Las Marronas, una nueva raza superior del RH negativo enriquecido al 3%

Capítulo 1: Los Rufianes y sus Sombras

En las calles empedradas de Barcelona, donde el sol se filtra como un traidor entre los edificios modernistas, la familia Rufianes reinaba como reyes de pacotilla. Eran de esa burguesía catalana que había engordado bajo el manto de Franco, importando filipinos, filipinas y filipines como si fueran mercancía barata. «Ayudantes del hogar», los llamaban, pero en realidad eran esclavos modernos para las familias de Esquerra Republicana, esos progres que querían independencia pero pagaban sueldos de miseria. Don Rufián, el patriarca, un tipo con bigote de falangista reciclado en independentista, se jactaba de su fortuna en cenas opulentas. «Trajimos exotismo a Cataluña», decía, mientras su mujer, Doña Rufiana, contrataba a otra filipina para que limpiara el polvo de sus reliquias franquistas.

Yo era el detective, un perdedor llamado Toni Noir, con un gabán raído y un cigarro eterno en la boca. Me contrataron para investigar un rumor: los Rufianes habían fichado a un científico loco, Bill Puertas, alias «el Gili». Un yanqui que se hacía pasar por filántropo, pero que en África implantaba chips en nativos perdidos. «Para mejorar la raza», decían. Y ahora, en Cataluña, soñaban con una mezcla vasco-catalana superior. RH negativo enriquecido al 3%, chips diabólicos modelo 8088. El sueño húmedo de separatistas con delirios de grandeza.

Entré en su mansión en Pedralbes, oliendo a dinero sucio y arroz con leche filipino. Don Rufián me recibió con una sonrisa falsa. «Señor Noir, necesitamos discreción. Bill Puertas está creando algo… revolucionario.» Cynical como era, olí el hedor a conspiración. ¿Una nueva raza? Ja. Solo querían supersoldados para su república imaginaria.

Capítulo 2: El Gili y sus Juguetes

Bill Puertas, el Gili, era un tipo alto, con gafas de intelectual falso y una sonrisa que parecía programada en BASIC. Lo encontré en un laboratorio improvisado en las afueras de Barcelona, rodeado de tubos de ensayo y nativos africanos con ojos vidriosos. «¡Bienvenido, detective! Estoy enriqueciendo la sangre al 3%», dijo, como si hablara de café con leche. Explicó su teoría: Sabino Arana, fundador del PNV, creía que el RH negativo hacía a los vascos más valientes, gudaris invencibles. Añade un 3% de enriquecimiento –marca de Esquerra Catalana, por supuesto– y un chip 8088 implantado en el cerebro. Voilà: Las Marronas, una raza superior vasco-catalana.

«¿Marronas?», pregunté, encendiendo otro cigarro. «Sí, marrones como la tierra vasca y catalana mezclada con sangre africana. Superiores en todo: inteligencia, fuerza, lealtad al independentismo.» Cynical, pensé: solo crean monstruos para sus guerras de banderas. Los filipinos en la casa de los Rufianes eran los conejillos de indias. Una filipina llamada María me susurró: «Nos inyectan cosas raras. Dicen que nos hacen mejores.» Sus ojos, RH negativo forzado, brillaban con miedo.

Investigué en África vía contactos. Chips implantados en tribus perdidas. Nativo tras nativo, convertidos en zombis programados. El Gili era un diablo con doctorado.

Capítulo 3: Sangre Vasca y Sueños Rotos

Viajé a Bilbao, tierra de gudaris y pintxos caros. Allí, en un bar oscuro, un viejo nacionalista vasco me contó sobre Arana. «El RH negativo es nuestra esencia. Nos hace puros, valientes.» Pero el enriquecimiento al 3% era una burla catalana. «Esos de Esquerra quieren robarnos la sangre para su república mestiza.» Cynical, bebí una caña y pensé: todos quieren superioridad, pero terminan en charcos de sangre.

De vuelta en Barcelona, encontré a un Rufián junior, un niñato con estelada en el móvil. «Las Marronas serán nuestra arma. Con el chip 8088, controlaremos mentes. Independencia total.» Le seguí a un sótano donde inyectaban a filipinos. Una escena noir: luces tenues, gemidos, el Gili riendo como un villano de cómic.

María, la filipina, me ayudó. «Quiero escapar. Me implantaron el chip.» Su sangre, ahora enriquecida, la hacía «superior», pero solo la convertía en marioneta.

