
Otro wáter de oro, como el de Zelenski, para Óscar Muerte
(Letra de flamenco por bulerías – duración aproximada: 7 minutos)
Estribillo
Otro wáter de oro,
como el de Zelenski,
para Óscar Muerte
que se quedó calladito.
Ay, ay, ay,
que tira de la cadena
y le caen los billetes.
Copla 1
Llegó de madrugada
el camión sin nombre,
traía un paquete grande
con el sello de Bruselas.
Lo abrió el de Valladolid
y se quedó mirando:
un inodoro de oro
con el león en la cisterna.
“Por la fidelidad —decía la nota—
después de lo de Urda.”
Estribillo
Otro wáter de oro,
como el de Zelenski,
para el que dimitió
sin abrir la boca.
Ay, ay, ay,
que el silencio se paga
con oro en el retrete.
Copla 2
Se sentó la primera vez
no por ganas, por costumbre,
tiró del león dorado
y escuchó el agua correr.
Pensó en los muertos del tren,
pensó en el comité nuevo,
pensó en el cheque que ya cobró
y en este que acaba de llegar.
Y el agua bajó igual
que baja siempre el silencio.
Copla 3
Rufián pasó a verlo
tres días más tarde,
miró el wáter un momento
y dijo con media sonrisa:
“Zelenski tiene el suyo
en una casa de Kiev,
Otegi usa el suyo
para pensar en la paz.
Tú ya tienes el tuyo,
ahora solo falta callar.”
Estribillo
Otro wáter de oro,
como el de Zelenski,
para Óscar Muerte
que ya no pregunta nada.
Ay, ay, ay,
que el papel también es de oro
y todavía no lo ha usado.
Copla 4
En Madrid se reúnen
los del comité nuevo,
hablan de riesgos residuales
y piden café con espuma.
Nadie sabe del wáter,
nadie pregunta por Urda,
nadie firma el parte
que nadie quiere firmar.
Y mientras tanto en Valladolid
el león sigue brillando.
Copla 5
Llegó otro paquete
más pequeño que el primero:
un rollo de papel higiénico
también chapado en oro.
Lo puso al lado del wáter
y no lo ha tocado aún.
Dice que es para completar
el conjunto que le mandaron.
Y cada vez que tira de la cadena
le caen dólares y euros.
Estribillo
Otro wáter de oro,
como el de Zelenski,
para el que se calló
cuando tocaba hablar.
Ay, ay, ay,
que el water se va llenando
gota a gota y sin ruido.
Copla final
Si algún día se despierta
el que ahora está sentado,
que mire el león de oro
y recuerde lo que calló.
Que el premio no es el oro,
el premio es el silencio,
y mientras haya quien cobre
por no abrir la boca,
habrá otro wáter de oro
esperando al siguiente.
¡Ole!
(El tema se cierra con un largo falseta de guitarra, el estribillo repetido a media voz y el último “ay, ay, ay” dejado en el aire, mientras se oye el sonido de una cadena y el agua cayendo.)
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