El Ministerio de Transportes contempla una abducción alienígena como causa más probable de la desaparición del Alvia durante más de una hora y media
Capítulo 1: El silencio de las vías
A las 7:45 de la noche del 12 de marzo, el Alvia 0457 desapareció del sistema de control ferroviario a la altura de Adamuz. No hubo explosión, ni descarrilamiento, ni señal de socorro. Simplemente dejó de existir en los monitores del Centro de Seguimiento de Tráfico, como si alguien hubiera pulsado el botón de borrar en un videojuego.
En el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, el subdirector general de Operaciones Ferroviarias, Don Rodrigo Sánchez-Infantes de la Vega, revisó por cuarta vez el mismo dato imposible: ciento ochenta y siete pasajeros, seis miembros de la tripulación y cuatrocientos treinta toneladas de acero y tecnología alemana habían dejado de enviar señal. Durante noventa minutos exactos.
A las 9:15, la señal reapareció. El Alvia continuaba su camino hacia Córdoba como si nada hubiera ocurrido. Los pasajeros, consultados después, coincidieron en un curioso lapsus colectivo: habían sentido «un ligero mareo» y descubrieron que todos los relojes -de pulsera, móviles, incluso el digital del vagón bar- marcaban la misma hora incorrecta, exactamente hora y media menos de lo que deberían.
El informe preliminar de Renfe mencionaba «una posible interferencia electromagnética no identificada». El Ministerio, presionado por la prensa y la oposición, preparaba una comparecencia incómoda. Hasta que llegó la llamada.
Capítulo 2: La revelación de Raticulín
Yolanda Díaz, Vicepresidenta Segunda y Ministra de Trabajo, no solía atender llamadas de números desconocidos durante las reuniones del Consejo de Ministros. Pero algo en la insistencia del terminal, que vibraba con peculiar intensidad, la hizo excusarse y salir al pasillo.
«Vicepresidenta, soy Carlos Jesús. De Raticulín.» La voz tenía una cualidad extraña, como si hablara desde el interior de un tarro de mermelada.
«¿Disculpe?»
«Carlos Jesús. Vivimos cerca, en la urbanización Los Pinos. Usted viene a veces a ver a su tía Rosario.»
Yolanda recordó entonces al hombre: un tipo peculiar que organizaba mercadillos de cactus los domingos y que, según los rumores del pueblo, tenía «contactos con otras dimensiones».
«Lo que tiene que saber es sobre el Alvia,» continuó Carlos Jesús sin preámbulos. «Fue un secuestro exprés. Nave extraterrestre. Clase OVNI-7, modelo gris administrativo. Estaban sobrevolando el planeta ante el gran avance de la Humanidad.»
Yolanda se apoyó en la pared. «¿Avance?»
«La cultura woke, Vicepresidenta. La inclusividad. El feminismo. Los menas de 25 años. El progreso ha sido tan acelerado que los Grises de Zeta Reticuli II han entrado en pánico existencial. Quieren saber qué poderes ocultos tienen las personas de género binario. Y sobre todo, las drag queens.»
Hubo un silencio que se extendió por el pasillo alfombrado del Ministerio.
«Por eso aprovecharon el accidente ferroviario para abducir el tren. Pensaron que los españoles tragarían con los relatos de la Televisión Espantosa de sus presentadores favoritos. Javier Ruiz y Jesús Cintora podrían convencerles de cualquier cosa.»
La línea se cortó. Yolanda permaneció inmóvil durante sesenta segundos exactos, tiempo que después consideraría profético. Luego regresó a la sala de reuniones y, con una calma que ella misma no comprendía, anunció: «Tenemos que convocar al Ministerio de Transportes. Y quizás a algún ufólogo.»
Capítulo 3: La teoría gana adeptos
Al día siguiente, en la sala de crisis del Ministerio de Transportes, se respiró un aire de alivio incómodo cuando Yolanda expuso la teoría de Carlos Jesús. No era alivio por la explicación, sino por tener alguna explicación.
«Analicemos los hechos,» dijo el Ministro, un hombre pragmático que hasta entonces solo había tenido que lidiar con retrasos en el AVE y obras mal presupuestadas. «Desaparición total durante noventa minutos. Reaparición sin daños. Pasajeros desorientados pero ilesos. Relojes alterados.»
«Los Grises son conocidos por su puntualidad,» murmuró el asesor técnico, que resultó ser miembro de una asociación de aficionados a la ufología. «Su concepto del tiempo es… burocrático.»
«¿Y lo de las drag queens?» preguntó la subsecretaria.
