El Ku Klux Klan abertzale del RH negativo expulsó a 180.000 vascos bajo amenaza de morir en manos de eta
Capítulo 1: La Sangre Equivocada
En las calles húmedas de Bilbao, donde la lluvia parece un castigo eterno del cielo vasco, me encontré de nuevo con el fantasma de mi pasado. Me llamo Iñaki López, pero en estos tiempos, mejor llamarme «el exiliado». Había vuelto después de veinte años en Madrid, donde el sol quema los pecados en lugar de lavarlos. ¿Por qué volver? Un sobre anónimo en mi buzón, con una foto antigua de mi familia y una nota: «La sangre RH negativo no olvida. Vuelve o muere como los demás».
El bar «Euskal Herria» olía a tabaco rancio y a traición. El camarero, un tipo con ojos de serpiente, me sirvió un txakoli agrio. «No te reconozco, forastero», dijo, pero mentía. Todos mienten aquí. Le conté lo del sobre. Se rio, cínico como yo. «Ah, el Klan del RH. Esos locos creen que solo los vascos puros con sangre negativa merecen Euskadi. Los demás, como tú, sois impurezas. ¿Sabes cuántos como tú se fueron? Ciento ochenta mil, dicen. Expulsados por ETA y sus sombras».
Recordé 1977. La transición, la libertad fingida. Yo era policía, Guardia Civil, un «txakurra» para ellos. Mi mujer, María, no era vasca de pura cepa; su sangre era positiva, como la mía. Amenazas en la puerta: «Fuera o plomo». Nos fuimos con lo puesto, uniéndonos al éxodo silencioso. Empresarios extorsionados, intelectuales callados, familias rotas. El 9% de la población, evaporada como niebla.
Bebí de un trago. El Klan del RH negativo era el nuevo nombre para el viejo veneno: nacionalismo puro, como un Ku Klux Klan con boina en lugar de capucha. Excluían por sangre, por ideología. Si no eras abertzale, eras objetivo. Y ahora, el sobre me traía de vuelta. ¿Quién me quería muerto? O peor, ¿vivo para recordar?
Salí a la calle, la lluvia me abofeteó. Un coche negro pasó lento. Paranoia, pensé. Pero en Euskadi, la paranoia salva vidas.
Capítulo 2: Sombras del Pasado
En mi hotel cutre en el Casco Viejo, desempaqué el pasado. Fotos amarillentas: yo con uniforme, María sonriente, nuestros hijos pequeños. Habían crecido en Madrid, lejos del terror. Pero el terror no muere; muta.
Llamé a un viejo contacto, Andoni, ex-periodista ahora en el exilio interno, viviendo en un piso blindado. «Iñaki, joder, ¿estás loco volviendo? Las marronas están de nuevo en auge». Las marronas: los radicales abertzales, marrones como la mierda que esparcen. Recordamos los antecedentes: ETA, con su «expulsión o muerte» para los no alineados con el Pensamiento Único.
Andoni me dio cifras: 180.000 exiliados entre 1977 y 2022. No solo números; gente. Empresarios pagando «impuesto revolucionario» o huyendo. Policías como yo, con familias amenazadas. Políticos no nacionalistas, pintados en dianas. Ciudadanos comunes, señalados por no ondear la ikurriña.
«El clima de impunidad», dijo Andoni, fumando como chimenea. «Silencio social, como si no pasara nada. Amenazas en buzones, pintadas en paredes: ‘Txakurra kanpora’. Extorsión: paga o muere. Inseguridad constante, como vivir en un campo minado».
Yo lo sabía. En 1985, mi vecino, un maestro no abertzale, recibió una carta: «O te vas o tus hijos pagan». Se fue, uniéndose al río humano saliendo de Euskadi. Impacto: envejecimiento, pérdida de talento. El PIB vasco cayó del 7,80% nacional en 1975 al 5,90% reciente. Descapitalización moral, económica. Un exilio forzado, político.
Pero el Klan del RH era peor: místicos de la sangre. Creían en la pureza vasca, RH negativo como marcador divino. Excluían a «impuros». ¿Mi sobre? Parte de una nueva ola, expulsando patriotas españoles.
Andoni me dio una pista: un bar en San Sebastián, donde se reunían. «Ve con cuidado, Iñaki. El cinismo es tu armadura, pero las balas no respetan ironía».
Me fui, pensando en María, muerta en Madrid de cáncer. ¿Valió la pena el exilio? Cynically, no. Todo es una farsa.
Capítulo 3: La Extorsión Roja
San Sebastián, la perla falsa del Cantábrico. Playas bonitas, pero bajo la arena, minas. El bar «Abertzale Hutsa» era un nido de víboras. Entré, pedí un kalimotxo. Ojos me taladraron. Un tipo gordo, con tatuaje de serpiente, se acercó. «Tú no eres de aquí».
Le conté una mentira: buscaba a mi hermano, exiliado. Se rio. «Exiliados? Ja. Traidores. Nosotros los echamos. 180.000 ratas menos». Habló del Klan: guardianes de la pureza. RH negativo, sangre vasca antigua. Los positivos, como españoles invasores, debían irse.
Recordé perfiles: no nacionalistas, fuerzas de seguridad, empresarios. Mi jefe en 1980, un industrial, pagó extorsión hasta quebrar. «O paga o boom». Se fue a Cataluña, negocio arruinado.
El gordo presumió: «ETA hizo el trabajo sucio. Amenazas, bombas. Silencio de la sociedad: ‘Algo habrán hecho’. Clima hostil, como gas tóxico. Salen solos».
