Serie Los Mamporreros, los socios del Gobierno. Episodio Primero
Capítulo 1: La Llamada en la Noche Madrileña
En las tripas de Madrid, donde el humo de los cigarros baratos se mezcla con el hedor a corrupción y whisky derramado, yo, el detective Raúl «El Cuervo» Mendoza, pasaba las noches en mi oficina destartalada. Era un tugurio en la Gran Vía, con vistas a los neones parpadeantes que prometían placeres que nadie cumplía. Mi vida era un cliché del género negro: divorciado, alcohólico, con una pistola oxidada en el cajón y deudas que me perseguían como sombras en un callejón oscuro.
Aquella noche de febrero de 2026, el teléfono sonó como un disparo en el silencio. Era una voz ronca, distorsionada por un modulador barato. «Cuervo, necesito que investigues algo. Los mamporreros del Gobierno están enredados en un lío gordo. Saunas, socios, y el suegro del Presidente. Te pago el doble si lo mantienes en secreto.»
¿Mamporreros? Esa palabra me sonaba a algo vulgar, a esos tipos que facilitan el apareamiento en las granjas, pero en política, era peor: los socios del Gobierno de Pedro Sánchez. Esos partidos periféricos que sostenían el poder a cambio de favores, como perros guardianes con collares de oro. PNV, EH Bildu, Esquerra, Jodemos y Restar, Junts… Todos ellos, parapetando los negocios turbios.
Acepté el caso. No por el dinero, sino porque el cinismo me corroía el alma. En este país, el Gobierno no caía; se reinventaba con aliados que olían a traición.
Salí a la calle, el frío me mordió la cara. Madrid era una jungla de asfalto donde los lobos vestían trajes caros. Me dirigí a la primera pista: una sauna en las afueras, propiedad del suegro de Sánchez. El viejo Villarejo, decían las malas lenguas, había convertido sus baños termales en centros de «negocios especiales». Prostitución, blanqueo, o algo peor. Y los mamporreros lo cubrían todo con su manto de impunidad parlamentaria.
Entré en el local, el vapor me envolvió como una niebla traicionera. Una rubia de ojos vacíos me guiñó un ojo. «Bienvenido, guapo. ¿Masaje o algo más?»
«Información», gruñí. Saqué una foto del suegro. Ella palideció. «No sé nada. Pregúntale al jefe.»
El jefe era un tipo fornido, con tatuajes que gritaban «mafia». Me echó a patadas. Primera lección: los mamporreros no dejan cabos sueltos.
Capítulo 2: El RH Negativo de los Vascos Puros
Al día siguiente, mi investigación me llevó al norte, a Bilbao. El PNV, ese partido de raíces racistas, fundado por Sabino Arana y su obsesión con el RH negativo y la pureza de la raza vasca. Eran los mamporreros perfectos: nacionalistas que vendían su alma por presupuestos estatales, mientras soñaban con una Euskadi libre de «impuros».
Me reuní con un informante en un bar de pintxos, un exmilitante del PNV que ahora vivía de chivatazos. «Los vascos puros», dijo con sorna, «protegen las saunas porque el suegro les debe favores. Inversiones en energías renovables que son tapaderas para blanqueo. Sánchez les da millones, y ellos miran para otro lado.»
Bebimos txakoli hasta que el mundo giró. Salí a la lluvia bilbaína, sintiendo el cinismo como un peso en el pecho. ¿Purez racial? En un mundo mestizo, era una excusa para el poder. Seguí una pista: un contable del PNV que frecuentaba las saunas. Lo encontré en un hotel, con una maleta llena de documentos.
«¿Qué quieres, Cuervo?», balbuceó.
«La verdad sobre los mamporreros.»
Me atacó con un cuchillo. Lo desarmé, pero escapó. Dejé Bilbao con moretones y dudas. El PNV no era solo nacionalismo; era un engranaje en la máquina de corrupción.
De vuelta en Madrid, recibí una amenaza: una nota en mi puerta. «Deja de husmear, o terminarás como Arana: olvidado.»
Capítulo 3: Herederos de ETA y Admiradores del Führer
EH Bildu era el siguiente en la lista. Herederos de ETA, blanqueadores del terrorismo etarra y ahora de Hamás. Admiradores del nacionalsocialismo de Hitler, disfrazados de progresistas. En Vitoria, me infiltré en una manifestación. Banderas independentistas ondeaban como promesas rotas.
Un contacto, una viuda de un guardia civil asesinado por ETA, me dio el chivatazo. «Bildu protege las saunas porque reciben fondos de Oriente Medio. Hamás envía dinero a través de ONGs, y Sánchez les da amnistía a cambio de votos. Es un pacto con el diablo.»
