Queridos lectores, compañeros de lucha, caballas de Ceuta y de toda España, españoles de corazón y todos aquellos que aún se niegan a aceptar que el mundo debe ser como lo pintan los poderosos:
Permitidme que os hable desde el alma, sin rodeos, sin corrección política y sin la máscara que tantos llevan hoy. Mi nombre es Luis Toribio Troyano. Nací el 15 de mayo de 1960 en Barcelona. Soy ingeniero industrial superior por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona, tengo el CQP en Matemáticas, soy pensador, guionista, director de cine, compositor y, sobre todo, un ciudadano español que ha decidido no callar. Vivo de “Sus Labores”, esa expresión que figuraba en el DNI de mi abuela Francisca Caparrós Galindo y de mi madre Francisca Troyano Caparrós. Una profesión que, en mi caso, se ha convertido en la más honrosa: defender la verdad con la palabra, con la canción y ahora con este libro.
Este prólogo no es un adorno. Es una declaración de intenciones. Radio Caballas no es solo el título de un libro. Es el nombre de una emisora que emite las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, pensada exclusivamente para Ceuta y para quienes se sienten caballas. Es también el nombre de un proyecto más amplio: tres emisoras —Radio Legitimidad, Radio Libertad y Radio Caballas—, un canal de televisión que nacerá pronto y una obra escrita que no pretende entretener, sino despertar. Este libro recoge el espíritu de esa radio, las letras de las canciones que suenan en ella, las ideas que las inspiran y la convicción de que Ceuta no se vende: Ceuta se defiende.
¿Por qué Radio Caballas? Porque la radio sigue siendo el medio más íntimo, el que entra en las cocinas, en los taxis, en los talleres, en las casas de quienes no tienen tiempo ni ganas de tragarse el relato oficial de las televisiones. La radio no necesita imagen. Necesita voz. Y la voz, cuando es honesta, atraviesa fronteras mejor que cualquier ejército. En Ceuta, esa voz tenía que nacer. Una ciudad española en el norte de África, rodeada de mar y de pretensiones ajenas, merecía una frecuencia propia. No una radio institucional que repite comunicados. Una radio de caballas para caballas.
Los de Ceuta se llaman caballas desde el siglo XIX. Las flotas del Estrecho, cuando veían aparecer las embarcaciones ceutíes, decían: “Ahí vienen los caballas”. El apodo nació de la abundancia de ese pez en las aguas del Estrecho y de la valentía de quienes salían a faenar. Con el tiempo, los propios ceutíes lo hicieron suyo. En 2019 la Real Academia Española lo incorporó al diccionario. No es un insulto. Es un título de nobleza popular. Ser caballa significa pertenecer a una tierra que ha resistido siglos de presiones, de asedios y de olvidos. Significa no rendirse.
Ceuta no es un accidente geográfico. Es una pieza de la Corona española desde mucho antes de que existiera Marruecos como Estado moderno. El Monte Hacho, el Tarajal, la Plaza de África, las murallas portuguesas y españolas, el puerto, la fortaleza: todo eso no es decorado. Es historia viva. Cuando algunos pretenden presentar Ceuta como un “enclave colonial” o como una ciudad “pendiente de devolver”, están mintiendo. Están aplicando el mismo relato que se usa contra Melilla, contra Canarias o contra cualquier territorio que recuerde que España no empezó ayer ni terminó en 1898.
El Imperio español no ha terminado. Lo digo con todas las letras. El relato académico mayoritario sitúa el fin político del imperio colonial en el siglo XIX y en 1898. Esa es una verdad a medias. Lo que no ha terminado es la continuidad cultural, jurídica, lingüística e identitaria. La lengua española se habla en veinte países. El derecho romano-canónico-español sigue influyendo. La monarquía, las instituciones, la idea de Hispanidad y, sobre todo, Ceuta y Melilla como ciudades españolas anteriores a la existencia del Estado marroquí contemporáneo, son pruebas de que la historia no se cierra con un tratado o con una derrota puntual. Quien niega esa continuidad suele hacerlo por ideología, no por rigor.
Radio Caballas nació para decir esto sin disculparse. En ella suenan unas sesenta canciones originales mías dedicadas a Ceuta. Temas como “Adelante caballas”, “Gloria a Ceuta”, “Glory to Ceuta”, “La Gran Invasión”, “El efecto llamada”, “Ceuta no se vende”, “Control de pasaportes”, “La Marcha Verde”, “El perro de Sánchez” o “Españolizar Ceuta”. Cada cinco canciones entra una cuña de promoción de la ciudad. Cada diez suena el himno de la emisora. No es un flujo aleatorio. Es una programación pensada para que el oyente no olvide dónde está y qué está en juego.
