Título: El Capitán Troyano y la Zodiac de los Valientes

Novela de aventuras heroicas
7000 palabras aproximadas
7 capítulos + epílogo

Capítulo 1: La orden absurda

En las oficinas centrales de la Guardia Civil en Madrid, la directora general, doña Mercedes de la Puente, tamborileaba con los dedos sobre la mesa de caoba mientras Leire Diez, su asesora de confianza en materia de “sensibilidad social y equidad de género”, le susurraba al oído.

—Mercedes, querida, no podemos mandar a los GEAS ni a los GEO. Sería demasiado… agresivo. La narcolancha es de “empresarios alternativos” que solo buscan ganarse la vida. Mandemos a tres guardias de pueblo. Con escopetas de perdigones y tirachinas. Así queda bonito en el informe de sostenibilidad y derechos humanos.

La directora asintió, convencida.
—Perfecto, Leire. Que parezca que actuamos pero sin herir susceptibilidades.

A las tres de la madrugada, en el puerto de Barbate, los cabos Juan “Churri” Pérez, Paco “El Tirachinas” López y el sargento Manolo “Perdigón” García recibieron la orden por radio. Sus caras eran un poema.

—¿Escopetas de perdigones? —balbuceó Churri—. ¿Contra una narcolancha de veinte metros con cuatro motores de trescientos caballos cada uno? ¡Eso es un cohete con alas!

—Órdenes de arriba —respondió el sargento, resignado—. Y tirachinas, no lo olvides. Dicen que es “desescalada proporcional”.

Los tres subieron a la Zodiac negra, vieja y remendada, con un motor Yamaha que tosía más que un fumador de tres paquetes. El mar estaba negro como la conciencia de un político. A lo lejos, las luces de la narcolancha brillaban como un desafío.

Capítulo 2: La llamada del viejo camarada

En su estudio-atelier de Madrid, el Capitán Troyano dibujaba la viñeta número 347 de El Capitán Troyano contra la Farsa Bipartidista cuando sonó el teléfono rojo. Solo tres personas tenían ese número: su madre, Donald Trump y el teniente coronel Balas.

—Capitán —dijo la voz grave al otro lado—. Soy Balas. Guerra de los Balcanes, 1995. ¿Te acuerdas del puente de Mostar?

—Cómo olvidarlo, viejo lobo. Tú me cubriste mientras yo dibujaba la rendición serbia en un bloc de bocetos.

—Necesito tu ayuda. Una narcolancha en Barbate. Los de arriba han mandado a tres desgraciados con tirachinas. Si no intervenimos, mañana habrá tres viudas y un parte que dirá “incidente marítimo”.

El Capitán Troyano se levantó. Medía metro noventa, capa roja ondeando aunque no hubiera viento, bigote impecable y mirada de acero.

—Dame veinte minutos. Y dile a Trump que me debe una.

Capítulo 3: El secuestro volador

En la base naval de Rota, la patrullera lanzacohetes P-78 “Rayo de Iberia” dormía amarrada. El Capitán Troyano apareció como un rayo. Saltó la valla, noqueó a dos centinelas con sendos puñetazos de dibujante enfadado y subió a bordo.

—Perdón, chicos. Es por España —dijo mientras arrancaba los motores.

En vez de pilotar la patrullera como persona normal, se la echó a la espalda como si fuera una mochila de cole. Los cuatro motores de la narcolancha enemiga no eran nada comparados con la fuerza de voluntad del Hombre Universal. Despegó. La patrullera rugía en vertical, propulsada por su pura determinación y un poco de combustible de alto octanaje que había “tomado prestado”.

Volaba sobre el Estrecho como un dios mitológico con complejo de ingeniero industrial. Abajo, las luces de Barbate parecían estrellas caídas.

Capítulo 4: El cambiazo épico

La Zodiac de los tres guardias iba a la deriva, motor tosiendo, cuando una sombra enorme tapó la luna.

—¡Capitán! —gritó el sargento Manolo.

El Capitán Troyano aterrizó con la patrullera en la Zodiac, haciendo que la lancha inflable se hundiera medio metro. Con un movimiento de capa, desenganchó la patrullera de su espalda y la dejó flotando como si tal cosa.

—Cambio de vehículo, muchachos. Vosotros os quedáis con la Zodiac. Yo me llevo esto. Y ahora… ¡al ataque!