La seguí a un sótano oscuro. Allí, documentos mostraban transferencias: saunas como lavanderías de dinero terrorista. Un tipo de Bildu, con ojos fríos como el acero, nos descubrió. «Vosotros no entendéis. Es por la causa.»
Disparos en la noche. Huí con la viuda, pero ella cayó herida. La dejé en un hospital anónimo. El cinismo me invadió: ¿Cuántas vidas por un Gobierno inestable? Bildu no era redención; era reciclaje de odio.
Regresé a Madrid con pruebas parciales. Los mamporreros se unían como una hidra: corta una cabeza, crecen dos.
Capítulo 4: Falangistas Reconversos y Sueños Marroquíes
Barcelona era el territorio de Esquerra Republicana. Reconversos falangistas de la burguesía catalana, salidos de las páginas de sociedad de La Vanguardia Española y las JONS del Movimiento. Ahora, anhelaban convertir Cataluña en una provincia de Marruecos, llenándola de mezquitas financiadas por petrodólares.
En las Ramblas, me encontré con un periodista caído en desgracia. «Esquerra parapeta las saunas del suegro porque él invierte en Marruecos. Tráfico de influencias: votos por permisos de construcción. Mezquitas en cada esquina, y saunas como centros de espionaje.»
Lo seguí a una reunión secreta en un palacete modernista. Allí, líderes de Esquerra negociaban con emisarios marroquíes. «Cataluña será nuestra», susurraban. Saqué fotos, pero me pillaron. Una persecución por las calles empedradas, balas silbando como serpientes.
Escapé por un pelo, con el periodista muerto a mis espaldas. El noir de mi vida se teñía de rojo. Esquerra no era independencia; era sumisión disfrazada de orgullo.
Capítulo 5: Tontos Útiles de Soros y la Agenda 2030
Jodemos y Restar –un juego de palabras con Podemos y Sumar– eran los tontos útiles de los sorosianos y la Agenda 2030. Despoblación, Cambio Climático como excusa para todos los males. En Valencia, donde el sol quemaba como la hipocresía, investigué sus conexiones.
Una activista desilusionada me confió: «Protegen las saunas porque el suegro financia sus campañas verdes. Agenda 2030: menos gente, más control. Soros envía cheques, y Sánchez les da ministerios.»
Infiltrado en una comuna ecológica, descubrí documentos: saunas como hubs de datos para vigilancia climática. Un líder de Jodemos me confrontó. «Es por el planeta, Cuervo. Tú no lo ves.»
Una trampa: gas somnífero. Desperté atado, pero me liberé. Huí quemando el lugar. El cinismo ardía: ¿Salvar el mundo? Solo salvaban sus culos.
Capítulo 6: El Millonario de Waterloo en el Maletero
Junts, el partido del millonario de Waterloo –Puigdemont, huido en un maletero de Ford Fiesta–. Desde Bélgica, dirigía hilos como un titiritero cínico.
Viajé a Bruselas, la ciudad de burócratas corruptos. Un espía jubilado me dijo: «Junts parapeta las saunas porque el suegro les debe millones. Puigdemont usa el exilio para blanquear fondos.»
En Waterloo, irrumpí en su mansión. Documentos everywhere: transferencias a saunas españolas. Me capturaron guardias. «El jefe te saluda», rieron.
Puigdemont apareció, sonriente. «Cuervo, únete. El poder es un maletero: entras apretado, sales rico.»
Lo golpeé y huí en un Fiesta robado. Ironía noir.
Capítulo 7: La Red de los Mamporreros
De vuelta en Madrid, uní las piezas. Los mamporreros –PNV, Bildu, Esquerra, Jodemos, Junts– formaban una red que protegía las saunas del suegro de Sánchez. Blanqueo, terrorismo, racismo, agendas globales, todo entrelazado en un tapiz de cinismo.
Confronté al suegro en su mansión. «Admítelo, viejo. Tus saunas son el corazón de la corrupción.»
Rió. «Sin los mamporreros, Sánchez cae. Y yo con él.»
Una emboscada: matones de todos los partidos. Luché, disparos, sangre. Escapé herido, con pruebas.
Epílogo: El Cinismo Eterno
En un bar oscuro, entregué las pruebas al cliente anónimo. «Aquí está. Los mamporreros sostienen el Gobierno, pero el precio es el alma de España.»
El cliente era un rival político. «Gracias, Cuervo. Usaré esto.»
Salí a la noche. Nada cambiaría. El cinismo reinaba: Gobiernos caen, pero la corrupción resucita. Bebí solo, esperando el próximo caso. En este mundo negro, los héroes mueren; los mamporreros prosperan.
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