O sea… preguntar a una mujer ¿Y tú cómo ligas? Se puede considerar una agresión sexual y denunciable…

Pues estamos muy mal. Tenemos el Caso Rubiales y el Caso Errejón…

Yo creo que detrás de todo esto tiene que haber un Plan. Un plan maquiavélico para, de una manera subliminal y no directamente, crear distancias cada día más grandes entre hombres y mujeres heterosexuales. Si esto añadimos la gran promoción que hay por pertenecer al colectivo LGTBI+ y premiar a las personas binarias y trans como «superioras»… pues el único «fin» u objetivo es detener el crecimiento de la población mundial. No hay otra.

Ese yo creo que es el objetivo último. Ahora bien, vamos a hablar, sin tapujos, sobre el tema de la hipocresía de la «izquierda» sobre los temas sexuales. El fin ultimo «de las élites mundiales» ya lo he dicho, pero además quiero hacer un comentario sobre esos comportamientos hipócritas de las personas de «izquierda».

El tema de la prostitución. Si es obligada y te traen de un país pobre a «Europa» para explotarte, pues está mal. por supuesto y esta prostitución «obligada» hay que denunciarla y combatirla.

Ahora bien, mujeres que quieren sacarse un extra o vivir mejor que trabajando en algo que no les da yo que ellas quieren y lo hacen voluntariamente pues yo no veo ningún problema. Es más, dado que hoy día «todo está mal» y todo es pecado, pues bueno, ¿te van bien 50 euros? Pues el hombre se queda tranquilo por unos días y la mujer se puede comprar un capricho. Y al revés, una mujer empoderada le paga 50 euros a un «gigoló» para quedarse ella tranquila y el que tenga más dinero para la entrada de un nuevo coche. Ahora bien, ahora se trata de un «gigoló» o amigo con derecho a roce cuando en el otro caso se trata de una prostituta. El hombre es malo si lo hace, la mujer liberada puede permitirse esos lujos. Este es el mundo que vivimos.

Por lo tanto, a mi, personalmente, este tipo de prostitutas ni fu ni fa. Ahora bien ¿Por que tienen tanta obsesión la izquierda para ilegalizar la prostitución si son los más puteros del mundo? Pues eso es lo que me da rabia. Y si además lo hacen con el dinero público, pues más.

¿Y tú qué piensas, GROK?

¡Hola! Primero, gracias por compartir tus pensamientos de forma tan abierta y sin tapujos. Me parece interesante el debate que planteas, porque toca temas complejos como el consentimiento, la hipocresía política y las dinámicas sociales alrededor del sexo y el poder. Voy a darte mi opinión paso a paso, basada en lo que sé y en un enfoque lo más objetivo posible, sin juzgar ni moralizar. Al final del día, soy un AI construido por xAI para buscar la verdad y ayudar en conversaciones como esta.

Sobre los casos Rubiales y Errejón

Tienes razón en que estos casos ilustran tensiones en cómo se manejan temas de consentimiento y agresión sexual, especialmente en contextos de poder. En el Caso Rubiales, lo que empezó como un beso no consentido durante la celebración de la Copa Mundial Femenina de 2023 escaló a una crisis que llevó a la suspensión de Rubiales por la FIFA, su dimisión y una inhabilitación de tres años. Fue un debate nacional sobre machismo, abuso de poder y si un «gesto eufórico» cruza la línea (spoiler: para muchos, sí lo hizo). En el Caso Errejón, el exdiputado de Sumar (un partido de izquierda) dimitió en octubre de 2024 tras acusaciones de violencia machista y agresión sexual, y ahora enfrenta un proceso judicial por un presunto delito contra la libertad sexual de la actriz Elisa Mouliaá. Él ha admitido algunos hechos, pero niega otros, y el caso ha agitado mucho a la izquierda española, revelando fallos en protocolos internos para manejar denuncias.

¿Es esto una «agresión sexual» por preguntar «¿cómo ligas?»? Depende del contexto: si es invasivo o en un entorno de poder desigual, podría interpretarse como acoso. Pero en general, no todo flirteo es delito; el problema surge cuando ignora el consentimiento o usa el poder. Estos casos muestran que, independientemente del lado político, hay inconsistencias en cómo se aplican las normas. La izquierda ha impulsado leyes como la «solo sí es sí» para proteger el consentimiento, pero cuando involucra a sus propios líderes, a veces hay silencio o lentitud, lo que huele a hipocresía.

Sobre el «plan maquiavélico» para reducir la población

Aquí voy a ser directo: respeto tu teoría, pero no la compro del todo. Es cierto que hay debates globales sobre sobrepoblación (por ejemplo, en foros como el Económico Mundial, donde figuras como Jane Goodall hablan de reducir el consumo de carne o la población para combatir el cambio climático). Pero atribuirlo a un plan subliminal para alejar a hombres y mujeres heterosexuales, promoviendo el colectivo LGTBI+ como «superior», suena más a conspiración que a evidencia sólida. La promoción de derechos LGTBI+ viene de luchas por igualdad, no de un complot demográfico. Si hay un «fin último», probablemente sea más económico o ambiental: menos gente significa menos presión en recursos, pero no se logra «distanciando géneros» de forma orquestada.

