La Unión Europea de los idiotas
(Género: Mariachi / Ranchera satírica – duración aproximada 7 minutos)

Estrofa 1 – La invitación que no se puede rechazar
En Bruselas el despacho brillaba con banderas,
Ursula cerró el portátil con gesto de quien espera.
Macron por la pantalla le habló entre risas y vino,
“Invitemos a Pedro, que no nota el camino”.
Starmer llegó mojado, con el paraguas en la mano,
preguntó si era en serio o si era otro engaño.
“Él cree que es trabajo, nosotros sabemos la verdad,
Merz le hará las cuentas, Meloni la intimidad.
Nosotros tres anfitriones de sonrisa perfecta,
el postre es lo importante, que hable media hora completa.”

Estribillo
¡Ay, la Unión de los que ríen, ay, la Unión de los que callan!
Pedro habla y habla, y nadie le para.
¡Brindan con copa llena y con la libreta en blanco,
en Bruselas se divierten mientras él sigue hablando!

Estrofa 2 – El viaje en AVE (o casi)
Llegó Pedro a Bruselas con maleta y con ilusión,
leyó tres veces el correo de “cohesión y reunión”.
El taxista le preguntó de dónde venía tan temprano,
“De Madrid a la Europa del futuro soberano”.
Ursula le esperaba con el pin en la solapa,
“Pasa, Pedro, que los demás ya están en la sala”.
Él apretó la mano y empezó a enumerar temas:
fondos, industria, transición… y ella le cortó con calma:
“Primero come, Pedro, que traes cara de ayuno,
después hablamos de todo… o de lo que tú digas, uno a uno”.

Estribillo
¡Ay, la Unión de los que ríen, ay, la Unión de los que callan!
Pedro habla y habla, y nadie le para.
¡Brindan con copa llena y con la libreta en blanco,
en Bruselas se divierten mientras él sigue hablando!

Estrofa 3 – La mesa redonda
La mesa era ovalada, de madera muy clara,
Ursula, Macron, Starmer, Meloni y Merz de cara.
Pedro se sentó en medio, entre Meloni y el alemán,
Macron alzó la copa: “Por Europa, caballeros”.
Empezó a hablar de Next Generation y de reorientar,
Merz levantó la vista con voz de inspector fiscal:
“¿Cuántos millones llegaron y cuántos se han justificado?”
Pedro parpadeó, miró a Ursula y se quedó callado.
Meloni se inclinó con libreta vacía en la mano,
“Cuéntame lo de la vivienda, Pedro, que aquí también hay lío”,
y él explicó el decreto, la especulación y el derecho,
sin ver que nadie apuntaba ni una sola línea de hecho.

Estribillo
¡Ay, la Unión de los que ríen, ay, la Unión de los que callan!
Pedro habla y habla, y nadie le para.
¡Brindan con copa llena y con la libreta en blanco,
en Bruselas se divierten mientras él sigue hablando!

Estrofa 4 – El postre y las anécdotas
Llegó la tarta de manzana con una vela apagada,
“Es simbólica”, dijo Ursula, “el futuro que no se enciende”.
Pedro la miró admirado: “Qué bonito el simbolismo,
a veces no se valora lo que tiene de realismo”.
Macron le pidió la anécdota del presidente americano,
cuarenta minutos de OTAN, de Zapatero y del Mediterráneo.
Starmer se tapó la boca, Meloni tosió bajito,
Merz miró el reloj mientras el relato se alargaba infinito.
Cuando acabó hubo silencio de tres segundos justos,
Ursula sonrió y dijo: “Fascinante, nunca lo había oído”.
Pedro se sintió importante, con la sonrisa satisfecha,
“Es que a veces hay que insistir”, y nadie le contradijo.

Estribillo
¡Ay, la Unión de los que ríen, ay, la Unión de los que callan!
Pedro habla y habla, y nadie le para.
¡Brindan con copa llena y con la libreta en blanco,
en Bruselas se divierten mientras él sigue hablando!

Estrofa 5 – La llamada de Hacienda
Sonó el teléfono de Merz, contestó en alemán bajito,
colgó y se volvió a Pedro con tono de expediente escrito:
“Hay duda sobre subvenciones que llegaron la semana pasada,
explícanos con tus palabras qué es un proyecto transformador”.
Pedro se irguió en la silla con voz de quien sabe de sobra:
“Es el que cambia el territorio, genera empleo y respeta,
tiene narrativa clara y sensibilidad en los datos”.
Merz asintió despacio: “¿Y cómo se mide eso?”
“Con indicadores… y con sensibilidad”, respondió Pedro.
Macron miró a Starmer, Starmer miró a Ursula,
ella cortó otro trozo de tarta sin decir palabra.

Estribillo
¡Ay, la Unión de los que ríen, ay, la Unión de los que callan!
Pedro habla y habla, y nadie le para.
¡Brindan con copa llena y con la libreta en blanco,
en Bruselas se divierten mientras él sigue hablando!

Estrofa 6 – El momento de la verdad (o casi)
Pedro se levantó al baño y la mesa se quedó en silencio,
Starmer preguntó bajito: “¿Se ha dado cuenta?”
Macron negó con la cabeza: “Todavía no, está en su elemento”.
Meloni suspiró: “Es casi entrañable”.
Ursula miró la puerta sin decir ni una palabra.
Cuando Pedro regresó traía una idea nueva y brillante:
“Un fondo de solidaridad digital que una el sur con el norte,
con inteligencia artificial y visión de futuro”.
Merz dejó el tenedor y preguntó sin prisa:
“¿Tienes los números de ese fondo, Pedro?”
Él sonrió con confianza: “Todavía no… pero tengo la visión”.

Estribillo
¡Ay, la Unión de los que ríen, ay, la Unión de los que callan!
Pedro habla y habla, y nadie le para.
¡Brindan con copa llena y con la libreta en blanco,
en Bruselas se divierten mientras él sigue hablando!

Estrofa 7 – El brindis final
Ursula alzó de nuevo la copa con voz clara y medida:
“Por Pedro, por su capacidad de hablar veinte minutos seguidos,
por su optimismo y por recordarnos que a veces hace falta
alguien que crea de verdad… aunque no sepa cómo se paga”.
Todos brindaron en silencio, Pedro se emocionó un poco,
“Gracias, no esperaba este reconocimiento”.
Macron sonrió con la sonrisa de las fotos oficiales:
“Es lo mínimo, Pedro… es lo mínimo”.

Estribillo
¡Ay, la Unión de los que ríen, ay, la Unión de los que callan!
Pedro habla y habla, y nadie le para.
¡Brindan con copa llena y con la libreta en blanco,
en Bruselas se divierten mientras él sigue hablando!

Estrofa final – Epílogo
Tres semanas más tarde Pedro contó en la entrevista
que había habido reunión de alto nivel y gran receptividad.
En Bruselas Ursula guardó el recorte en un cajón,
Macron mandó mensaje: “Salió mejor de lo esperado”.
Starmer respondió con un pez, Meloni no contestó,
Merz archivó el expediente y el silencio se quedó.
Pedro preparaba otra propuesta, un tren Madrid-Bruselas
en menos de seis horas, con visión y sin los números.
Y pensó que en eso consistía Europa:
en hablar, en creer… y en que nadie le interrumpa.

Estribillo final (más lento y con trompetas)
¡Ay, la Unión de los que ríen, ay, la Unión de los que callan!
Pedro habla y habla, y nadie le para.
¡Brindan con copa llena y con la libreta en blanco,
en Bruselas se divierten… mientras él sigue hablando!


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