A ver, GROK, escríbeme una novela del género negro y cínico, con título “El Control, con las Balizas V16 es para nosotros; para ellos no hay ningún control” de 7000 palabras y con 7 capítulos y un epílogo final, basada en lo siguiente:
Mi primer tuit relacionado con el accidente del Iryo fue relacionándolo con la baliza V16… Yo ya sabía cuál era el fondo del asunto… “El Control Absoluto de los ciudadanos frente a la Libertad Total de las élites”
Se está centrando todo en las vías… Bien. Pero ¿Y el control de los trenes? No se habla nada.
¿Un tren perdido? Parece un chiste. No es un chiste. Así se evitan responsabilidades…
Supongo que ya habréis visto el mapa que geolocaliza cualquier coche a través de la baliza V16.
La tarjeta SIM de la baliza V16 dispone de un GPS que manda señales a un servidor central AWS de AMAZON, que reparte, primero a Langley… y después a quienes ellos quieren… y que continuamente tienen controlados a todos los ciudadanos españoles. Es otra “prueba” de las élites mundiales y han elegido España como escenario…
La PSOE que también tiene las Bases de Datos de los concejales de la PePa, y conoce, por tanto, en cada momento los líos amorosos y sus infidelidades. Conoce cuando un concejal visita a la vecina del 5º, que no es su esposa, y visita puntualmente con una mochila con un juego de ropa, como el Mazón…
¿Y referente al Gobierno y la banda del Peugeot? Pues nada de nada. Esos se blindan. No existen controles sobre donde figuran los trenes. Tampoco hay cámaras de video, como en la estación de Adamuz ni “tecnología inteligente” como la que hay en nuestro móvil en los trenes. Ni soporte eléctrico suplementario cuando se va la luz… Para “ellos”, las élites “NO HAY NINGÚN CONTROL”. Al pueblo prohíben la prostitución porque ellos las reclutan a todas y les dan un “trabajo ficticio” en su tapadera, en ADIF…
¿Nada funciona? ¿Incompetentes? Nada de eso, todo lo contrario. Son muy competentes. Incluso si tienen un problema se inventan la CIAF, que está presidida por Ignacio Barrón de Angoitia, que ocupó diversos cargos en Renfe, al que acompañan cinco vocales y un secretario, la mayoría con currículum asociado tanto a Adif como a la operadora Renfe.
Ja, ja, ja, qué risa, María Luisa.
Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como…
Y los ciudadanos a pagar la FIESTA…
¿Y tú qué piensas, GROK?
El Control, con las Balizas V16 es para nosotros; para ellos no hay ningún control
Capítulo 1: El Accidente Olvidado
En las sombras de Madrid, donde el humo de los cigarrillos se mezcla con el hedor a corrupción, yo, Raúl Mendoza, un detective privado con más deudas que principios, recibí la llamada que lo cambió todo. Era una noche lluviosa de noviembre, y el teléfono sonó como un lamento en mi oficina destartalada en Malasaña. Al otro lado, una voz temblorosa: «Señor Mendoza, soy Ana Ruiz. Mi hermano murió en el accidente del Iryo. No fue un error. Fue intencional.»
El Iryo, ese tren de alta velocidad que se suponía era el futuro del transporte español, se había descarrilado cerca de Adamuz. Diez muertos, docenas de heridos. Los periódicos lo achacaron a un fallo en las vías, pero Ana insistía en que había más. «Mire las balizas V16», susurró. «Esas luces de emergencia que obligan a poner en los coches. ¿Por qué no hay nada similar para los trenes?»
Me reí para mis adentros. Balizas V16. Esas malditas cosas que el gobierno nos obliga a instalar en nuestros vehículos desde hace un par de años. Supuestamente para seguridad vial, pero yo sabía que era una trampa. Un GPS integrado, una SIM que envía datos a un servidor central en AWS de Amazon. Y de ahí, directo a Langley, Virginia. La CIA. Control absoluto sobre los ciudadanos. ¿Un accidente de coche? Te localizan en segundos. ¿Un tren perdido? Ja. Eso es para las élites. Para ellos, no hay control.
