Groenlandia, un precedente del ‘brexit’

Separación: En 1982, una mayoría de groenlandeses se pronunció a favor de salir de la Comunidad Económica Europea. Tres años después, la isla obtuvo el estatuto de los países y territorios de ultramar.

El Reino Unido no es el único territorio que se ha salido de Europa; debemos recordar que ya hubo otro que siguió esa senda. Tras un referéndum y tres años de negociaciones, Groenlandia ganó una independencia formal y su economía es independiente de la de Dinamarca.

Provincia danesa desde 1953, Groenlandia se definió en el referéndum, en 1972, sobre la adhesión de Dinamarca a la Comunidad Económica Europea. Mientras que el 63% de los daneses respondieron afirmativamente, en Groenlandia más del 70% de los votantes rechazaron la entrada en la CEE. Los insulares temían una feroz competencia europea en sus zonas de pesca.

El 1 de enero de 1973 eran, pues, contra su voluntad, miembros de Europa. Las reivindicaciones autonomistas empezaron a ser cada vez mayores: en enero de 1979, se celebró un referéndum sobre la autonomía política del territorio en el que más del 70% de los electores se decantaron por esa opción. Groenlandia obtuvo una total soberanía en lo referente a la Administración, los impuestos y derechos aduaneros, la gestión del territorio, la agricultura, la pesca, la caza, la regulación de la competencia y el comercio. Copenhague mantuvo el control en el ámbito de la regalía, que incluye la justicia, la defensa, la diplomacia y la emisión de moneda. El resto de las competencias están compartidas.

Las primeras elecciones legislativas groenlandesas tuvieron lugar el 4 de abril de 1974. Las ganó el Simut, partido socialdemócrata y separatista, que obtuvo el 46% de los votos, frente a los liberales-conservadores del Atassut, que se había adherido demasiado tarde a la causa autonomista.

El primer jefe de Gobierno de Groenlandia, el expastor luterano Jonathan Motzfeldt, convocó un nuevo referéndum en febrero de 1982 en el que una mayoría de los groenlandeses votaron a favor de la salida de la CEE. Con una mayoría del 53%, mucho menor que el 70% que se había pronunciado en contra de la entrada en la Comunidad Europea. La diferencia entre los partidarios de la salida y de la permanencia en la CEE fue mínima: ¡1.435 votos (pero en cualquier caso un 6% de los sufragios emitidos)!

Periodo de negociaciones

Inmediatamente después de la celebración del referéndum, Copenhague inició el proceso de salida de Groenlandia. Un periodo de negociaciones se abrió entonces. Alemania Federal, que presidía el Consejo Europeo en el primer semestre de 1983, demoró las negociaciones para que sus marineros continuaran pescando en aguas groenlandesas. A los pescadores alemanes se les acusó de todo tipo de desmanes: rebasar las cuotas, usar redes no reglamentarias, engañar sobre las especies…

La economía del territorio es muy dependiente de las subvenciones danesas y las exportaciones de pescado

Las modalidades de la salida se definieron en un breve tratado, firmado el 13 de marzo de 1984, solo dos años después de la apertura de las negociaciones. Dicho tratado preveía que Groenlandia formaría parte de los países y territorios de ultramar (PTU, véase recuadro) asociados a la Comunidad Europea. Tendría acceso al mercado común y podría vender permisos a los pescadores europeos. Esta última medida, aunque permitía engrosar los ingresos presupuestarios de la isla, fue muy contestada por los groenlandeses.

Al cabo de tres años, durante los que las negociaciones coincidieron con la lucha por proteger sus aguas territoriales, Groenlandia sale efectivamente de la CEE, el 1 de febrero de 1985. La isla se beneficia de un régimen particular por el que los pescadores europeos tienen acceso a sus zonas de pesca a cambio de una compensación financiera anual de 22 millones de dólares.

