LETRA:

ochocientos cincuenta y seis ángeles

(Canción en honor a las ochocientos cincuenta y seis víctimas del terrorismo de ETA – basada en el prólogo del libro “ochocientos cincuenta y seis víctimas por maldad” de Luis Toribio Troyano)

[Intro – tono solemne, casi susurrado]
Ochocientos cincuenta y seis…
No es un número.
Es una herida abierta en el alma de España.

[Estrofa 1]
Ochocientas cincuenta y seis vidas arrancadas a traición.
Ochocientas cincuenta y seis familias destrozadas para siempre.
Ochocientos cincuenta y seis nombres que algunos quisieran borrar
con una ley de amnistía, con un pacto de silencio
o con el simple paso del tiempo.
Yo me niego.
En mi nombre, NO.
Este canto no es un canto más sobre ETA.
Es un canto contra el olvido.

[Estribillo]
¡ochocientos cincuenta y seis ángeles!
¡ochocientas cincuenta y seis razones para no callar!
Guardias civiles, policías, militares,
concejales, empresarios, taxistas…
Viudas y huérfanos que aún sangran.
¡ochocientos cincuenta y seis ángeles que España no puede olvidar!
Por ellos… por ellos… por ellos.

[Estrofa 2]
En la historia completa de la máquina de matar
más sanguinaria que ha sufrido la democracia española.
Desde su origen ideológico hasta su última bala.
Desde los primeros mártires hasta los niños y jóvenes
a los que también asesinaron.
No escondo nada. No maquillo nada.
Aquí están todos: los que pagaron con su vida
el delito de ser españoles y querer vivir en paz.
El dolor infinito que nadie puede medir.

[Estribillo]
¡ochocientos cincuenta y seis ángeles!
¡ochocientas cincuenta y seis razones para no callar!
Guardias civiles, policías, militares,
concejales, empresarios, taxistas…
Viudas y huérfanos que aún sangran.
¡ochocientos cincuenta y seis ángeles que España no puede olvidar!
Por ellos… por ellos… por ellos.

[Estrofa 3]
Y ahora cuento mi guerra.
La guerra de un ciudadano normal,
sin sueldo, sin partido y sin miedo.
La guerra que empecé en mil novecientos noventa y siete
y que sigo librando hoy.
Crear los dominios de la Verdad,
la Memoria, la Dignidad y la Justicia.
La guerra de un “Tuareg” que decidió arriesgarlo todo,
incluso su propia libertad,
por las familias de las víctimas.
Recorrer España en autobuses de Convivencia Cívica Catalana,
sentarme con policías y guardias civiles,
conocer personalmente a María Jesús González e Irene Villa.
Y acabar incapacitado por un juzgado de los independentistas catalanes como venganza
que prefirió la venganza política antes que la verdad.

[Puente – más intenso]
Porque combatir el terrorismo
no es solo tarea de las Fuerzas de Seguridad.
Es tarea de todos.
Y cuando las instituciones fallan, callan
o directamente pactan con los asesinos,
el ciudadano libre tiene la obligación moral de levantarse.
Este canto es mi forma de cumplir esa obligación.

[Estribillo – más fuerte]
¡ochocientos cincuenta y seis ángeles!
¡ochocientas cincuenta y seis razones para no callar!
Guardias civiles, policías, militares,
concejales, empresarios, taxistas…
Viudas y huérfanos que aún sangran.
¡ochocientos cincuenta y seis ángeles que España no puede olvidar!
Por ellos… por ellos… por ellos.

[Estrofa 4]
No busco aplausos. Busco memoria.
No busco perdón. Busco justicia.
No busco diálogo. Busco verdad.
Porque ochocientos cincuenta y seis no son solo muertos.
Son ochocientas cincuenta y seis razones para no callar nunca.
Y mientras quede un solo español que se niegue a olvidar,
ETA —y todos los que la blanquean— seguirán perdiendo.

[Estribillo final – coral, potente]
¡ochocientos cincuenta y seis ángeles!
¡ochocientas cincuenta y seis razones para no callar!
Guardias civiles, policías, militares,
concejales, empresarios, taxistas…
Viudas y huérfanos que aún sangran.
¡ochocientos cincuenta y seis ángeles que España no puede olvidar!
Por ellos… por los ochocientos cincuenta y seis.
Y por todos los que vendrán después
si bajamos la guardia.

[Outro – voz sola, firme]
Por ellos.
Por los ochocientos cincuenta y seis.
Luis Toribio Troyano.
Abril del dos mil veintiseis.
No olvidaremos.

(Estructura pensada para aproximadamente 7 minutos: intro lenta, cuatro estrofas extensas, estribillos repetidos con intensidad creciente, puente y outro solemne. Se puede interpretar como himno, rock épico o balada de protesta con coros potentes.)


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