Los Audios de la Sala de Control
Novela breve de ficción
Todos los nombres, trenes, tramos y circunstancias son inventados. Cualquier parecido con hechos o personas reales es coincidencia.
Capítulo 1 – La noche en que el reloj se detuvo
Sala de Control de la Estación de Montserrat. 23:47.
Las pantallas brillan con un verde enfermizo. El controlador Ramón Vega lleva once horas de turno. Tiene los ojos secos y la voz ronca.
RAMÓN: Tren 1842, Montserrat Control. Confirme posición y velocidad.
MAQUINISTA (Juan Soler): Control, 1842. Kilómetro 47,3. Ciento doce. Todo normal.
RAMÓN: 1842, reduzca a ochenta antes del paso a nivel de La Cova. Hay aviso de niebla densa.
JUAN: Recibido. Reduzco a ochenta.
Silencio de doce segundos. En la pantalla el punto verde no frena.
RAMÓN: 1842, no veo reducción. Confirme.
JUAN: Control, el sistema no responde al freno de servicio. Pruebo emergencia.
Otro silencio, más largo.
JUAN: Control… el freno de emergencia tampoco. Voy a ciento dieciocho y subiendo. No puedo detenerlo.
Ramón se incorpora de golpe. El café se le derrama sobre la consola.
RAMÓN: 1842, active el freno de emergencia manual. Repito: freno de emergencia manual. Ahora.
JUAN: Ya lo he hecho. Nada. La palanca está blanda. Control, esto no es normal.
En el puesto de al lado, la controladora Elena mira a Ramón. Ninguno de los dos habla durante tres segundos.
RAMÓN: 1842, prepare evacuación. Voy a cerrar la vía.
JUAN: ¿Cerrar la vía? Control, detrás de mí viene el mercancías de las 23:30. Si me paro en seco en la curva…
RAMÓN: 1842, no se va a parar. Eso ya lo sabemos los dos.
Capítulo 2 – El protocolo que nadie recuerda
ELENA: (en el circuito interno) Ramón, el protocolo 7-B. Lo activamos.
RAMÓN: El 7-B es para fallo total de frenos con vía libre. Aquí no hay vía libre.
ELENA: Entonces el 9-C.
RAMÓN: El 9-C exige confirmación del jefe de sala. El jefe de sala se fue a las diez.
ELENA: Entonces ¿qué hacemos?
Ramón no contesta. Vuelve al micrófono.
RAMÓN: 1842, Juan, escúchame. Vas a llegar a la curva de La Cova a ciento veinte. Si no frenas, el tren se sale. Hay un apeadero a la derecha. Intenta desviar por el cambio de agujas número 4.
JUAN: El cambio 4 está en manual desde hace tres semanas. Lo sabes.
RAMÓN: Lo sé. Voy a intentar accionar el motor de agujas a distancia. Aguanta.
JUAN: Ramón… si me desvío a esa velocidad, el primer coche se levanta. Hay ochenta y dos personas a bordo.
RAMÓN: Lo sé, Juan.
En la sala, Elena abre el libro de protocolos. Las páginas están llenas de post-its amarillos que nadie ha actualizado.
ELENA: (baja la voz) El sistema de frenos de este tren se revisó hace once días. El parte dice “correcto”.
RAMÓN: Todos los partes dicen “correcto”.
Capítulo 3 – La voz que llega tarde
Entra una tercera voz en el circuito. Es el controlador de relevo, que todavía no ha llegado al edificio.
RELEVO (por teléfono): Ramón, me han llamado. Estoy a doce minutos. ¿Qué pasa?
RAMÓN: Tren 1842 sin frenos. Velocidad 124. Curva de La Cova en noventa segundos.
RELEVO: ¿Has activado el bloqueo?
RAMÓN: No puedo. El bloqueo automático está en modo degradado desde las 19:00. Nadie lo ha reportado.
RELEVO: Entonces hazlo manual.
RAMÓN: Para hacerlo manual necesito la clave del supervisor. El supervisor está en una reunión fuera.
RELEVO: Ramón, esa clave está en el cajón de la izquierda. Debajo de la carpeta azul.
Ramón abre el cajón. La carpeta azul no está.
RAMÓN: No está la carpeta.
JUAN: (interrumpiendo) Control, veo las luces de la curva. No freno. Repito: no freno. Voy a intentar echar el ancla de emergencia del segundo coche.
ELENA: Juan, ese ancla no se ha usado nunca en servicio. Puede partir el enganche.
JUAN: Mejor partido el enganche que el tren entero.
Capítulo 4 – El ancla
Se oye un golpe seco por la radio. Luego un chirrido metálico largo.
JUAN: Control… el ancla se ha soltado, pero el enganche aguanta. Velocidad 109 y bajando. Muy poco.
RAMÓN: Sigue. Cada kilómetro que bajes es una vida.
JUAN: Ramón, hay una mujer en el coche 3 que grita que su hijo está en el baño. No puedo abrir las puertas a esta velocidad.
RAMÓN: No abras las puertas. Si abres las puertas a más de ochenta, el sistema las bloquea y no vuelven a cerrar.
JUAN: Ya lo sé. Se lo estoy diciendo a ella.
