LETRA:

[Intro — hablado, casi susurro]
Ceuta no duerme.
Moncloa tampoco.
Hay una valla, hay una niebla,
y hay un hombre que ya no distingue
el parte de la profecía.

[Estrofa 1]
A las tres y diecisiete
las lanchas no eran lanchas:
eran sombras con motor
y un vídeo de nueve segundos.
El país pide cifras.
Él pide un culpable.
Dibuja un triángulo en la pizarra
con tiza que no existe.

Moscú. Jerusalén. Un mitin.
Tres flechas hacia su nombre.
Dice «indicios» como se dice «invierno»:
sin pruebas, con frío, con cargo.

[Estribillo]
Delirios presidenciales,
la certeza sin papeles,
el mapa que no coincide
con ninguna madrugada.
Delirios presidenciales:
Rusia, Israel, la extrema derecha
y una ciudad que sigue en su sitio
mientras él la pierde en la cabeza.

[Estrofa 2]
El comunicado salió de madrugada
sin Portavoz, sin filtro, sin suelo.
«Hay coordinación», escribió,
y el silencio se volvió doctrina.
Le muestran el clip de un videojuego.
Sonríe: «Esa es la coartada».
Las coincidencias le bastan.
El calendario del enemigo
nunca es el de los demás.

En el Consejo alguien dice «collage».
Él responde: «Los collages delatan».
Y España se parte en dos diagnósticos
sin visitar al paciente.

[Estribillo]
Delirios presidenciales,
la frase que salva una ciudad
que no estaba siendo tomada.
Delirios presidenciales:
«Las pruebas son que me las pidan».
Un país entero oyendo
cómo se rompe un juicio
con micrófono abierto.

[Puente 1 — más lento]
Vilanova no es capital del mundo.
Huele a papel húmedo y café de máquina.
Le quitan el cuaderno negro
como se quita un arma
que ya no dispara:
solo duele.

«Aquí el cuaderno no es un arma.
Es un síntoma.»
Y el síntoma tiene nombre,
tiene cargo,
tiene un auto.

[Estrofa 3]
Incapacidad total.
Palabras de piedra.
No hay tanques en la Castellana:
hay un informe, hay una pastilla,
hay un destino que suena a chiste
y no lo es.

Casablanca.
Cal blanca. Rejas pintadas.
Un vaso. Un enfermero.
Haloperidol por la mañana
para devolverle una lucidez
que no sirve para gobernar,
solo para sentarse en un banco.

[Estribillo — más cargado]
Delirios presidenciales
en un jardín demasiado geométrico.
Ya no nombra a Haifa.
Rusia se le queda en la boca
como un sabor antiguo.
La extrema derecha
es solo una mancha en el pasillo.
Los informes dicen «mejoría».
Su cuarto dice silencio.

[Puente 2 — casi recitado]
—¿Hoy hay lanchas?
—Hoy hay viento.
El viento le basta.
Escribe una línea y la tacha:
«Yo lo vi primero».
La vuelve a escribir.
La vuelve a tachar.

Lo que se inventa no es el sitio.
Es el sentido.

[Estrofa final]
Al otro lado del Estrecho
Ceuta sigue siendo Ceuta:
herida, española, africana,
discutida cada verano,
olvidada cada otoño.
Nadie la conquistó con un plan de tres potencias.
La conquistó una narración
demasiado grande para un hombre
y demasiado pequeña para un país.

[Outro — voz baja, fade]
Delirios presidenciales…
sella el archivo,
cierra el cuaderno sin tapas,
apaga la tiza.
Una luz al otro lado del agua.
Demasiado cerca para ser extranjera.
Demasiado lejos para ser consolada.
Clínica Forense
Haloperidol.
Viento.
Fin.


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