«Documentado,» afirmó el asesor, abriendo una carpeta llena de recortes de prensa. «Avistamientos en Brighton, San Francisco y Madrid Chueca. Los extraterrestres parecen fascinados por la combinación de género performativo y maquillaje a prueba de lágrimas. Creen que puede ser un arma.»
La reunión se prolongó durante horas. Se consultaron informes de la DGT, datos de radar militar (con las pertinentes negativas a colaborar), e incluso el testimonio de un pastor de Adamuz que juró haber visto «luces bailando como en una discoteca, pero más ordenadas, como con permiso de obra».
Al caer la noche, se llegó a una conclusión extraordinaria: la abducción alienígena era, efectivamente, la hipótesis más probable. O al menos, la más fácil de comunicar.
«La TeleEsperpento ya está preparando el especial,» anunció un joven becario. «Javier Ruiz tiene un gráfico con círculos en los cultivos y todo.»
Capítulo 4: Los medios abducen la narrativa
Javier Ruiz apareció en pantalla con una corbata que parecía hecha del mismo material que las nubes de tormenta. Detrás de él, una animación mostraba un tren siendo succionado por un haz de luz, mientras gráficos con flechas rojas señalaban «zonas de duda razonable».
«¿Vivimos en un planeta tan avanzado en igualdad que despierta el interés de civilizaciones interestelares?» preguntó retóricamente. «Fuentes bien informadas dentro del Ministerio -que no podemos nombrar, pero cuyos nombres riman con Molanda Día- sugieren que sí.»
En el estudio contiguo, Jesús Cintora entrevistaba a un supuesto experto en abducciones express.
«Lo llaman ‘snatch-and-grab’ interestelar,» explicaba el experto, un hombre con barba de chivo y gafas de montura metálica. «Entran, examinan lo que les interesa, y sueltan. Como cuando vas al supermercado a por leche pero acabas comprando también galletas.»
«¿Y qué buscaban exactamente?»
«Según mis fuentes en Raticulín -excelente urbanización, por cierto, con piscina comunitaria- querían entender los poderes de las drag queens. ¿Cómo transforman su género con tanta elegancia? ¿Qué secretos esconde el glitter? Los Grises tienen una sociedad extremadamente binaria y gris, literalmente. Nuestro espectro de género les parece… deslumbrante.»
En los bares de España, las conversaciones giraron abruptamente de la economía a la exobiología.
«Oye, si los extraterrestres vienen por lo woke, igual tenemos que frenar un poco,» sugirió un hombre en un bar de Toledo mientras mojaba su banderilla.
«¿Frenar el progreso? ¡Que vengan a por mí!» respondió su amiga, ajustándose la chaqueta de cuadros. «Tengo más colores que su nave madre.»
Mientras tanto, en Raticulín, Carlos Jesús empezó a recibir ofertas para programas de televisión. Rechazó todas menos una, de un canal minoritario que le prometió poder llevar su cactus favorito al plató.
Capítulo 5: La investigación oficial
El Ministerio de Transportes estableció una Comisión de Investigación de Eventos Ferroviarios No Convencionales (CIEFNC). Su primer acto fue visitar el lugar de los hechos.
En un campo junto a las vías, encontraron lo que parecía ser una marca de aterrizaje, aunque también podía ser el resultado de una fiesta de quintos mal limpiada. El forense de la comisión, especializado en «anomalías circulatorias», tomó muestras de tierra.
«Los niveles de hierro son consistentes con exposición a campos magnéticos intensos,» anunció. «O con que alguien haya enterrado una olla a presión aquí en los setenta.»
Los pasajeros del Alvia fueron entrevistados sistemáticamente. La mayoría recordaba poco: una luz azulada, una sensación de ingravidez, el deseo repentino de comer algo con gluten aunque fueran celíacos.
Una pasajera, sin embargo, aportó un detalle crucial. «Recuerdo que, en algún momento, vi unas figuras delgadas, grises, con ojos grandes. Me preguntaron -bueno, no hablaban, pero sentía sus preguntas en mi mente- sobre mi pronombre preferido. Yo dije ‘ella’, y parecieron tomar nota en unas tablillas luminosas.»
«¿Y luego?»
«Luego me preguntaron si conocía a La Prohibida. Les dije que no personalmente, pero que la había visto en YouTube. Se pusieron muy excitados. Sus cabezas se iluminaron por dentro, como lámparas de lava.»
El informe de la CIEFNC, de 450 páginas, concluyó con la ahora famosa frase: «Considerando todas las evidencias disponibles, incluyendo los testimonios de los afectados, los datos técnicos y la existencia confirmada de urbanizaciones como Raticulín, esta Comisión determina que la hipótesis de una abducción alienígena temporal con fines de investigación sociológica de género constituye la explicación más coherente para los eventos ocurridos entre las 19:45 y las 21:15 del 12 de marzo.»