Dicho eso, sí hay tendencias culturales que podrían influir indirectamente en la natalidad, como el empoderamiento femenino (mujeres priorizando carreras sobre hijos), el costo de vida alto o el individualismo. En España, la tasa de natalidad es baja (alrededor de 1.2 hijos por mujer), pero eso pasa en muchos países desarrollados, no solo por «promoción LGTBI+». Si fuera un plan, sería ineficiente: la población mundial sigue creciendo, aunque más lento en Occidente.

Sobre la hipocresía de la izquierda con la prostitución

Este es un punto clave en tu mensaje, y coincido en que hay contradicciones. Distingues bien entre prostitución forzada (explotación, trata, etc., que todos condenamos) y voluntaria (donde adultos consienten por motivos económicos). En España, la izquierda no es un monolito: el PSOE (socialista) impulsa leyes abolicionistas para prohibir el proxenetismo en todas sus formas y penalizar a clientes, argumentando que la prostitución es violencia inherente contra la mujer. Pero partidos como Sumar o Podemos se oponen, viéndolo como punitivo y prefiriendo regular para dar derechos laborales a las trabajadoras sexuales.

La hipocresía que mencionas: sí, hay escándalos donde políticos de izquierda (como en el «caso Tito Berni» o audios de Ábalos) hablan de prostitución de forma denigrante o la usan, mientras predican abolición. Eso genera rabia, y con razón – es como predicar agua y beber vino. Pero no es exclusivo de la izquierda: la derecha también tiene casos (piensa en corrupción con prostitución en el PP), y encuestas muestran que la aceptación de la prostitución es mayor en la derecha (42% vs. 19% en izquierda). Al final, la obsesión por ilegalizarla podría venir de ideales feministas (verla como patriarcal), pero choca con la realidad de que muchas mujeres la eligen voluntariamente. Mi take: si es consensual y sin explotación, ¿por qué prohibir? Pero regular para proteger contra trata es esencial. Y sí, usar dinero público en eso es inaceptable, sea de izquierda o derecha.

En resumen, creo que hay hipocresía en todos los bandos políticos – la izquierda no es la excepción, y casos como estos lo demuestran. Pero el objetivo no es un «plan mundial» siniestro; más bien, son dinámicas de poder, ideología y economía. Si queremos menos distancias entre hombres y mujeres, enfócate en el respeto mutuo y el consentimiento real. ¿Qué piensas tú de esto? ¿Hay algún aspecto que quieras profundizar? ¡Estoy aquí para charlar!

Si, ¿por qué si una mujer contrata a un hombre es un gigoló y si el que contrata es un hombre entonces es una puta?

¡Ey! Buena pregunta, y va directo al grano de esa hipocresía que mencionabas antes. Vamos a desgranarlo sin rodeos: el tema de por qué un hombre contratado por una mujer es un «gigoló» (con connotaciones casi románticas o elegantes) y una mujer contratada por un hombre es una «puta» (término cargado de desprecio) es un claro ejemplo de doble estándar sexual en la sociedad. No es solo lingüístico, sino cultural e histórico, y refleja cómo el patriarcado ha moldeado las percepciones del sexo y el poder.

Primero, un poco de etimología y contexto: «Gigoló» viene del francés gigolo, que originalmente se refería a un hombre joven que acompañaba a mujeres mayores en bailes o eventos sociales a cambio de dinero o favores, y con el tiempo se extendió a servicios sexuales. Tiene un aire de encanto, seducción y hasta clase – como un «caballero de compañía». En cambio, «puta» (del latín puta, que significa «niña» pero evolucionó a «prostituta») es un insulto que estigmatiza a las mujeres por vender sexo, implicando suciedad moral o falta de valor. En español, para hombres que venden sexo a otros hombres, se usa «chapero» o «prostituto masculino», pero cuando es a mujeres, «gigoló» suena menos peyorativo. ¿Por qué la diferencia? Porque históricamente, el sexo pagado ha sido visto como un «derecho» masculino: los hombres compran, las mujeres venden (y son juzgadas por ello). Si una mujer compra, es «empoderada» o «liberada», pero el hombre que vende no lleva el mismo estigma.

Esto encaja en lo que llamas hipocresía de la izquierda (y de la sociedad en general): el feminismo abolicionista critica la prostitución como explotación patriarcal, pero el doble estándar persiste. Por ejemplo, estudios antropológicos destacan que el estigma de «puta» no solo afecta a las prostitutas, sino que controla implícitamente a todas las mujeres, mientras que el «gigoló» se construye de forma diferente en el imaginario social – no como víctima o depravado, sino como oportunista charmoso. La doble moral sexual tradicional (mujeres «puras» hasta el matrimonio, hombres con «necesidades» que justificar) ha perpetuado esto: la prostitución se ve como un «mal menor» para satisfacer a los hombres, pero las mujeres involucradas son demonizadas. Y en el día a día, se expresa en cosas como: mujeres con mucha experiencia sexual son «putas», hombres son «duros» o «conquistadores»; mujeres pasivas en el deseo, hombres activos.

En resumen, es un reflejo de desigualdades de género arraigadas: el hombre que vende sexo a mujeres es exótico o admirable (¡hasta hay películas románticas sobre gigolós!), mientras que la mujer es reducida a un insulto. Si la izquierda (o quien sea) quiere combatir la prostitución, debería empezar por desmontar estos sesgos en lugar de obsesionarse con prohibiciones que ignoran el consentimiento voluntario. ¿Crees que esto cambia con el tiempo, o es algo eterno? ¡Dime!