
La carpeta roja del buen progresista
(Mariachi · ~7 minutos)
Estribillo
¡Ay, la carpeta roja,
la carpeta del buen progresista!
Cuando suena el teléfono
ya no hay vuelta atrás, mi vida.
Firma y calla, compañero,
que el amo ya lo ha escrito.
¡Ay, qué bonita es la lealtad
cuando te la ponen por escrito!
(Se repite con trompetas y gritos de “¡Ay, ay, ay!”)
Estrofa 1
Estaba yo en el Congreso,
hablando de trenes y de honor,
cuando vibró el celularito
con el nombre del señor.
“P punto amo” me decía,
“abre la carpeta ya”.
Y yo, que soy buen soldado,
la abrí sin preguntar.
Estribillo
¡Ay, la carpeta roja,
la carpeta del buen progresista!
Cuando suena el teléfono
ya no hay vuelta atrás, mi vida.
Firma y calla, compañero,
que el amo ya lo ha escrito.
¡Ay, qué bonita es la lealtad
cuando te la ponen por escrito!
(Se repite con trompetas y gritos de “¡Ay, ay, ay!”)
Estrofa 2
Tres folios había dentro,
escritos con su propia mano.
Uno decía “dimite ahora”,
el otro “calla, hermano”.
El tercero era más corto:
“elige al que menos hable”.
Y yo firmé los tres
como quien firma un parte.
Estribillo
¡Ay, la carpeta roja,
la carpeta del buen progresista!
Cuando suena el teléfono
ya no hay vuelta atrás, mi vida.
Firma y calla, compañero,
que el amo ya lo ha escrito.
¡Ay, qué bonita es la lealtad
cuando te la ponen por escrito!
(Se repite con trompetas y gritos de “¡Ay, ay, ay!”)
Estrofa 3
La carpeta siempre viaja
con el ministro que comparece.
No lleva informes técnicos,
lleva lo que el amo merece.
A veces son notas de prensa,
a veces renuncias en blanco.
Esa tarde tocó la mía
y yo no puse reparo.
Estribillo
¡Ay, la carpeta roja,
la carpeta del buen progresista!
Cuando suena el teléfono
ya no hay vuelta atrás, mi vida.
Firma y calla, compañero,
que el amo ya lo ha escrito.
¡Ay, qué bonita es la lealtad
cuando te la ponen por escrito!
(Se repite con trompetas y gritos de “¡Ay, ay, ay!”)
Estrofa 4
En el coche de regreso
leí otra vez las tres hojas.
Había una frase escrita
que me dejó sin palabras:
“Has sido un buen soldado,
ahora demuéstralo callando”.
Y yo, con la pluma en la mano,
terminé de firmar llorando.
Estribillo
¡Ay, la carpeta roja,
la carpeta del buen progresista!
Cuando suena el teléfono
ya no hay vuelta atrás, mi vida.
Firma y calla, compañero,
que el amo ya lo ha escrito.
¡Ay, qué bonita es la lealtad
cuando te la ponen por escrito!
(Se repite con trompetas y gritos de “¡Ay, ay, ay!”)
Estrofa 5
Al día siguiente en los medios
decían “gesto de responsabilidad”.
Nadie habló del WhatsApp,
nadie habló de la carpeta.
Yo leí el texto preparado,
palabra por palabra.
“Coherencia con el presidente”,
dije, y nadie preguntaba.
Estribillo
¡Ay, la carpeta roja,
la carpeta del buen progresista!
Cuando suena el teléfono
ya no hay vuelta atrás, mi vida.
Firma y calla, compañero,
que el amo ya lo ha escrito.
¡Ay, qué bonita es la lealtad
cuando te la ponen por escrito!
(Se repite con trompetas y gritos de “¡Ay, ay, ay!”)
Estrofa 6
Me felicitaron en el partido:
“Así se hace, compañero”.
El buen progresista firma
cuando suena el mensajero.
No se discute la orden,
no se mira el contenido.
Se abre la carpeta roja
y se entrega el destino.
Estribillo
Estrofa 7
Días después me llegó otra,
nueva, sin estrenar.
Una nota iba dentro:
“Por si acaso, para usar”.
La dejé sobre la mesa,
a la vista, sin esconder.
Porque el que ya ha dimitido
sabe que puede volver.
Estribillo
¡Ay, la carpeta roja,
la carpeta del buen progresista!
Cuando suena el teléfono
ya no hay vuelta atrás, mi vida.
Firma y calla, compañero,
que el amo ya lo ha escrito.
¡Ay, qué bonita es la lealtad
cuando te la ponen por escrito!
(Se repite con trompetas y gritos de “¡Ay, ay, ay!”)
Estrofa 8
Ahora ya no soy ministro,
ya no hablo de ferrocarriles.
Cuando me llaman los periodistas
les digo “ahora no, señores”.
La carpeta está en el armario,
cerrada, con mi firma dentro.
El silencio también se firma
cuando el amo lo ha dispuesto.
Estribillo final (más largo)
¡Ay, la carpeta roja,
la carpeta del buen progresista!
Cuando suena el teléfono
ya no hay orgullo ni hay lista.
Firma y calla, que el partido
te lo agradece en silencio.
¡Ay, qué cara sale la lealtad
cuando te la cobran con el tiempo!
¡Ay, ay, ay!
Que viva el que firma callado,
que viva el que no pregunta,
que viva la carpeta roja
y el amo que la pregunta.
¡Ay, ay, ay!
(Cierre con trompetas fuertes, gritos de “¡Viva!” y un silencio seco de guitarra.)
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