Este libro no es una simple recopilación de letras. Es la explicación de por qué esas canciones existen. Es el contexto. Es la denuncia de lo que ocurre en la frontera cuando se relaja el control, cuando se habla de “efecto llamada”, cuando se destinan millones a tutelas que no siempre llegan a quien las necesita y cuando se presenta como “solidaridad” lo que en la práctica es una presión constante sobre una ciudad pequeña. Ceuta no eligió ser la primera línea. Le tocó. Y cuando le toca a una ciudad de ochenta mil habitantes absorber lo que no puede absorber, el resto de España tiene la obligación de mirar.
He visto cómo se desplaza personal, camas de hospital, agentes y recursos hacia una urgencia que no se resolvió en origen. He visto cómo se habla de “menas” como si fueran un fenómeno meteorológico inevitable y no el resultado de políticas concretas. He visto cómo se acusa de xenófobo a quien pide pasaporte, control y legalidad. Radio Caballas no pide odio. Pide coherencia. Pide que las leyes se apliquen. Pide que Ceuta siga siendo española no solo en el papel, sino en la vida diaria de sus habitantes.
La radio tiene una ventaja sobre el libro: llega inmediata. El libro tiene otra: permanece. Las ondas se apagan. Las páginas no. Quien lea este prólogo y luego el resto del volumen entenderá que no se trata de un capricho de un ingeniero que un día decidió ponerse a componer. Se trata de un hombre que, después de décadas de trabajo técnico, de conflictos judiciales, de denuncia de corrupciones y de observación de la decadencia de ciertos relatos, decidió usar todos los medios a su alcance. Primero los libros de ensayo. Luego las canciones. Luego las emisoras. Ahora este libro que une las dos cosas.
Algunos dirán que el tono es excesivo. Que hablar de “invasión” es alarmista. Que “moros” es un término antiguo y ofensivo. Yo respondo que las palabras deben describir la realidad, no ocultarla. Cuando miles de personas saltan una valla o cruzan a nado o llegan en pateras de forma irregular, no estamos ante un fenómeno migratorio convencional. Estamos ante una presión fronteriza que aprovecha la debilidad o la complicidad de quien debería defender el territorio. Llamar a las cosas por su nombre no es incitación. Es claridad. La incitación está en quienes prometen lo que no pueden cumplir y luego abandonan a la ciudad que sufre las consecuencias.
Radio Caballas no pretende ser una radio convencional de Ceuta. No compite con la SER, la COPE, Onda Cero o RTVCE. Es una radio personal, de autor, que emite contenido propio. Eso la hace vulnerable a las críticas de “egocentrismo”. Acepto la crítica. Prefiero pecar de excesiva presencia propia que de silencio cómplice. En un tiempo en que muchos medios se han convertido en altavoces de un único relato, alguien tiene que ofrecer otra frecuencia.
El proyecto no se queda en la radio. Habrá un canal de televisión las veinticuatro horas con noticias, mapas, documentos históricos, canciones con imagen y análisis. El eje será el mismo: el Imperio español no ha terminado, Ceuta es España y la verdad no necesita permiso. Distinguiremos hechos documentados, interpretación histórica y opinión. Quien quiera confundirlo todo en una consigna, que lo haga. Nosotros no lo haremos.
Este libro también es un homenaje a quienes viven en Ceuta y no se van. A los que abren el negocio cada mañana sabiendo que la frontera está a uns kilómetros. A los militares, a los agentes, a los sanitarios, a los profesores, a las madres que ven cómo cambian las aulas y las calles. A los que siguen llamándose caballas con orgullo. No son víctimas eternas. Son ciudadanos españoles que merecen el mismo respeto que cualquier otro.
He escrito más de veinte libros. Algunos sobre corrupción, otros sobre soberanía, otros autobiográficos, otros de sátira política. Este ocupa un lugar especial porque une lo sonoro con lo escrito. Quien lo lea podrá después sintonizar la emisora y reconocer las canciones. Quien escuche la emisora podrá abrir el libro y entender el porqué de cada verso.
No pretendo que todo el mundo esté de acuerdo. Pretendo que nadie pueda decir que no se le avisó. Ceuta no es un problema lejano. Es el termómetro de hasta qué punto España está dispuesta a defender lo que es suyo. Si se cede en Ceuta, se cede en la idea misma de frontera, de legalidad y de nación.
A los lectores que no son de Ceuta les digo: esto también os concierne. La identidad no se fragmenta. O somos capaces de sentir como propia la suerte de una ciudad española en África o no somos nada. A los caballas les digo: no estáis solos. Hay quienes, desde la Península, os escuchamos y os respaldamos.
Este prólogo se acaba, pero el libro no. Adelante. Pasad página. Escuchad la radio. Y recordad la frase que resume todo: Ceuta no se vende; Ceuta se defiende.
Luis Toribio Troyano
Sant Pere de Ribes, septiembre de 2026
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