Silencio. Solo el ruido del viento en el micrófono del maquinista.
JUAN: Control, velocidad 97. La curva está a cuatrocientos metros. No llego.
RAMÓN: Juan, escúchame. Si no puedes frenar más, inclina el cuerpo hacia la izquierda. El peso del tren ayuda un poco en esa curva. Es una mierda de consejo, pero es lo único que queda.
JUAN: Entendido. Me inclino.
Capítulo 5 – La curva
El punto verde en la pantalla desaparece durante dos segundos y reaparece más despacio.
RAMÓN: 1842, ¿estás ahí?
JUAN: Estoy. He pasado la curva. Velocidad 81. El tren se ha levantado del lado derecho, pero ha vuelto. Hay gente en el suelo. Hay sangre en el pasillo del coche 2. No sé de quién.
ELENA: Juan, ¿puedes detenerte en el apeadero de La Cova?
JUAN: Puedo intentarlo. El freno de servicio sigue sin responder, pero el ancla y la inclinación han bajado la velocidad. Si no hay nadie en la vía, me meto en el escape.
RAMÓN: La vía está libre. Te lo confirmo yo. Métete.
JUAN: Recibido.
Se oye el chirrido de las ruedas contra el carril. Luego un golpe sordo.
JUAN: Estoy parado. En el escape. El tren está entero. Más o menos.
RAMÓN: Juan… ¿cuántos heridos?
JUAN: No lo sé todavía. Hay gente que no se levanta. Voy a abrir las puertas ahora que estamos parados.
RAMÓN: Abre. Y quédate con ellos. Nosotros avisamos a emergencias.
Capítulo 6 – Después del silencio
Han pasado veintidós minutos. Las ambulancias aún no han llegado. En la sala de control nadie habla alto.
ELENA: El jefe de sala acaba de llamar. Dice que no digamos nada a la prensa hasta que llegue él.
RAMÓN: El jefe de sala está a cuarenta minutos.
ELENA: También dice que el parte de mantenimiento de los frenos está “en revisión”.
RAMÓN: Claro.
Entra de nuevo la voz de Juan, más baja.
JUAN: Control, hay siete heridos graves. Uno es un niño. La madre está con él. Dice que el niño se golpeó la cabeza cuando el tren se levantó en la curva. Los sanitarios aún no están.
RAMÓN: Juan, quédate ahí. No dejes que nadie se baje a la vía. Hay tensión en la catenaria.
JUAN: Ya se lo he dicho. Pero hay un hombre que quiere bajar a buscar cobertura. Le he tenido que gritar.
RAMÓN: Sigue gritándole.
Capítulo 7 – La grabación
A las 01:12 el jefe de sala llega. Entra sin saludar. Se acerca a la consola de Ramón.
JEFE DE SALA: ¿Habéis grabado todo?
RAMÓN: El sistema graba siempre. Lo sabes.
JEFE DE SALA: Quiero la copia ahora. Y que nadie más la escuche.
ELENA: La copia está en el servidor central. Solo el supervisor de sistemas puede extraerla.
JEFE DE SALA: Entonces llamad al supervisor.
RAMÓN: El supervisor está de baja desde el martes. Nadie lo ha sustituido.
El jefe de sala se queda mirando las pantallas. El tren 1842 sigue parado en el escape, marcado en rojo.
JEFE DE SALA: Mañana a primera hora quiero un informe que diga que el maquinista no siguió el protocolo de freno de emergencia. Que improvisó.
RAMÓN: El maquinista siguió todo lo que le dijimos. Y más.
JEFE DE SALA: El informe lo firmo yo. Vosotros solo tenéis que callaros.
Ramón no contesta. Elena tampoco. En la radio, Juan sigue hablando con los pasajeros. Su voz llega clara, cansada, sin filtro.
JUAN: Control, los sanitarios acaban de llegar. El niño respira. La madre me ha dado las gracias. Le he dicho que no me las dé a mí.
RAMÓN: (muy bajo, solo para Elena) Apaga el altavoz.
Elena no lo apaga.
Epílogo – Lo que queda en la cinta
Tres días después, en una sala sin ventanas, un técnico reproduce los audios. El jefe de sala está presente. También un abogado de la compañía y un representante del sindicato.
La cinta llega al momento en que Ramón dice: “El sistema de frenos de este tren se revisó hace once días. El parte dice ‘correcto’.”
El jefe de sala levanta la mano.
JEFE DE SALA: Corta ahí. Esa frase no sale en el informe.
El técnico obedece. La cinta sigue, pero ya sin sonido. En la pantalla solo se ve la línea de tiempo avanzando en silencio.
Fuera, en el andén de Montserrat, el tren 1842 sigue apartado. Alguien ha puesto una cinta de plástico amarilla alrededor de los coches. Dentro, en el suelo del coche 2, todavía hay una mancha oscura que nadie ha limpiado del todo.
En la sala de control, el turno de noche comienza de nuevo. Ramón no está. Elena tampoco. El controlador nuevo abre el libro de protocolos. Los post-its amarillos siguen en las mismas páginas.
Nadie ha escrito nada nuevo.
Fin
(Obra de ficción. Los diálogos y situaciones son inventados. No representan hechos reales ni personas identificables.)
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