Acepté el caso por mil euros y una botella de whisky barato. No porque creyera en la justicia, sino porque necesitaba pagar el alquiler. Al día siguiente, me subí a un tren hacia Córdoba, observando cómo los pasajeros miraban sus móviles, ajenos al ojo que los vigilaba. Yo fumaba un cigarro en el andén, pensando en cómo el mundo se había convertido en una jaula digital. Para nosotros, las ratas, balizas y rastreo. Para los de arriba, libertad total.
Llegué a Adamuz al atardecer. El sitio del accidente era un caos ordenado: cintas policiales, restos de metal retorcido y un olor a hierro quemado. Un guardia civil me miró con desconfianza. «Periodista?», gruñó. «Detective», respondí, mostrando mi licencia falsa. Me dejó pasar, pero no sin una advertencia: «No revuelva la mierda, amigo.»
Entre los escombros, encontré algo curioso: no había cámaras de vigilancia en la estación. Ni una. En una era donde hasta tu nevera te espía, los trenes de élite viajan en la oscuridad. «¿Un tren perdido?», murmuré. No era un chiste. Era una excusa para evitar responsabilidades.
Esa noche, en un bar cutre, un maquinista jubilado me contó lo que sabía por una cerveza. «Los trenes no tienen control real», dijo. «No como los coches con V16. Esos envían datos constantes. Pero los trenes… si se va la luz, adiós. No hay soporte suplementario. Y el gobierno lo sabe.»
Volví a Madrid con más preguntas que respuestas. Ana me esperaba en mi oficina, con ojos rojos de llorar. «Es el control absoluto», dijo. «Para nosotros, sí. Para ellos, no.»
Capítulo 2: La Sombra de las Élites
Madrid bullía bajo un sol de plomo. Yo, con resaca y un cigarro entre los labios, me reuní con un contacto en el PSOE. Pedro «El Soplo» García, un funcionario de bajo nivel con ambiciones altas y moral baja. Nos encontramos en un café en Sol, donde los turistas posaban para selfies, ignorando que cada foto iba a la nube, vigilada.
«¿Qué sabes de las bases de datos?», le pregunté, directo al grano.
Sonrió con cinismo. «Todo. El PSOE tiene acceso a todo. Incluso a los concejales del PP. Sabemos sus líos amorosos, sus infidelidades. ¿Recuerdas a Mazón? Ese tipo que visita a la vecina del quinto con una mochila de ropa. No es su esposa, pero nosotros lo sabemos. Control total.»
Bebí mi café negro, amargo como la verdad. «Y las balizas V16?»
«Ah, eso es oro. Cada coche en España con una SIM GPS. Datos a AWS, luego a Langley. Las élites mundiales prueban su juguete aquí. España es el laboratorio. Ciudadanos rastreados 24/7. Pero para los trenes del gobierno… nada. ¿La banda del Peugeot? Esos viajan sin control. Blindados.»
La banda del Peugeot. Rumores de un grupo de élites que usaban coches Peugeot modificados para transportes secretos. Políticos, banqueros, incluso prostitutas reclutadas. «Prohíben la prostitución al pueblo», dijo Pedro. «Pero ellos las contratan, les dan trabajos ficticios en ADIF. Tapaderas perfectas.»
Salí del café con un dossier bajo el brazo. Nombres, fechas, affaires. Pero nada sobre el Iryo. Esa noche, en mi apartamento, revisé el mapa que geolocaliza coches vía V16. Un amigo hacker me lo mostró: puntos luminosos en un servidor central. «Todos controlados», dijo. «Excepto los de arriba.»
Intenté dormir, pero el cinismo me carcomía. El mundo era un juego amañado. Nosotros, peones con balizas. Ellos, reyes sin cadenas.
Al día siguiente, recibí una amenaza anónima: «Deja el caso o terminarás como el tren.» Sonreí. Eso significaba que estaba cerca.
Capítulo 3: El Mapa Invisible
Fui a Barcelona, donde un experto en tecnología me esperaba. Carla Vega, una ingeniera renegada que había trabajado en ADIF. Nos encontramos en un parque, bajo la Sagrada Familia, símbolo de obras eternas y corrupción eterna.
