A ver, GROK, escríbeme una novela del género negro y cínico, con título “Caso Julio Iglesias. La mafia dominicana de la PSOE de JB propone un intercambio de cromos a la mafia de la PePa” de 7000 palabras y con 7 capítulos y un epílogo final, basada en lo siguiente:

Hoy ha salido el Caso Julio Iglesias, un cantante español acusado de abusos sexuales sobre 2 asistentes dominicanas que trabajaban para él. Ha pasado ya tiempo y puede ser un caso que tenían “las cloacas del PSOE” guardado para “avisar” a “las cloacas del PP” que si sacan a los políticos del PSOE implicados en las saunas del suegro de Pedro Sánchez, tienen también documentación de “peces gordos” políticos del PP implicados también en las saunas del suegro. Es una sauna por la que han pasado hasta obispos y personajes de Galapagar de relevada importancia política.

El cantante Julio Iglesias era una persona de derechas y seguramente se iría de juerga con ellos y, claro, están fichados por las cloacas dominicanas de JB. Julio Iglesias es “el aviso”

Caso Julio Iglesias. La mafia dominicana del PSOE de JB propone un intercambio de cromos a la mafia de la PePa

Capítulo 1: El Cantante Olvidado

En las calles húmedas de Madrid, donde el neón parpadea como un ojo moribundo, yo, el detective Ramiro «El Cuervo» Vargas, me arrastraba por otro caso que olía a podredumbre política. Era el tipo de noche en que el whisky sabe a remordimiento y las sombras susurran secretos que nadie quiere oír. Mi oficina, un cuchitril en la Gran Vía, estaba iluminada por una bombilla colgante que bailaba como un ahorcado. El teléfono sonó, rompiendo el silencio como un disparo en una iglesia.

Era mi contacto en la prensa, un ratoncillo llamado Paco, siempre oliendo a tinta y traición. «Cuervo, ¿has visto las noticias? Julio Iglesias, el viejo crooner, acusado de abusar de dos asistentes dominicanas. Dicen que las tenía en su mansión, sirviéndole copas y algo más. Ha salido ahora, después de años. ¿Coincidencia?»

Coincidencia, mi culo. Julio Iglesias, el rey del bolero, el seductor eterno con su sonrisa de dentadura postiza y su voz que derretía bragas en los 80. Derechista confeso, amigo de los peces gordos del PP. Y ahora, esto. Dos mujeres dominicanas, inmigrantes con pasados borrosos, saliendo de la nada con relatos de noches turbias en su yate o en su finca de Miami. Pero yo sabía que nada sale de la nada en este país de traidores y oportunistas.

Me encendí un cigarro, el humo subiendo como las mentiras de un político en campaña. El PSOE estaba en el poder, Pedro Sánchez con su sonrisa de vendedor de coches usados, y su suegro metido en saunas que no eran para sudar el estrés laboral. Saunas donde obispos bendecían pecados y figuras de Galapagar –ese nido de izquierdistas hipócritas– se mezclaban con derechistas en orgías de poder. «Las cloacas», las llamaban. Las del PSOE, orquestadas por un tal JB –Juan Bernardo, el fantasma dominicano que movía hilos desde Santo Domingo–, y las del PP, siempre listas para contraatacar.

Este caso apestaba a intercambio de cromos. Un aviso: si el PP saca la mierda del suegro de Sánchez, el PSOE suelta la de sus propios gordos. Julio era el peón, el cantante olvidado que ahora cantaba ópera en los tribunales.

Salí a la calle, el frío mordiéndome como un amante despechado. Necesitaba hablar con las víctimas. O con los verdugos disfrazados de víctimas.

Capítulo 2: Las Dominicanas en la Sombra

Las encontré en un bar cutre de Lavapiés, donde el reggaetón ahogaba las conversaciones y el ron fluía como sangre en una pelea de navajas. María y Rosa, dos hermanas con ojos oscuros y curvas que habían visto mejores días. Vestían como si esperaran un milagro, pero sus miradas decían que los milagros se habían agotado.

«¿Por qué ahora?», les pregunté, deslizando un sobre con billetes bajo la mesa. El soborno, el lubricante de la verdad en este mundo cínico.

María, la mayor, sorbió su bebida. «Nos contactaron. Un hombre con acento caribeño. Dijo que era hora de hablar. Nos dio dinero, abogados. Dijo que Julio pagaría por lo que nos hizo en el 2015, en su villa de Punta Cana.»

Rosa asintió, sus uñas rojas tamborileando. «Era un cerdo. Nos prometía visados, fama. Pero solo quería… ya sabe.»

¿Lo sabía? Claro. Iglesias, con su fama de donjuán, había dejado un rastro de corazones rotos y demandas silenciadas. Pero esto era diferente. El hombre del acento: JB, el capo dominicano del PSOE. Un emigrante que había escalado de las calles de Santo Domingo a los pasillos del poder en Madrid, controlando redes de inmigrantes, favores y chantajes. «La mafia dominicana del PSOE», la llamaban en susurros. JB proponía intercambios: información por lealtad, silencio por protección.

Investigué más. Las saunas del suegro de Sánchez –un tal Sabiniano, empresario de dudosa reputación– eran legendarias. Lugares donde políticos del PSOE y PP se encontraban en neutralidad pecaminosa. Obispos católicos, hipócritas con sotanas, bendecían el vicio. Y figuras de Galapagar, como ese exvicepresidente con coleta, que predicaba igualdad mientras disfrutaba privilegios.

