El chanchullo de Renfe y Adif
(Rock sinfónico – estilo Pink Floyd. Versión extendida)

(Intro largo – sintetizadores húmedos, bajo pulsante como un tren lejano, lluvia sobre el andén de Atocha. Voces lejanas de megafonía distorsionada)

Hay un andén que nunca llega
y un reloj que no da la hora.
Dos empresas, un solo silencio
y el mismo nombre en la nómina.
El detective enciende un cigarro
bajo el toldo que gotea.
Espera a un hombre con maletín
que llega tarde, como siempre.

Verso 1
Partieron el tren por la mitad
como se parte un gobierno.
Uno mueve el metal que corre,
el otro firma el cemento que aguanta.
Y en medio quedó el hueco
donde nadie tiene la culpa
cuando el viaducto se abre
o el sueldo se multiplica
en la misma nómina de siempre.

(Guitarra limpia con eco, como vías que se separan)

Estribillo
Es el chanchullo de Renfe y Adif,
el cambio de cromos entre el PSOE y el PP.
Tú no hablas de lo mío,
yo no miro lo tuyo.
Mismas gatas, distintos collares,
mismo dueño detrás del cristal.

Verso 2
El kiosquero ya no vende periódicos
en el quiosco de Vallecas.
Ahora vende comunicados
y cobra lo que antes costaba
todo un taller de mantenimiento.
Crearon directores para no decidir,
subdirectores para no firmar,
asesores que no saben
distinguir un pantógrafo de un intercambiador.
Y un comité entero
que se turna el maletín
cada cuatro años,
con la misma sonrisa de medio lado.

Verso 3
En Serrano se reúnen a cenar
los que por la mañana se insultan en televisión.
Elena Vargas, la que cambió de ministerio
tres veces sin cambiar de despacho,
abre la carpeta y dice en voz baja:
“Uno no toca mis contratos de catenarias,
yo no saco a la luz tus adjudicaciones a dedo”.
El primo del ministro del PP
y el cuñado del secretario del PSOE
aparecen en el mismo consejo de administración.
El contrato se renueva dos veces:
una con cada gobierno.
Nadie pregunta. Nadie firma el parte.

Estribillo
Es el chanchullo de Renfe y Adif,
el cambio de cromos entre el PSOE y el PP.
Tú no hablas de lo mío,
yo no miro lo tuyo.
Mismas gatas, distintos collares,
mismo dueño detrás del cristal.

(Puente largo – órgano distante, guitarra con delay profundo, ambiente de estación vacía de madrugada. Una voz casi hablada)

El sobre pasa de mano en mano
bajo la mesa de la cafetería.
La lista de nombres:
exsecretarios de Estado ahora en ADIF,
exdiputados del PP como consultores de Renfe.
El maquinista que denunció el tramo
acabó en un puesto de oficina
en otra comunidad.
El técnico que propuso unir de nuevo
lo jubilaron anticipadamente.
Ahora da conferencias
pagadas por las mismas empresas
que antes le auditaban.
El periodista mira los papeles
y dice que no se publica:
“O pierdes la publicidad institucional,
o aparece un informe que dice que todo está en orden,
o no se publica y seguimos vivos”.

Verso 4
Soler, el de ADIF,
tiene ojeras y el maletín más vacío.
Le ofrecen un puesto mejor
en una empresa privada
que trabaja para las dos.
Si acepta, se calla.
Si no acepta, le investigan
por algo que firmó
cuando el otro partido mandaba.
El cambio de cromos
funciona en las dos direcciones.
En el aparcamiento subterráneo
no se dan la mano.
Arriba, un tren de cercanías
pasa con las ventanillas empañadas.

Verso 5
Años después el hijo del kiosquero
ya tiene su propio despacho
y su propio reloj caro.
El logo cambió de color
pero el organigrama es el mismo.
El detective dejó los papeles en una caja
debajo de la cama.
De vez en cuando sale un escándalo nuevo:
un contrato, un sueldo, un retraso.
Siempre los mismos nombres,
o sus hijos, o sus asesores.
Renfe y ADIF siguen siendo dos.
El PSOE y el PP siguen siendo dos.
Se insultan en los debates
y se turnan en los consejos.

Estribillo final (más lento, casi resignado)
Es el chanchullo de Renfe y Adif,
el cambio de cromos entre el PSOE y el PP.
Tú no hablas de lo mío,
yo no miro lo tuyo.
Mismas gatas, distintos collares…

(Outro extendido – la música se disuelve lentamente. Sonido de lluvia sobre vías, un tren que se aleja, megafonía lejana e incomprensible. Un último acorde suspendido que no resuelve durante largo rato)

Mismo dueño.
Siempre el mismo dueño.
El ciclo continúa.
El andén sigue vacío.
Y la lluvia no para.


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