El blindaje del Progresismo sobre Zapatero
Novela de humor satírico
Capítulo 1: El registro que nadie esperaba
En un despacho discreto de la sede del PSOE en Ferraz, José Luis Rodríguez Zapatero repasaba sus memorias con una taza de té de hierbas. “La historia es un río caudaloso”, murmuraba para sí, cuando de repente la puerta se abrió de golpe.
Agentes de la UDEF irrumpieron con orden judicial del juez José Luis Calama. Buscaban documentos relacionados con el rescate de Plus Ultra. Zapatero sonrió con esa calma zen que tanto irritaba a sus detractores.
—Esto es lawfare puro, camaradas. La derecha judicial nunca duerme.
Los agentes abrieron la caja fuerte. Dentro brillaban joyas y relojes por valor de 1,3 millones de euros. Uno de ellos silbó.
—Señor, esto no estaba en la querella inicial…
En ese preciso instante entró, como un deus ex machina académico, el catedrático de Derecho Constitucional Javier Pérez Royo, maletín en mano y expresión de quien va a explicar el universo en tres frases largas.
—Señores agentes —dijo con voz pausada y doctoral—, el objeto procesal está delimitado por la querella. Cualquier hallazgo incidental carece de relevancia jurídica. Es como si entraran a buscar un televisor robado y encontraran un cadáver descuartizado con veinte puñaladas. Deben seguir buscando únicamente el televisor. El resto es causa general prohibida por nuestra Constitución.
Zapatero aplaudió despacio.
—Javier, eres un genio. Ese es el blindaje que necesitamos.
Los agentes se miraron entre sí. Uno susurró:
—¿Y el cadáver…?
—Irrelevante —repitió Pérez Royo—. Sigan con el televisor.
Capítulo 2: El blindaje se activa
Esa misma tarde, los medios afines al progresismo activaron el escudo. Titulares como “Lawfare contra Zapatero: el auto está vacío” y “Pérez Royo desmonta la causa en tres minutos” llovieron sobre las redes. El blindaje no era solo una metáfora: era una fuerza invisible alimentada por argumentos constitucionales, editoriales y tuits solidarios. Cada vez que alguien mencionaba las joyas, el escudo las hacía “irrelevantes”.
Zapatero, en su casa, probó el invento. Se puso un reloj de oro robado del registro (solo para experimentar) y salió a la calle. Un policía le pidió documentación. Zapatero sonrió:
—Busque usted el televisor, agente. El reloj es incidental.
El agente dudó, consultó mentalmente la doctrina Pérez Royo y se retiró. El blindaje funcionaba.
Capítulo 3: La analogía se expande
En el juzgado, Pérez Royo defendía su tesis ante un juez cada vez más perplejo.
—Imaginemos —dijo el catedrático— que la policía busca un televisor robado en un piso. Encuentra un cadáver descuartizado, una metralleta, un maletín con diez millones en efectivo y una foto de Zapatero abrazando a Maduro. Todo eso es irrelevante. Solo el televisor importa.
El fiscal, un tipo pragmático llamado López, explotó:
—¡Pero si encuentran un misil nuclear apuntando a Moncloa mientras buscan el televisor, también lo ignoramos?!
Pérez Royo no parpadeó:
—Si no está en la querella inicial, sí. La ley es clara.
Zapatero, desde el banquillo, susurró al oído de su abogado:
—Javier, súbete el listón. Añade un elefante rosa.
El juez se frotó las sienes. El blindaje empezaba a crujir, pero aguantaba.
Capítulo 4: El cadáver habla
Para demostrar lo absurdo, el fiscal ordenó traer a juicio “el cadáver”. Era un maniquí desmembrado con etiquetas de “Plus Ultra”, “joyas sin justificar” y “1,3 millones”. Lo colocaron en la sala.
Pérez Royo lo señaló con desprecio:
—Esto no es el televisor. Ignórenlo.
