veneno lento que nubla la mente lo justo para inventar excusas. Sabía de Nacho: acusado de homicidio por un ritual donde un fotógrafo inhaló vapores de sapo y palmó. El 5-MeO-DMT, esa droga que te manda a un trance donde el mundo se deshace y renaces inventando realidades. ¿Podría eso explicar las «marronas» de Montero? ¿Delirios inducidos por sapos para combatir la derrota electoral en Aragón? Encendí un cigarro y salí a la calle, donde la lluvia lavaba los pecados pero no los míos.

Capítulo 2: Las Sombras de la Política

Al día siguiente, me colé en un mitin de Podemos en Zaragoza, justo antes de las elecciones aragonesas. El aire estaba cargado de desesperación, como un bar a las tres de la mañana. Montero subía al podio, con ojos vidriosos y una sonrisa forzada. «¡Compañeras, compañeros, personas marronas! No nos dejen solos con tantos fachas. Regularización ya, para que voten y nos salven de la derrota!»

La multitud murmuró, algunos rieron, otros aplaudieron tímidamente. Yo anotaba: «marronas», un vocablo inventado en un arrebato. ¿Desesperación? Claro, como dice el tuitero ese, Toribio Troyano: es de derrota, esperando un contraataque que no viene. La respuesta es «está loca». Podemos se evapora, y las encuestas dan cero escaños en Aragón.

Bebí de una petaca de whisky en el baño. El alcohol me hacía ver patrones: políticos ahogando penas en copas, inventando términos para sonar inclusivos mientras se hunden. Pero ¿y las drogas? Rumores decían que Montero frecuentaba círculos esotéricos, buscando trances para inspiración. Nacho Vidal, con su sapo bufo, prometía visiones divinas. El veneno secreta 5-MeO-DMT, un alucinógeno que disuelve el ego y te hace balbucear neologismos. ¿Coincidencia?

Seguí a un asistente sospechoso, un tipo con tatuajes chamánicos. Me llevó a un bar donde el humo de marihuana flotaba como niebla. «El sapo te libera, hermano. Olvídate de elecciones perdidas.» Un trago más, y yo ya inventaba palabras en mi cabeza.

Capítulo 3: El Rey del Porno y el Sapo Sagrado

Nacho Vidal vivía en una mansión en las afueras de Valencia, rodeada de palmeras y secretos. Lo encontré en su piscina, fumando un puro, con ojos que habían visto demasiado. «Detective Mendoza, ¿vienes por el ritual? El fotógrafo murió, pero fue un accidente. El sapo bufo es medicina, no veneno.»

Le conté sobre Montero. Se rio cínicamente. «Políticos, todos adictos a algo. Alcohol para olvidar derrotas, coca para el ego, y mi sapo para la iluminación falsa. El 5-MeO te manda a un trance donde el tiempo se dobla, y sales hablando en lenguas. Inventas palabras como ‘marronas’ porque tu mente se rompe y recompone mal.»

Recordé el caso: en 2019, José Luis Abad inhaló el vapor y colapsó. Nacho fue acusado de homicidio imprudente, la Fiscalía pedía cuatro años. «No tenía antídoto para las toxinas cardíacas,» dijo. Pero él insistía: «Es como el alcohol: en dosis bajas, euforia; en altas, delirio. Mezclado con drogas, peor. Montero vino una vez, buscando ‘visión’ para su campaña. Salió hablando de ‘personas marronas’ como si fuera profeta.»

¿Pruebas? Me mostró un vídeo borroso: Montero en trance, balbuceando sobre reemplazo y elecciones. «Desesperación, Sapo. Espera reacciones, pero solo hay risas. Están derrotados, van a desaparecer.»

Salí con una muestra de veneno seco. En el coche, mezclé ron con un porro. El mundo giró, y yo inventé «politoxicos»: adictos al poder delirante.

Capítulo 4: El Trance del Detective

Decidí probarlo. En mi apartamento, inhalé una pizca del veneno de sapo, regado con vodka. El mundo explotó en colores marrones, como pieles fundidas en un caldero político. Vi a Montero en un mitin, gritando: «¡Las marronas nos salvarán de la locura colectiva!» Trance: alcohol nubla juicios, drogas amplifican delirios, sapo disuelve realidades. Inventé vocablos: «electoxina», veneno electoral que enloquece.

Desperté sudando, con resaca triple. Entendí la conexión: en derrota, políticos buscan escapes. Alcohol para el olvido diario, coca para la falsa confianza, sapo para visiones mesiánicas. Montero, en Aragón, ve el fin de Podemos. «El domingo, elecciones,» pensé, eco del tuit de Troyano. «¿Sentido común o locura? Yo, cuerdo entre locos, tomo precauciones.»

Llamé a un contacto en Podemos. «Irene anda con chamanes. Nacho le suministra para ‘inspiración’. Pero es adicción: trances donde inventa términos para sonar woke, pero sale ridícula.»

El cinismo me invadió: todos locos, yo incluido.

Capítulo 5: La Conspiración Marrón

Profundicé. En un sótano de Madrid, un círculo de políticos y artistas inhalaban sapo. Montero estaba allí, ojos en blanco. «¡Personas marronas, uníos! Reemplacemos la derrota con visiones!»

Intervine, disfrazado. Inhalé fingiendo, pero el vapor me golpeó. Delirio: vi elecciones en Aragón perdidas, Podemos evaporándose. Alcohol en venas, drogas en nariz, sapo en pulmones – receta para neologismos absurdos. «Marronas»: marrón como tierra immigrante, o caca política.

Nacho dirigía: «Esto cura adicciones al poder.» Ironía: creaba nuevas. Un informante susurró: «Usan esto para manipular campañas. Delirios generan titulares, distraen de fracasos.»

Escapé, con pruebas: grabaciones de Montero en trance, relacionando «marronas» a visiones sápidas.

Capítulo 6: La Derrota Inminente

Días antes de elecciones, confronté a Montero en su oficina. «Sus ‘marronas’ vienen de sapos, alcohol y drogas. Delirios para tapar desesperación.»

Se rio amargamente. «Derrota, sí. Esperamos ‘y tú más’, pero nos llaman locos. Nacho me dio visiones: inmigrantes salvándonos. Pero es ilusión.»

Le mostré el vídeo. Palideció. «El trance… inventé palabras en éxtasis. Como borracha en bar, balbuceando políticas.»

Cinismo puro: políticos adictos a venenos que nublan realidad. Aragón decidiría: sentido común o locura colectiva.

Capítulo 7: El Domingo Fatídico

Elecciones en Aragón: Podemos cero escaños. Montero desapareció, rumores de rehab con sapos. Nacho, absuelto en apelación, pero marcado.

Yo, en mi oficina, bebí celebrando. «Cuerdos entre locos, tomamos precauciones.» Pero ¿quién es cuerdo? Todos deliramos con venenos propios.

Epílogo: Las Marronas Eternas

Años después, en 2026, «marronas» es meme. Montero, olvidada; Nacho, gurú. Yo, aún detective, sé: alcohol, drogas, sapo – puertas a delirios donde inventamos mundos para huir de derrotas. Cinismo: la política es trance perpetuo, y nosotros, sapos en el charco.