Julio había estado allí. Fotos borrosas en mis archivos: él con un ministro del PP, brindando en toalla. Fichado por las cloacas. Ahora, el PSOE lo usaba como bala de aviso.

Pero ¿quién filtró el caso? Seguí el rastro a un periodista del PP, un lameculos llamado Enrique, que olía a venganza.

Capítulo 3: Las Cloacas del Poder

Enrique me recibió en un café de la Puerta del Sol, con vistas a manifestantes que gritaban contra la corrupción como si importara. «Cuervo, el PSOE está nervioso. El suegro de Sánchez, ese viejo verde, tiene saunas que son burdeles disfrazados. Han pasado por allí desde Aznar hasta Zapatero, obispos y hasta el rey emérito en sus días locos.»

Reí con cinismo. «Y Julio?»

«Es el chivo expiatorio. Derechista, amigo de Rajoy. JB, ese dominicano astuto, tiene dossiers. Lo sacaron ahora porque el PP amenaza con exponer al suegro. Intercambio de cromos: ‘No saques nuestra mierda, o soltamos la vuestra’.»

Las cloacas: redes de espías, prostitutas y grabaciones. La del PSOE, con JB al mando, usaba inmigrantes dominicanos como ojos y oídos. La del PP, «la PePa» como la llamaban en código, respondía con sus propios trucos.

Visité una sauna. Húmeda, oscura, con vapores que ocultaban rostros. Un obispo, reconocible por su cruz, charlaba con un diputado. «Bendito sea el vapor», murmuró. Cynismo puro.

Allí, un informante susurró: «Julio venía con chicas dominicanas. JB las reclutaba. Ahora, las usa contra él.»

El puzzle se armaba. Pero alguien me seguía. Sombras en la niebla.

Capítulo 4: El Aviso Cantado

Julio Iglesias en persona. Lo encontré en su mansión de Marbella, rodeado de guardaespaldas y botellas vacías. Viejo, arrugado, pero con esa voz que aún seducía. «Detective, soy inocente. Esas mujeres mienten. Fue consensual, años atrás.»

Cínico, le mostré fotos de las saunas. «Amigo de la PePa, ¿eh? Y ahora, el PSOE te usa como advertencia.»

Suspiró. «Política sucia. Iba de juerga con ministros del PP. Nos grabaron. JB, ese hijo de puta, controla todo desde República Dominicana. Propone intercambio: mi caso por silencio sobre el suegro de Sánchez.»

Hablamos horas. Julio, derechista, había financiado campañas del PP. Ahora, pagaba el precio. Las acusaciones: exageradas, pero con granos de verdad. Abusos en un mundo donde el poder compra silencio.

Salí, con un dossier que me dio: nombres de PSOE en saunas. Pero en el coche, un tiroteo. Balas silbando. Cloacas atacando.

Capítulo 5: La Mafia Dominicana

Viajé a Santo Domingo. Calor asfixiante, calles caóticas. JB, el fantasma, vivía en una fortaleza. Su mafia: inmigrantes en España, espiando para el PSOE. «Intercambio de cromos», decían. Datos por protección.

Lo encontré en un club, rodeado de bellezas. «Cuervo, ¿buscas verdad? Julio es aviso. Si PP saca saunas de Sabiniano, soltamos obispos y galapagareños del PP.»

Cínico, bebí con él. Reveló: saunas grabadas, vídeos con políticos bisexuales, orgías interpartidarias. Obispos católicos en pecado. Galapagar: izquierdistas predicando moral mientras follaban.

«Proponemos paz», dijo. «O guerra de dossiers.»

Regresé a Madrid, con pruebas. Pero la PePa contraatacó: filtraciones sobre Sánchez.

Capítulo 6: El Intercambio

Reunión secreta en un sótano de Moncloa. Representantes de cloacas: PSOE con dominicanos, PP con espías. Yo, el mediador cínico.

«Intercambio: Julio por suegro», dijo el de PSOE.

PP rio. «Tenemos más: obispos en vuestras saunas.»

Negociaron como mafiosos. Cromos: dossiers cambiados. Julio, sacrificado, pero caso diluido.

Fuera, María y Rosa esperaban pago. Verdaderas víctimas, usadas como peones.

Disparos. Traición. Un obispo muerto, disfrazado.

Capítulo 7: La Traición Final

Caos en Madrid. Filtraciones masivas. Saunas expuestas: nombres del PSOE y PP. Obispos dimitiendo, Galapagar en escándalo.

Julio, absuelto por falta de pruebas, pero arruinado. «Aviso recibido», murmuró.

Descubrí: JB traicionado por su propia mafia. PePa infiltrada.

Yo, herido en tiroteo, bebía solo. Cinismo: todos culpables, nadie castigado.

Epílogo: El Bolero Silencioso

Años después, en una barra, oí un bolero de Julio. Viejo, olvidado. Política seguía: nuevos escándalos, mismas cloacas.

María y Rosa, ricas pero rotas. JB, muerto en tiroteo. Saunas cerradas, pero vicios continuaban.

Yo, el Cuervo, fumaba en la oscuridad. En este mundo negro, el intercambio nunca acaba. Solo cambian los cromos.

Y la música sigue, cínica, seductora, mintiendo eternamente.