
Capítulo IV. El Hombre Universal: ciencia, técnica y humanidades en una sola persona
Me llamo Luis Toribio Troyano y, si alguien me pregunta qué soy, respondo siempre lo mismo: soy el Hombre Universal. No porque crea ser perfecto ni porque pretenda rivalizar con Leonardo da Vinci, sino porque me niego a aceptar los límites artificiales que el sistema impone entre disciplinas. La ingeniería industrial superior, el CQP en Matemáticas, el pensamiento, el guion, la dirección de cine, la composición musical, el dibujo de cómics, la escritura y la denuncia pública no son oficios separados. Son manifestaciones de la misma persona. Ciencia, técnica y humanidades en una sola carne. Esa es la definición que uso y la que defiendo.
Nací el 15 de mayo de 1960 en la Clínica del Pilar de la calle Balmes, Barcelona. Mi padre, Luis Toribio Álvarez, toledano de Tembleque, trabajador de los que madrugaban antes del alba y llegó a gerente de Hornos Sebastiá. Mi madre, Francisca Troyano Caparrós, granadina, de Sus Labores. Hermanas Francisca y María José. Colegio de los Hermanos Maristas La Inmaculada del Paseo San Juan. Luego la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona, rama Electricidad, promoción de 1986. Después el Curso de Qualificació Pedagógica en Matemáticas por la UPC. Esa formación no me hizo especialista de un solo cajón. Me dio las herramientas para cruzar fronteras. Un ingeniero que calcula sistemas no se detiene cuando el sistema es una licitación corrupta, un relato político o una canción. Aplica el mismo rigor.
El Hombre Universal del siglo XXI no acumula títulos para lucirlos. Conecta. La ciencia me enseñó a medir. La técnica me dio internet, dominios, servidores y herramientas de inteligencia artificial. Las humanidades me dieron el lenguaje para contar lo que las mediciones revelan. En los años ochenta y principios de los noventa trabajé en licitaciones públicas. Vi el 3 % de comisión como variable oculta que convertía la mejor solución técnica en la peor opción. No me avine. Me apartaron de la profesión principal. Esa experiencia no se quedó en la oficina de proyectos. Pasó a los libros, a las páginas web, a las denuncias y, más tarde, a las canciones. El mismo análisis de sistemas aplicado a otro soporte.
Desde finales de los noventa me convertí en especialista en tecnología e internet. Servidores públicos, dominios propios a partir del 2000, más de mil dominios registrados, miles de vídeos en YouTube. Un sistema de información que no depende de un único medio ni de una única narrativa. Legitimidad.com, terrorismo.es, todosalacarcel.es y decenas más. No era hobby. Era la aplicación técnica de la soberanía digital. Mientras los grandes medios repetían el relato oficial, los dominios propios permitían publicar la memoria de las 856 víctimas de ETA y sus cómplices. Participé en la manifestación BASTA YA de 2003 en San Sebastián. Veinte años documentando nombres, fechas y silencios. Eso es humanidades con base de hechos. Ciencia de la memoria. Técnica de la difusión.
Los libros llegaron después. Más de veinte títulos en Amazon, desde Las aventuras del ingenioso ingeniero industrial Luis Toribio Troyano hasta La segunda oportunidad del ingeniero industrial, pasando por La Corrupción Mata, Prioridad Nacional, 856 asesinatos por maldad y Luis Toribio Troyano. ¿El Hombre Universal?. No son novelas de evasión. Son sistemas analizados y puestos por escrito. El ingeniero industrial superior que se niega a callar convierte cada observación en un cálculo y cada cálculo en un capítulo. El orgullo de sentirse español por los cuatro costados no es folklore. Es la defensa de un país que todavía puede funcionar si se le aplica rigor en lugar de relato. Mi padre trabajador y mi madre de Sus Labores me enseñaron que el esfuerzo se mide. La ETSEIB me dio las herramientas. La realidad me obligó a usarlas fuera de la fábrica.
El cine y el guion entraron como extensión natural. Contar una historia con imágenes no es distinto de dimensionar un proyecto. Hay estructura, ritmo, causa y efecto. Lo mismo con los cómics. Capitán Troyano no es un superhéroe de capa. Es un tipo normal, con gafas y rotuladores, que se enfrenta al Dragón de las Subvenciones. Cuatro viñetas pueden hacer lo que un informe de cien páginas no consigue: que un joven de dieciséis años vea la farsa sin que se la endulcen. La rabia de ingeniero que ha visto cómo se destroza la industria se convierte en viñeta. La misma rabia que más tarde se convirtió en canción.
La música llegó a los sesenta y pico años. Amante del rock de los sesenta, setenta y ochenta —Rolling Stones, Supertramp, Pink Floyd, Police, Deep Purple— decidí componer. ¿Y por qué no? Canciones con nombre y apellidos: “Toribio Presidente”, “La Caja Fuerte de Zapatero”, “Viva Troyano Presidente”, “Papá Luis”, “Mamá Paquita”, “Prioridad Nacional”, “Los ciudadanos dicen BASTA”. Más de sesenta, algunas registradas en la SGAE. No para hacerme rico. Para denunciar, burlarme y remover conciencias. La mente matemática traduce el caos del mundo en melodías que hieren y curan al mismo tiempo. Ciencia, técnica y humanidades otra vez juntas: el cálculo del ritmo, la tecnología de las plataformas de distribución y el contenido humanístico de la denuncia.
El Hombre Universal no pide permiso ni disculpas. Solo pregunta. En una época que fragmenta el conocimiento en especialidades cerradas y en relatos ideológicos, mantener la unidad es un acto de resistencia. La ingeniería me dio la precisión. Las matemáticas me dieron el arma. El pensamiento me dio el criterio. El guion y el cine me dieron la forma de contar. La música me dio el golpe directo. La escritura me dio la permanencia. Todo ello al servicio de una sola cosa: no aceptar que España se convierta en un país de siervos gestionado por comisiones, subvenciones y narrativas. Residente en Sant Pere de Ribes, vivo de Sus Labores. La independencia económica viene de los libros, los dominios y el contenido. No de un sueldo que dependa de callar.
Este capítulo no es un currículum vitae. Es la declaración de que ciencia, técnica y humanidades no están reñidas. Están en la misma persona. El ingeniero industrial superior de la ETSEIB de 1986 sigue calculando. El compositor de canciones protesta sigue nombrando. El escritor sigue publicando. Y mientras haya sistemas que no cuadran, el Hombre Universal seguirá cruzando las fronteras que otros han inventado para que nadie las cruce. Porque la verdad no se especializa. Se demuestra. Y se canta. Y se escribe. Y se calcula. Todo a la vez.
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