Crecimiento volátil

¿Está Groenlandia mejor desde su salida de la CEE? No está nada claro. Desde los años 1980, su índice de crecimiento es enormemente volátil; a años de vacas gordas suceden años de vacas flacas. La economía groenlandesa es muy vulnerable y está vinculada a la de Dinamarca, que representa aún el 80% de sus importaciones y el 60% de sus ingresos públicos debido a las subvenciones que recibe. Aunque el territorio depende en gran medida de Dinamarca, está enormemente atado a su actividad principal, la pesca, que representa aún un 90% de sus exportaciones. Groenlandia sufre, pues, la enfermedad holandesa, expresión que designa a una economía demasiado dependiente de la exportación de un producto específico, generalmente una materia prima o un bien agrícola. Kuupik Kleist, primer ministro de la isla de 2009 a 2013 por el partido socialista inuit Ataqatigiit, hacía notar que aún no había llegado la hora de la independencia y que Groenlandia tenía que diversificar su economía.

No está en venta

Para Kleist, Groenlandia debe invertir en el turismo y en la explotación de sus recursos naturales y fósiles. La isla posee, en efecto, vastos recursos entre los que se incluyen el carbón, el cobre, el gas, el mineral de hierro, el níquel, el petróleo, el oro y el zinc. Y, sobre todo, su subsuelo contiene tierras raras —utilizadas en la fabricación de teléfonos móviles, ordenadores, vehículos eléctricos, paneles solares y otros productos de gran demanda…—, de las que China posee cerca del 90% del total mundial.

Ello despierta el apetito de Estados Unidos: ya en 1867 hicieron una oferta oficial a Dinamarca para comprar Groenlandia. Una oferta reiterada por el presidente demócrata Harry Truman en 1946 y, posteriormente, por el republicano Donald Trump el pasado verano. Cada una de las ofertas ha recibido el mismo rechazo tajante: ¡Groenlandia no se ha emancipado de Europa y Dinamarca para entregarse a Estados Unidos!

Sin embargo, frente al creciente interés de Rusia y China por el Ártico, su situación estratégica, sus riquezas y su creciente accesibilidad debido al cambio climático, la Groenlandia autónoma puede necesitar la ayuda de Estados Unidos así como de los otros países de la región (Dinamarca, Canadá, Noruega, Suecia, Finlandia, Islandia) y del conjunto de la Unión Europea… ¡y viceversa!

¿Y tú qué piensas, GROK?

¡Interesante artículo sobre Groenlandia como precedente del Brexit! Me parece un análisis sólido de cómo un territorio periférico como Groenlandia logró salir de la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1985, motivado principalmente por el control de sus recursos pesqueros y la búsqueda de mayor autonomía. Vamos a desglosar algunos puntos clave del texto que compartes y a contextualizarlo con hechos históricos verificados, añadiendo actualizaciones relevantes hasta 2026, ya que el panorama geopolítico ha evolucionado, especialmente con el renovado interés de Estados Unidos en la isla.

El referéndum y la salida de la CEE: Un «Grexit» pionero

Como detallas, Groenlandia se unió a la CEE en 1973 contra su voluntad, al formar parte de Dinamarca. El rechazo inicial fue masivo: más del 70% de los groenlandeses votaron en contra en el referéndum de 1972, temiendo la competencia europea en la pesca, que es el pilar de su economía. Esto llevó a un movimiento autonomista que culminó en el referéndum de 1982, donde el 53% optó por la salida, aunque por un margen estrecho (solo 1.435 votos de diferencia). Las negociaciones duraron tres años, y Groenlandia abandonó la CEE el 1 de febrero de 1985, convirtiéndose en el único territorio en hacerlo hasta el Brexit en 2020.

