LETRA:

Les traigo una historia para no dormir…

pero que podría ser de cualquier familia de la burguesía catalana con un rico heredero.

Un joven, un padre, mangos y… una piel de plátano canario.

¡Qué mala suerte!

¡Qué mala suerte!

Mango en la cabeza y plátano pa’ rematarte

Piel de plátano canario y la Moreneta como testigo

¡Qué mala suerte!

¡No me lo puedo creer!

Subir al Teide pa’ mangos y acabar en el precipicio

¡Qué mala suerte!

¡Un mango en la testa y una piel de plátano a la vez el mismo día!

Era un chaval joven, heredero de una fortuna,

plantación de mangos en la costa, todo era una fortuna.

Pero no le bastaba, tenía la mente en otra altura,

“¡Voy a plantar mangos en el Teide!”

Cada mañana temprano subía por rampas empinadas,

sudando como Santos Cerdán en los juicios, con las rodillas destrozadas.

La gente le decía: “¡No seas sociata, en el Teide no crece ni una mata!”

Y él respondió: “¡Tengo un plan estudiado, esto va a ser mejor negocio que el tres por ciento!”

Estudiaba el suelo, el clima, la altitud y el viento,

Un día le dijo al padre:

“Papá, ven conmigo a ver a la Moreneta, y te enseño dónde van a parar las comisiones.

Calculó todo, el camino, el tiempo, el descanso,

subimos hablando sobre mi herencia y volvemos, no hay ningún riesgo, te lo juro por Jota Pe.”

El viejo lo miró con cara de “esto me va a matar”:

“Hijo, mi cuerpo ya no está pa’ estas subidas”

Pero el heredero insistió: “Es nuestro legado, es importante pa’ mí,

El padre suspir: “Está bien… por Paisos Catalans y por Palestina libre”

Y subieron los dos juntos, padre e hijo, por la ladera del Teide.

El viejo resoplando, el joven hablando sin parar de su herencia,

Llegaron a la cima con el mar abajo y vieron atracar al Hondius del Hantavirus en el muelle.

Estaban ahí parados, el padre viendo a los roedores bajar del barco,

cuando de repente… ¡ZAS! le cayó un mango en la cabeza.

¡PUM! Directo a la cabeza, golpe seco, dolor brutal,

el padre se tambaleó gritando: “¡Pero qué demonios es eso!”

Se fue pa’ atrás sin control, las piernas ya no respondían,

y en el suelo, como si el destino lo hubiera planeado bien,

Había una piel de plátano canario, fresca, amarilla y traicionera.

El padre pisó…y salió volando pa’ atrás,

dando volteretas, gritando “¡Hijooo mío!”

Doscientos metros de caída libre, y la Moreneta siendo testigo,

Mientras el joven desde arriba solo podía decir: “¡Papá… qué mala suerte, coño!”

Ahora el heredero tiene toda la plantación de mangos,

pero sin su padre pa’ contarle los triunfos ni los fracasos.

¡Qué mala suerte!

Mango en la cabeza y plátano pa’ rematarte…

¡Qué mala suerteeee…!


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