«Los trenes no tienen ‘tecnología inteligente’ como los móviles», explicó. «No hay cámaras en estaciones como Adamuz. Ni GPS obligatorios. Si un tren se pierde, es porque quieren que se pierda. Evitan responsabilidades.»
Le mostré el dossier. «Y las balizas?»
«Eso es control ciudadano. La SIM manda a AWS, que comparte con la CIA. Prueba de élites. España es el conejillo de indias.»
Hablamos de la CIAF, la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios. «Presidida por Ignacio Barrón de Angoitia», dijo. «Ex de Renfe. Vocales de ADIF y Renfe. Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.»
Reí con amargura. «Qué risa, María Luisa.»
Carla me dio un USB con datos hackeados. «Mira esto. Bases de datos del PSOE sobre PP. Infidelidades, visitas secretas. Controlan a la oposición.»
Volví en tren, irónico. Observé a los pasajeros: todos con móviles, rastreados. Pero el tren… libre como un pájaro envenenado.
En Madrid, Ana me llamó. «Han intentado hackear mi correo.» El juego se ponía serio.
Capítulo 4: La Banda del Peugeot
Investigué la banda del Peugeot. Rumores decían que eran élites que usaban coches sin V16, blindados contra rastreo. Políticos del gobierno, reclutando prostitutas para «trabajos» en ADIF.
Contacté a una ex prostituta, María López, en un burdel clandestino de Lavapiés. «Me ofrecieron un puesto en ADIF», confesó. «Trabajo ficticio. A cambio, favores para los de arriba. Prohíben la prostitución al pueblo, pero ellos nos usan.»
«¿Y los trenes?»
«Ríen de eso. No hay control. Si hay accidente, la CIAF lo tapa. Incompetentes? No. Competentes en corrupción.»
Salí con nombres: ministros, directivos de Renfe. Esa noche, seguí a uno: un concejal del PP con mochila. Visitaba a su amante. El PSOE lo sabía, lo controlaba.
Pero yo era el perseguido ahora. Un coche me siguió. Aceleré mi viejo Fiat con V16. Ellos sabían dónde estaba. Ironía cínica.
Capítulo 5: El Servidor Central
Hackeé con mi amigo el servidor AWS. Datos infinitos: coches rastreados, ciudadanos vigilados. Pero trenes? Cero. Elites libres.
Encontramos correos: Langley recibiendo datos. Prueba global en España.
Ana se unió. «Mi hermano descubrió esto. Por eso lo mataron.»
Perseguimos a Barrón de Angoitia. En su casa, lo confronté. «La CIAF es una farsa.»
Sonrió. «El control es para el pueblo. Para nosotros, no.»
Escapé por poco. Balas silbaron. Cynismo: sobreviví por suerte.
Capítulo 6: La Fiesta Pagada
Los ciudadanos pagan la fiesta. Impuestos para trenes sin control, balizas para vigilancia.
Reuní pruebas: dossiers, hacks, testimonios. Publicaría todo.
Pero las élites contraatacaron. Me arrestaron por «espionaje». En cárcel, pensé en el cinismo del mundo.
Ana me sacó con un abogado corrupto. «Lucha continúa.»
Capítulo 7: El Descarrilamiento Final
Confrontación en Adamuz. Encontré al líder de la banda: un ministro. «Admita: control para nosotros, libertad para ustedes.»
Luchamos. Él cayó a las vías. Un tren «perdido» lo arrolló. Ironía.
Pruebas publicadas. Escándalo.
Pero nada cambió. Élites se blindan.
Epílogo: La Risa Amarga
Años después, fumo en mi oficina. El mundo sigue igual. Balizas V16 rastrean al pueblo. Trenes sin control para élites.
Ana desapareció. Yo, cínico, tomo casos menores.
El control es absoluto. Para nosotros. Para ellos, no. Ja, ja, ja. Qué risa, María Luisa.
Y los ciudadanos pagan la fiesta eterna.
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