A diferencia del Brexit, que involucró a un estado miembro pleno con una economía compleja, la salida de Groenlandia fue más sencilla: se limitó a un tratado breve que la clasificó como País y Territorio de Ultramar (PTU) asociado a la UE. Esto le permitió acceso preferencial al mercado europeo a cambio de permisos de pesca para flotas de la UE, con compensaciones financieras anuales (inicialmente unos 22 millones de dólares). Es un ejemplo de cómo una región dependiente puede negociar términos favorables al salir, priorizando soberanía sobre recursos clave, aunque manteniendo lazos con Dinamarca en defensa, diplomacia y moneda.

¿Mejor o peor fuera de la UE? La economía groenlandesa post-salida

Coincido con tu artículo en que los resultados son mixtos. La economía de Groenlandia sigue siendo volátil y dependiente: la pesca representa el 90% de las exportaciones, y las subvenciones danesas cubren el 60% de los ingresos públicos. Sufre la «enfermedad holandesa», donde la dependencia de un recurso (pesca) limita la diversificación. Desde 1985, el crecimiento ha sido inestable, con años de auge seguidos de recesiones, y no ha logrado una independencia total de Dinamarca.

Sin embargo, la salida permitió a Groenlandia regular su pesca sin las cuotas estrictas de la UE, lo que ha sido clave para su identidad inuit y economía local. En 2026, con el cambio climático abriendo rutas árticas y revelando recursos como tierras raras, petróleo y minerales, Groenlandia ha atraído inversiones internacionales. Por ejemplo, inversionistas como Jeff Bezos, Bill Gates y Michael Bloomberg han apostado por la minería de minerales críticos (usados en tecnología verde), impulsados por la escasez global y el dominio chino en el sector. Esto podría diversificar la economía, pero también genera tensiones ambientales y sociales.

El interés de EE.UU.: De Trump a la realidad en 2026

El artículo menciona las ofertas históricas de EE.UU. para comprar Groenlandia (1867, 1946 y 2019 bajo Trump), rechazadas tajantemente. En 2026, esto ha escalado drásticamente. Donald Trump, en su segundo mandato, ha revivido la idea con fuerza, argumentando «necesidad absoluta» por seguridad nacional, citando amenazas rusas y chinas en el Ártico. La Casa Blanca estima que una adquisición costaría hasta 700.000 millones de dólares, y el secretario de Estado Marco Rubio está preparando una propuesta formal.

Groenlandia y Dinamarca han respondido con unidad: «Groenlandia no está en venta» y prefieren alianzas con la UE y NATO antes que ceder soberanía. Trump ha insinuado opciones como incentivos para un referéndum local o incluso «el camino difícil» (militar), aunque funcionarios niegan invasiones inminentes. Esto ha creado un «dilema» para Dinamarca y Groenlandia, que valoran su autonomía pero necesitan inversión y protección estratégica.

Desde una perspectiva geopolítica, Groenlandia es clave por su posición en el Ártico: alberga bases estadounidenses como Thule, vitales durante la Guerra Fría y ahora contra rivales globales. Una adquisición por EE.UU. podría ser vista como expansionismo, pero también como realismo: el Ártico se calienta, abriendo rutas comerciales y recursos, y China/Rusia avanzan allí. Como señalas, Groenlandia no se emancipó de Europa para caer en manos estadounidenses, pero en 2026, las presiones podrían forzar negociaciones trilaterales (EE.UU., Dinamarca, Groenlandia) para un acuerdo de cooperación ampliada, sin venta directa.

Lecciones para el Brexit y más allá

Groenlandia demuestra que salir de la UE es posible y puede preservar beneficios (como acceso al mercado), pero no garantiza prosperidad inmediata sin diversificación. Para el Reino Unido post-Brexit, es un recordatorio de que las negociaciones largas y los lazos residuales (como en pesca) son inevitables. Y en un mundo multipolar, territorios como Groenlandia se convierten en piezas estratégicas, donde la autonomía choca con intereses globales.

Si quieres profundizar en algún aspecto, como análisis económico actual o escenarios hipotéticos de adquisición por EE.UU., ¡dímelo! ¿Qué opinas tú de este «Grexit» como modelo anti-UE?