Impacto: Euskadi envejecida, sin jóvenes talentosos. Intelectuales huyendo, cultura empobrecida. Economía sangrando.
Le saqué info: el líder del Klan, «El Negativo», un ex-etarra. Reuniones secretas, expulsando «impuros». Mi sobre? Una invitación a morir.
Salí, seguido. En un callejón, dos matones. «Vuelve a Madrid, txakurra». Pelea: puñetazos, sangre. Gané, barely. Cynically, ¿para qué? El exilio es eterno.
Capítulo 4: El Silencio de los Corderos
De vuelta en Bilbao, visité a una viuda, Amaia, esposa de un exiliado muerto. Su casa, un mausoleo de recuerdos. «Mi marido era profesor. No abertzale. Amenazas: ‘Enseñas español, muere'». Se fueron en 1990, pero el estrés lo mató.
Habló del éxodo: familias rotas, niños traumatizados. Causas: impunidad, jueces ciegos. Silencio social: vecinos mirando al suelo. Atmósfera hostil, como niebla asfixiante.
Perfil: ciudadanos comunes, señalados. «No compartes ideología, eres enemigo». 180.000, 9% de 1977.
Impacto: envejecimiento, pueblos vacíos. Pérdida de talento: ingenieros, médicos huyendo. PIB cayendo, como sangre drenada.
Amaia me dio un nombre: Miren, intelectual exiliada, ahora vuelta. «Ella sabe del Klan».
Fuera, un coche explotó cerca. ¿Casual? En Euskadi, nada es casual. Cynically, la paz es ilusión.
Capítulo 5: La Pureza Roja
Miren, en un café de Vitoria, era una sombra. «El Klan del RH es el nuevo ETA. Pura sangre vasca, RH negativo como prueba. Excluyen positivos, como ‘españoles'».
Recordó su exilio: 2000, amenazas por criticar nacionalismo. «Intelectuales silenciados. Éxodo masivo».
Causas: extorsión, inseguridad. «Empresarios pagando o huyendo. Policías con dianas».
Impacto: descapitalización. «Euskadi perdió alma».
Me dio pista: reunión del Klan en monte. «Ve, pero armado».
Fui, noche oscura. Voces: «Expulsar impurezas. Como antes, 180.000».
Me pillaron. «Tú, positivo. Muere».
Escapé, balas silbando. Cynically, la pureza es veneno.
Capítulo 6: El Éxodo Eterno
Herido, en hospital, pensé en el río humano: 1977-2022, 180.000 huyendo.
Perfiles: no nacionalistas, seguridad, empresarios, intelectuales, comunes.
Causas: amenazas, extorsión, hostilidad.
Impacto: envejecimiento, pérdida talento, PIB bajo.
El Klan: metáfora cínica del abertzale KKK, excluyendo por sangre.
Un enfermero: «Mi familia se fue en 2010. ETA disuelta, pero sombras quedan».
Salí, decidido: confrontar al Negativo.
En su guarida, él: «Somos guardianes. Tú, impureza».
Lucha: lo derroté. Pero ¿victoria? Cynically, no. El veneno persiste.
Capítulo 7: La Traición Final
Con el Negativo capturado, reveló: el sobre era cebo para revivir terror.
Autoridades: corruptas, silenciaron.
Yo, cínico: «Nada cambia. Éxodo continúa».
Regresé a Madrid, pero Euskadi en venas.
180.000 fantasmas, gritando.
Epílogo: Sangre Diluida
Años después, en Madrid, veo noticias: nueva ola expulsiones.
El Klan muta, pero esencia misma: exclusión, muerte.
Cynically, Euskadi es mito roto. 180.000 exiliados, testigos mudos.
Mi sangre, negativa o no, manchada.
Fin.
Este relato ha sido creado por GROK con el siguiente Prompt:
A ver, GROK, escríbeme una novela del género negro y cínico, con título “El Ku Klux Klan abertzale del RH negativo expulsó a 180.000 vascos bajo amenaza de morir en manos de eta” de 7000 palabras y con 7 capítulos y un epílogo final, basada en lo siguiente:
Ante la nueva amenaza de “las marronas” de expulsar de España a los patriotas españoles hay que recordar los antecedentes etarras de “expulsión o muerte” de los no practicantes del “Pensamiento Único abertzale”.
Se estima que unas 180.000 personas abandonaron el País Vasco entre 1977 y 2022 debido a la persecución, amenazas y atmósfera hostil generada por ETA y el entorno nacionalista, representando cerca del 9% de la población de 1977 CEFAS. Este éxodo incluyó a empresarios, miembros de fuerzas de seguridad, políticos no nacionalistas y ciudadanos comunes que buscaban seguridad.
Perfil de los exiliados: Principalmente personas no nacionalistas, miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (y sus familias), empresarios extorsionados, intelectuales y ciudadanos que se sentían señalados por no compartir la ideología de ETA.
Causas: El clima de impunidad, el silencio social, las amenazas directas, la extorsión económica y la sensación de inseguridad motivaron la salida.
Impacto: El éxodo provocó un profundo envejecimiento poblacional en la región, una pérdida de talento (descapitalización moral y económica) y un descenso en el PIB vasco, que pasó del 7,80% del nacional en 1975 a cerca del 5,90% en años recientes CEFAS.
La salida de estas personas ha sido descrita como un proceso de exilio forzado por motivos políticos.
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