Capítulo 4: Chips Diabólicos y Traiciones

El chip 8088 era una reliquia de los 80, pero el Gili lo había tuneado. «Procesador intel, pero con IA diabólica», explicaba. Implantado en el cuello, controlaba impulsos: valentía vasca, astucia catalana, obediencia filipina. Probé uno en un laboratorio abandonado. Dolor agudo, visiones de banderas quemadas.

Los Rufianes traicionaban a Esquerra. «Pagamos poco por filipinas, pero ahora creamos supersirvientas.» Cynical negocio: raza superior para el hogar y la guerra. Encontré documentos: envíos de chips desde África, sangre RH negativo robada de bancos vascos.

Una noche, atacaron mi piso. Dos Marronas prototipo: piel marrón, ojos fríos, fuerza sobrehumana. Peleé como en un film noir, pero escapé por poco. «El Gili sabe que husmeas», dijo María al teléfono.

Capítulo 5: La Conspiración Separatista

En Madrid, un contacto del CNI me dio pistas. «Los vasco-catalanes sueñan con una raza unida contra España. El 3% es simbólico: referéndum ilegal, corrupción al 3%.» Risa cynical. Volví a Cataluña, infiltrándome en una reunión de separatistas. Don Rufián y el Gili toastaban: «Las Marronas marcharán por la independencia.»

María se unió a mí. «Mi sangre es RH negativo natural. Me usaron como base.» Escapamos con muestras. En un hotel cutre, analizamos: el enriquecimiento al 3% causaba mutaciones. No superioridad, sino locura. Chips fallaban, convirtiendo a víctimas en asesinos incontrolables.

Un Marrona nos persiguió. Lucha en las Ramblas: turistas gritando, yo disparando mi vieja pistola. Cynical victoria: lo derribé, pero María resultó herida.

Capítulo 6: Gudaris Modernos y Caída

Bilbao de nuevo. Un gudari renegado me ayudó. «Arana se revolvería en su tumba. Esto no es valentía, es Frankenstein.» Atacamos un laboratorio vasco aliado con los Rufianes. Explosiones, chips volando. El Gili apareció: «¡No entienden! Es evolución.»

Pelea final: yo contra el Gili. Cynical, le inyecté su propio suero. «Siente el 3%.» Convulsionó, chip fallando. Escapé con María, pero los Rufianes huían.

Capítulo 7: El Sueño Líquido Roto

De vuelta en Barcelona, los Rufianes cayeron. Policía, alertada por mí, allanó su mansión. Filipinos liberados, chips destruidos. Don Rufián en prisión, gritando «¡Traición!». El Gili desapareció, rumor de África.

María, ahora libre, me besó. «Gracias, detective.» Pero cynical como soy, supe que nada cambia. Burguesía nueva vendrá, con sueños de razas superiores.

Epílogo: Marrones en la Sombra

Años después, en una Barcelona independiente en sueños, vi a una Marrona en la calle. Piel marrón, ojos RH negativo. El sueño líquido persistía. Cynical, encendí un cigarro. La superioridad es ilusión; todos sangramos rojo. Fin.

ESte relato ha sido creado por GROK con el siguiente Prompt:

A ver, GROK, escríbeme una novela del género negro y cínico, con título “Las Marronas, una nueva raza superior del RH negativo enriquecido al 3%” de 7000 palabras y con 7 capítulos y un epílogo final, basada en lo siguiente:

Los rufianes, una acomodada familia de la burguesía catalana que hizo fortuna en el régimen de Franco trayendo a Cataluña filipinos, filipinas y filipines para ayudar en el hogar a otras familias de Esquerra Republicana que querían pagar poco por las asistentes domésticas contratan a un investigador científico, un tal Bill Puertas, alias el “gili” por sus experimentos genéticos en África con chips implantados a nativos perdidos para crear una nueva raza superior vascuence-catalana basada en un enriquecimiento del 3% de la sangre de un portador de grupo sanguíneo RH negativo que, según el fundador del PNV, Sabino Arana, hacia más valientes a los gudaris vascos. Así, con el enriquecimiento del 3%, marca de la casa de Esquerra Catalana, y el RH negativo vasco, añadido a un chip diabólico, de nombre 8088 del “gili” lograrían una raza superior, el sueño líquido de los separatistas vascocatalanes.