Hubo un voto particular del miembro del PP, que sugería que quizás era todo culpa del gobierno anterior, pero fue archivado.
Capítulo 6: Las consecuencias internacionales
La noticia cruzó fronteras. El New York Times tituló: «España atribuye desaparición de tren a aliens interesados en teoría queer». Le Monde: «Les extraterrestres sont-ils woke?».
La Unión Europea convocó una reunión de emergencia. En Bruselas, los comisarios debatieron si incluir la defensa contra abducciones interestelares en los fondos de cohesión.
«Si esto es cierto, necesitamos protocolos,» argumentó la comisaria sueca. «¿Ofrecemos asilo político a extraterrestres oprimidos? ¿Cómo afecta a nuestra política de vecindad si nuestros vecinos son de Alpha Centauri?»
Alemania propuso crear una normativa DIN para naves abductoras. Francia sugirió que quizás los aliens simplemente apreciaban la cultura española y querían llevarse un trocito, como los turistas que roban arena de las playas.
Mientras tanto, el Ministerio de Transportes español recibió una llamada inesperada de la NASA. «Llevamos años buscando señales de vida inteligente,» dijo una voz con acento de Texas. «Y resulta que estaban más interesados en RuPaul’s Drag Race que en nuestras sondas. Es un golpe al orgullo.»
En la base secreta del Ministerio del Interior (la que todo el mundo conoce pero nadie reconoce), analizaban la posibilidad de que todo fuera una cortina de humo. «¿Y si los extraterrestres no existen, y esto es una distracción?» preguntó un agente.
«¿Una distracción de qué?»
«Eso es lo preocupante. De algo tan terrible que necesitamos inventar aliens para taparlo.»
Todos miraron al suelo. Preferían los aliens.
Capítulo 7: La nueva normalidad
Un mes después, la vida había vuelto a una normalidad extrañamente modificada. Los presentadores de TeleEsperpento habían incorporado una sección fija sobre avistamientos en su programación. «Esta noche, en Cáceres, un OVNI sobrevoló una biblioteca feminista. ¿Buscaban libros o buscaban autoras?»
Los trenes Alvia incluían ahora en su equipamiento de seguridad folletos sobre qué hacer en caso de abducción («Mantenga la calma, explique su identidad de género con claridad, ofrézcales chicles si lleva»).
Yolanda Díaz visitó Raticulín para agradecer personalmente a Carlos Jesús. Lo encontró en su jardín, trasplantando un cactus.
«¿No tuvo miedo de que no le creyeran?» le preguntó.
Carlos Jesús sonrió, una sonrisa que parecía conocer secretos sobre el riego por goteo y los viajes interestelares. «En este país, Vicepresidenta, la gente cree en cosas mucho más raras que los extraterrestres. Creen que los presupuestos se aprueban, que los trenes llegan a tiempo, que la corrupción se erradica. Comparado con eso, unos grises burocráticos que vienen a estudiar nuestras políticas de género es casi… plausible.»
Yolanda reflexionó sobre esto mientras su chófer la llevaba de vuelta a Madrid. Pasaron junto a las vías donde había desaparecido el Alvia. Ahora había un cartel turístico: «Aquí ocurrió el Evento de Adamuz. Punto de interés ufológico-feminista.»
En el Ministerio, el informe final reposaba en una estantería, junto a otros documentos sobre irregularidades ferroviarias. Había pasado a formar parte del paisaje administrativo, como tantas otras cosas absurdas que, por el mero hecho de estar escritas en papel oficial con membrete, adquirían una pátina de verosimilitud.
Los pasajeros del Alvia seguían con sus vidas. Algunos habían notado cambios sutiles: preferían colores más vivos, se sentían más cómodos expresando sus emociones, o habían desarrollado una afición repentina por el brillo de labios.
Uno de ellos, un hombre de cincuenta años que antes solo usaba trajes grises, se había apuntado a clases de baile en tacones. «Si a los aliens les gusta, por algo será,» le dijo a su mujer, que lo miraba con una mezcla de preocupación y admiración.
Epílogo: La próxima estación
Seis meses después, en una galaxia no muy lejana pero sí bastante mal comunicada por transporte público, los Grises de Zeta Reticuli II celebraban su asamblea anual.
El delegado de Investigaciones Terrestres presentó sus hallazgos. «El planeta llamado Tierra, especialmente la región llamada España, ha desarrollado sistemas de identidad de género de una complejidad fascinante. Su concepto de ‘drag’ es particularmente interesante: una performatividad deliberada que desmonta constructos binarios mientras viste con plumas.»
Hubo murmullos de interés en la sala, que sonaban como el runrún de un fluorescente.