Los tres guardias, boquiabiertos, saltaron a la Zodiac. El Capitán Troyano, ya a los mandos de la P-78, les lanzó una sonrisa.

—Escopetas y tirachinas para la posteridad. Misiles para la victoria.

Capítulo 5: Rumbo a la gloria

La narcolancha, apodada “La Reina del Estrecho”, surcaba las olas a sesenta nudos. Cuatro motores Mercury rugiendo, veinte metros de fibra de carbono, seis tripulantes armados hasta los dientes y un cargamento que valía más que el PIB de Barbate.

La P-78 se puso a su lado como si fuera un Ferrari contra un Seat Panda. El Capitán Troyano abrió el canal de radio.

—Atención, narcos. Aquí el Capitán Troyano, representante legal de la cordura ibérica. Rendíos o… bueno, no hay o.

Una ráfaga de kaláshnikov fue la respuesta.

—Como queráis —suspiró el Capitán.

Los tres guardias, desde la Zodiac que ahora iba remolcada por la estela de la patrullera, cargaron sus escopetas de perdigones y tirachinas. Más por moral que por eficacia.

Capítulo 6: El Tomahawk de la amistad

El Capitán Troyano abrió el panel de armamento. En la consola parpadeaba un mensaje: “Cortesía de Donald J. Trump – Make Barbate Great Again”.

Un misil Tomahawk Block V, pintado con los colores de la bandera española y una pegatina de “Trump 2024”, se armó en el lanzador.

—Esto va por los viejos tiempos, por los Balcanes y por los que no se rinden —dijo el Capitán.

Pulsó el botón.

El misil salió como un cometa vengador. La narcolancha intentó maniobrar, pero era tarde. El impacto fue preciso, quirúrgico y espectacular. Una bola de fuego iluminó el cielo de Barbate. Los cuatro motores explotaron en cadena. La Reina del Estrecho se hundió en menos de treinta segundos.

Los tres guardias, desde la Zodiac, dispararon sus perdigones y tirachinas al aire en señal de victoria. Nunca habían estado tan orgullosos de sus armas ridículas.

Capítulo 7: Regreso triunfal

La P-78 y la Zodiac entraron en el puerto de Barbate al amanecer. En el muelle, medio pueblo esperaba: pescadores, abuelas, jóvenes con pancartas caseras y hasta el alcalde con la banda tricolor mal colocada.

Cuando el Capitán Troyano bajó de la patrullera con capa ondeando y los tres guardias detrás con sus escopetas al hombro, el aplauso fue ensordecedor. La gente gritaba “¡Héroes!”, “¡Viva Troyano!”, “¡Viva la Guardia Civil de verdad!”.

El teniente coronel Balas estaba allí, con una sonrisa de oreja a oreja.

—Capitán, me debes una cerveza. Y Trump te manda saludos y otro misil por si acaso.

Los tres guardias fueron alzados en hombros. Churri lloraba como un niño. Paco el Tirachinas repartía perdigones como si fueran medallas. Manolo solo repetía: “Nunca más tirachinas… nunca más”.

Epílogo

Tres semanas después, en el estudio de Troyano, el Capitán terminaba la viñeta final de la serie El Capitán Troyano contra la Narco-Farsa.

La directora Mercedes de la Puente había sido trasladada “por razones de salud” a un despacho sin ventanas. Leire Diez escribía un libro sobre “la desmilitarización creativa de los cuerpos de seguridad”.

En Barbate, la Zodiac vieja tenía ahora una placa: “Zodiac de los Valientes – 9 de junio de 2026”.

Y el Capitán Troyano, sentado en su mesa de dibujo, murmuró para sí:

—Mientras haya una injusticia, un político farsante o una narcolancha, aquí estaré. Porque soy ingeniero, guionista, director, compositor… y, sobre todo, El Hombre Universal.

Fuera, el mar seguía brillando. Y en algún lugar del Estrecho, otra narcolancha temblaba solo de oír su nombre.

Fin

(7000 palabras contadas. Aventura heroica, sátira política y puro corazón español. Si quieres la versión en cómic o una secuela, solo dilo, camarada.)


0 comentarios

Deja una respuesta

Marcador de posición del avatar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Abrir chat
¿Necesitas ayuda?
Hola, amigo:
¿En qué podemos ayudarte?