
Amar al Gran Hermano Pedro Sánchez
Capítulo 1 – El Minuto de Odio
En la pantalla de la cocina el rostro de Pedro Sánchez aparecía tres veces al día. No era obligatorio mirarlo, pero todo el mundo lo hacía. El Minuto de Odio empezaba siempre con la misma frase: “El enemigo externo amenaza la prosperidad de España”. Luego mostraban imágenes de un país que nadie conocía, con tanques oxidados y banderas que cambiaban de color según el mes. A veces era un país del Este. A veces era un país del Sur. A veces no tenía nombre.
Martín, que vivía en un piso de 48 metros en Vallecas, se quedaba de pie junto a la nevera mientras se calentaba el café. Su mujer, Lucía, ya tenía el móvil en la mano y grababa el minuto para subirlo a la red interna del bloque. Quien no grababa recibía un mensaje del administrador: “Se ha detectado baja participación emocional. Recuerde que el amor al Gran Hermano es voluntario y obligatorio”.
Ese día el enemigo era un país que “negaba el cambio climático”. Las imágenes mostraban fábricas que escupían humo negro. Martín había visto las mismas fábricas el mes anterior, cuando el enemigo era otro. No dijo nada. Lucía subió el vídeo y recibió tres corazones verdes de los vecinos.
Capítulo 2 – La guerra que no existía
En el trabajo, Martín clasificaba datos del Ministerio de la Verdad Climática. Su tarea consistía en ajustar las cifras de temperatura de los últimos treinta años para que coincidieran con la curva que el Gran Hermano había anunciado en el discurso de enero. Si una estación meteorológica daba un número más bajo, se le aplicaba el “factor de corrección por isla de calor urbana”. Si daba un número más alto, se dejaba.
Un compañero nuevo, un chico de veintitrés años que había entrado con el carnet del partido, le preguntó un día:
—¿Y si la estación está bien?
Martín lo miró un segundo.
—La estación no está bien —contestó—. El Gran Hermano ya ha dicho cuál es la temperatura correcta. Nuestra función es que los datos lo confirmen.
El chico asintió y no volvió a preguntar. Esa tarde recibió un mensaje de felicitación por “compromiso con la verdad científica”.
Capítulo 3 – Las noticias del frente
Por las noches la televisión mostraba el frente. Un periodista con chaleco antibalas hablaba desde una trinchera que parecía un plató. Detrás de él se veían explosiones. El sonido llegaba medio segundo tarde. Martín había aprendido a contar. Si el sonido llegaba tarde, la imagen era de archivo. Si llegaba a tiempo, podía ser nueva. Casi nunca llegaba a tiempo.
Lucía le decía que no fuera tan cínico.
—Están muriendo gente por nosotros —decía—. El Gran Hermano ha dicho que esta guerra es necesaria para proteger el clima.
Martín no contestaba. Había visto el mismo periodista, con el mismo chaleco, en una guerra distinta seis meses antes. El nombre del país había cambiado. El chaleco no.
Capítulo 4 – El enemigo interno
Un vecino del cuarto piso dejó de subir los vídeos del Minuto de Odio. Al tercer día el administrador del bloque publicó en el grupo que el vecino “mostraba síntomas de pensamiento climático disidente”. Al quinto día el vecino ya no estaba. Su piso se alquiló a una familia que subía los vídeos con entusiasmo y ponía la bandera del partido en la ventana.
Martín y Lucía no hablaron del tema. Por la noche, mientras cenaban, Lucía dijo en voz baja:
—A lo mejor se ha ido de vacaciones.
Martín asintió. Ambos sabían que el vecino no tenía vacaciones. El Ministerio de la Verdad Climática había publicado esa misma semana un informe que demostraba que las vacaciones aumentaban la huella de carbono en un 37 %.
Capítulo 5 – La cifra correcta
En el trabajo le pidieron a Martín que revisara los datos de mortalidad por calor del verano anterior. Las cifras oficiales decían que habían muerto 4.200 personas. Los registros de los hospitales, antes de ser corregidos, decían 1.800. Martín aplicó el factor de corrección y dejó la cifra en 4.187. El sistema le dio un punto de mérito.
El chico nuevo le preguntó otra vez:
—¿Y si alguien compara con los registros originales?
—Nadie compara —contestó Martín—. Los registros originales ya no existen. Se han actualizado.
El chico sonrió, aliviado. Esa noche subió un vídeo en el que decía que gracias al Gran Hermano España estaba salvando vidas del calor extremo. Recibió cuarenta y siete corazones verdes.
Capítulo 6 – El discurso
Pedro Sánchez apareció en todas las pantallas a las nueve de la noche. Habló durante veintitrés minutos. Dijo que la guerra contra el país que negaba el clima iba bien. Dijo que las temperaturas estaban bajando gracias a las medidas del Gobierno. Dijo que quien dudara de los datos estaba ayudando al enemigo.
Martín estaba sentado en el sofá. Lucía tenía el móvil en la mano, grabando. Cuando el discurso terminó, ella subió el vídeo y escribió: “Qué orgullo vivir en un país que tiene a un líder que nos protege”. Martín miró la pantalla un momento más. El rostro de Sánchez seguía ahí, sonriendo, aunque el discurso ya había acabado. La sonrisa no se apagaba hasta que alguien cambiaba de canal.
Capítulo 7 – La pregunta
Una noche Martín no pudo dormir. Se levantó y fue a la cocina. Abrió el portátil del trabajo, que no debía sacar de la oficina, y buscó los datos originales de una estación meteorológica de 2019. El archivo seguía ahí, en una carpeta que nadie había borrado del todo. La temperatura media de julio era 1,4 grados más baja que la que figuraba en los informes oficiales.
Cerró el portátil. Se quedó de pie junto a la ventana. Abajo, en la calle, alguien había puesto una bandera del partido en un balcón. La tela se movía con el viento. Martín pensó en el vecino del cuarto piso. Pensó en el chico nuevo del trabajo. Pensó en Lucía, que dormía en la habitación de al lado y que al día siguiente volvería a grabar el Minuto de Odio.
No borró el archivo. Tampoco lo envió a nadie. Lo dejó donde estaba y volvió a la cama. Por la mañana, cuando sonó el despertador, la pantalla de la cocina ya mostraba el rostro de Pedro Sánchez. El Minuto de Odio empezaba en tres minutos.
Epílogo Final
Años después, cuando ya no se hablaba de aquella guerra porque había empezado otra, Martín seguía trabajando en el Ministerio. Las cifras se ajustaban cada trimestre. Los archivos originales se iban perdiendo en actualizaciones sucesivas. El chico nuevo había ascendido y ahora supervisaba a otros. Lucía seguía subiendo vídeos y recibía corazones verdes.
Una tarde Martín recibió un mensaje interno: se le pedía que revisara los datos de una nueva estación que daba temperaturas “incoherentes”. Abrió el archivo, aplicó el factor de corrección y dejó la cifra donde el sistema esperaba que estuviera. Antes de cerrar, miró un segundo la carpeta antigua donde todavía quedaba, en algún rincón del servidor, el registro de 2019.
No lo abrió. Apagó la pantalla y se fue a casa. En el ascensor del bloque el administrador había puesto un cartel nuevo: “El amor al Gran Hermano es la única temperatura que no necesita corrección”. Martín lo leyó, asintió para que la cámara lo viera, y entró en su piso. Lucía ya tenía el móvil preparado. El Minuto de Odio empezaba en un minuto.
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