«Sin embargo,» continuó el delegado, «su burocracia es aún más avanzada. Han logrado crear sistemas administrativos tan complejos que pueden integrar explicaciones extraterrestres en sus protocolos oficiales sin inmutarse. Es, quizás, su verdadero logro evolutivo.»
Los Grises asintieron, sus grandes cabezas oscilando al unísono. Decidieron volver en cinco años terrestres, para ver cómo evolucionaba la situación. Anotaron en sus agendas: «Seguimiento informe género-terrestre. Posible visita a Eurovisión.»
Mientras tanto, en la Tierra, en España, en un Ministerio cualquiera, un funcionario medio dormido redactaba el borrador de una nueva normativa: «Protocolo para la integración de seres interestelares en el censo electoral, considerando especialmente sus posibles identidades de género no binarias interestelares.»
El teléfono sonó. Era Yolanda Díaz. «¿Han llamado de Raticulín?»
«No, señora Vicepresidenta. Pero hay una noticia curiosa: un camión de reparto ha desaparecido durante exactamente cuarenta y cinco minutos en la M-40. Reapareció con todos los repartidores convencidos de que deberían vestir con más color.»
Yolanda suspiró. «Que active la Comisión. Y llame a Carlos Jesús. Y a TeleEsperpento.»
«¿A los dos?»
«Sí. A estas alturas, son básicamente lo mismo.»
Y así, mientras el planeta giraba y los humanos seguían con sus vidas, entre problemas reales y absurdos inventados, entre verdades incómodas y mentiras reconfortantes, entre el deseo de progreso y el miedo a lo desconocido, una cosa quedó clara: a veces, la explicación más absurda es la única que todos están dispuestos a aceptar. Porque enfrentarse a la realidad sería, sencillamente, demasiado aterrador.
O como diría Carlos Jesús desde su jardín en Raticulín, mientras regaba sus cactus bajo las estrellas: «Al final, lo importante no es si fueron aliens o no. Lo importante es que todos miramos hacia arriba al mismo tiempo. Y eso, en un país donde nunca nos ponemos de acuerdo en nada, es casi un milagro.»
Un milagro, o una abducción. O ambas cosas. Al Ministerio de Transportes, la diferencia le parecía, cada día más, un mero tecnicismo administrativo.
Este relato ha sido creado por DeepSeek con el siguiente Prompt:
A ver, DeepSeek, escríbeme una novela del género de la distopía y el absurdo, con título “El Ministerio de Transportes contempla una abducción alienígena como causa más probable de la desaparición del Alvia durante más de una hora y media” de 7000 palabras y con 7 capítulos y un epílogo final, basada en lo siguiente:
A través de una revelación trascendental y espiritual de Yolanda Díaz, la Vicepresidenta del Gobierno se entera a través de un contacto, llamado Carlos Jesús, que vive en Raticulín, que la causa de la desaparición desde las 7:45 a las 9:15 de la noche del Alvia en Adamuz ha sido por un “secuestro exprés”, por una nave extraterrestre que estaba sobrevolando el planeta Tierra ante el gran avance de la Humanidad que había dado en los últimos años gracias a la cultura woke, la inclusividad, el feminismo y los menas de 25 años.
Querían enterarse qué poderes ocultos tenían las personas de género binario y sobre todo, las drag queens.
Por eso aprovecharon el accidente ferroviario para abducir durante hora y media el Alvia, pensando que los españoles tragarían con los relatos de la Televisión Espantosa de sus presentadores favoritos de Javier Ruiz y Jesús Cintora para convencerles.
Y el razonamiento de DeepSeek ha sido el siguiente:
Vale, el usuario quiere una novela distópica absurda basada en ese título tan extravagante y la premisa sobre Yolanda Díaz y la abducción alienígena. Necesito estructurarla en 7 capítulos más epílogo, alcanzando unas 7000 palabras.
Primero, debo asegurar que el tono combine lo burocrático con lo surrealista, mezclando elementos de la política española actual con ciencia ficción ridícula. El ministerio de transportes como protagonista es clave: hay que mostrar su incompetencia gloriosa y la aceptación absurda de lo extraterrestre como explicación oficial.
La trama debe seguir el caos inicial, la investigación falsa, la revelación alienígena y el desenlace donde todo se normaliza de manera grotesca. Los personajes secundarios como Carlos Jesús y los presentadores de TeleEsperpento deben ser caricaturas exageradas.
El epílogo debe cerrar con ironía, mostrando cómo la sociedad prefiere creer en mentiras convenientes antes que enfrentar realidades incómodas. La prosa debe imitar el lenguaje pomposo de los informes gubernamentales pero con giros absurdos.
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