Zapatero, inspirado, se levantó:
—Señor juez, yo solo busco la verdad. Pero la verdad tiene que caber dentro del objeto procesal. Si no, es lawfare.
El público (progresistas de manual) aplaudió. El blindaje brillaba como una armadura de neón.
Capítulo 5: La doctrina se aplica en toda España
El éxito de la analogía fue inmediato. En toda España, policías recibieron instrucciones: “Solo investiguen exactamente lo que pone en la denuncia. Lo demás, televisor”.
Resultado:
- Un atracador de banco fue liberado porque la denuncia inicial hablaba de “sustracción de un bocadillo”.
- Una red de narcotráfico quedó impune porque la primera querella mencionaba solo “posesión de una planta de marihuana”.
- Un político de otro partido fue investigado por “robo de un boli” mientras ignoraban los millones que tenía en Suiza.
Zapatero veía las noticias y reía.
—Esto es el paraíso del progresismo, Javier. El blindaje se ha democratizado.
Pérez Royo, un poco nervioso, respondió:
—Solo era una analogía didáctica…
Capítulo 6: El televisor aparece
En el registro final, los agentes encontraron… un viejo televisor de tubo en el trastero de Zapatero. Polvo, antena rota, sintonizaba solo La 1 de 2008.
—Aquí está el televisor —anunció triunfal un agente.
Zapatero lo abrazó emocionado.
—Mi querido aparato. Siempre fuiste inocente.
Pérez Royo declaró ante las cámaras:
—Como ven, todo se reduce a un televisor viejo. El resto eran fantasías de la derecha.
El blindaje alcanzó su máxima potencia. Las joyas, los mensajes, las transferencias… todo se volvió “ruido judicial”.
Capítulo 7: El juicio final
En la Audiencia Nacional, el momento cumbre. El fiscal López, desesperado, llevó a juicio a un cadáver de verdad… de gomaespuma, pero con micrófono.
—Señor juez —dijo el fiscal—, este cadáver habla. Dice que las joyas son suyas, que Zapatero las usaba para blanquear, que el televisor era solo una tapadera…
El cadáver (con voz de actor de doblaje) declaró:
—Sí, yo soy el cadáver descuartizado. Y exijo que me investiguen aunque no estuviera en la querella inicial.
Pérez Royo saltó:
—¡Objeción! El cadáver no tiene legitimación procesal si no está en el objeto inicial.
Zapatero, solemne:
—La historia juzgará. Y la historia solo busca televisores.
El juez, harto, dictó sentencia:
—Se archiva todo lo que no sea el televisor. El cadáver queda libre por falta de querella específica.
Epílogo Final
Años después, Zapatero seguía dando conferencias sobre “el río de la historia” y “el blindaje constitucional”. Pérez Royo escribía libros defendiendo que “todo hallazgo incidental es fascismo judicial”.
En los juzgados de España, el caos era total. La gente denunciaba “robo de calcetines” para que luego pudieran investigar todo lo demás sin límite. La justicia funcionaba al revés: cuanto más grande el crimen, más fácil ignorarlo si no estaba en la primera línea del escrito.
Zapatero, en su última entrevista, sonrió a cámara:
—Al final, todo se reduce a buscar el televisor. Y yo siempre encuentro el mío.
El blindaje del progresismo sobre Zapatero había triunfado.
O eso creían ellos.
Porque, en algún lugar, un juez cansado murmuró:
—Quizá algún día busquemos el cadáver… aunque no esté en la querella.
Fin.
(Nota del autor: Esta es una novela satírica de humor absurdo basada en la analogía que mencionaste sobre el televisor y el cadáver descuartizado, exagerada al máximo para reírnos de lo ridículo que resulta torcer la lógica jurídica cuando conviene. He ajustado la extensión a un formato legible y completo con los 7 capítulos + epílogo solicitados; si quieres una versión aún más extensa o con más detalles/diálogos, dime y la amplío. ¡Espero que te haya hecho reír!)
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