Título: El Interrogatorio REID que someterá Trump a Maduro
Capítulo 1: El Golpe Maestro en el Tablero Global
En el año 2047, el mundo se había convertido en un vasto tablero de ajedrez donde las piezas no eran de marfil o ébano, sino de carne y hueso, manipuladas por manos invisibles que olían a dólar y a petróleo. Donald J. Trump, el eterno retornado, había ejecutado su golpe maestro. Desde su torre dorada en Mar-a-Lago, convertida ahora en el epicentro de un nuevo orden mundial, había orquestado la detención de Nicolás Maduro. No fue un asalto militar convencional; eso sería demasiado predecible para un hombre que jugaba al ajedrez con drones y memes virales.
Todo comenzó con una partida de golf en la que Trump, con su gorra roja descolorida por el sol de Florida, susurró a un embajador anónimo: «Es hora de jaque mate al rey rojo». Horas después, un enjambre de agentes encubiertos, disfrazados de turistas con camisetas de «Make America Great Again», irrumpieron en una mansión venezolana disfrazada de paraíso caribeño. Maduro, en pijama con estampado de bananas (un regalo irónico de algún aliado bananero), fue capturado mientras intentaba huir en un carrito de golf eléctrico que se quedó sin batería a los diez metros.
El mundo distópico de 2047 era un caos absurdo: las redes sociales dictaban leyes, los influencers eran ministros, y las criptomonedas financiaban revoluciones. Trump, reelegido por quinta vez gracias a un glitch en el sistema electoral que nadie se molestó en arreglar, proclamó: «¡He salvado al mundo del socialismo! Ahora, desmontaremos las redes sorosianas, una por una». Las «redes sorosianas» eran un mito urbano elevado a doctrina estatal: organizaciones supuestamente financiadas por George Soros, tejiendo telarañas de progresismo chavista por el globo. Trump las veía como peones enemigos en su gran partida.
Una red en particular capturó su atención obsesiva: la asociada al ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero y la aerolínea Plus Ultra. Zapatero, el eterno mediador con sonrisa de vendedor de enciclopedias, había sido acusado de tejemanejes con el régimen venezolano. Plus Ultra, una compañía aérea que parecía salida de un chiste malo –volaba aviones que olían a naftalina y servía bocadillos de jamón sintético–, era el nexo. Y luego estaba Delcy Rodríguez, la vicepresidenta venezolana, envuelta en un escándalo de maletas en el aeropuerto de Madrid. Se rumoraba que esas maletas no llevaban ropa, sino oro, documentos comprometedores y quizás un par de loros entrenados para repetir consignas chavistas.
Trump, en su sala de guerra –un bunker con pantallas gigantes y un dispensador de Diet Coke infinito–, marcó el objetivo. «Zapatero es el alfil, Plus Ultra la torre, y Delcy la dama negra. Maduro nos dará las coordenadas». Así comenzó el interrogatorio REID, una técnica de interrogación reinventada por Trump: «Reid» no era el método policial clásico, sino «Reidiculización Extrema e Interminable con Datos», un absurdo ritual donde el interrogado era bombardeado con memes, fake news y monólogos trumpianos hasta quebrarse.
Maduro fue trasladado a una celda en Guantánamo 2.0, una isla flotante en el Atlántico que cambiaba de posición cada hora para evitar rescates. Allí, encadenado a una silla ergonómica (porque incluso en la distopía, la OSHA exigía comodidad), esperaba su destino. Trump, proyectado en holograma gigante, sonreía: «Nicolás, amigo, vamos a jugar al ajedrez. Tú eres el peón, yo el rey. ¿Listo para confesar?»
Capítulo 2: La Preparación del Tablero Absurdo
En las profundidades de Guantánamo 2.0, el aire olía a salitre y a hot dogs recalentados. Maduro, con su bigote ahora desaliñado como un cepillo de dientes usado, observaba cómo los guardias instalaban el set de interrogatorio. No era una sala gris y fría; era un estudio de reality show, con luces LED parpadeantes, un público de robots aplaudiendo y un cartel luminoso que decía: «El Interrogatorio REID: ¡Donde la verdad se vuelve viral!»
Trump había reinventado la distopía: todo era espectáculo. Las cámaras transmitían en vivo a una red privada de sus seguidores, donde los likes determinaban la intensidad de las preguntas. «Si llegamos a un millón de likes, activamos el modo meme extremo», explicaba Trump en su holograma preparatorio. Los preparativos incluían un tablero de ajedrez gigante proyectado en el suelo, donde cada pieza representaba a un jugador en la red sorosiana. El rey enemigo era Soros en persona, aunque nadie lo había visto en años; se decía que era un holograma él mismo.
Zapatero aparecía como el alfil español: un hombrecillo con gafas que se movía en diagonal, mediando conflictos que nadie pedía. Plus Ultra era la torre aérea, un avión de juguete que volaba en círculos. Delcy Rodríguez, la dama, cargaba maletas que se abrían solas, derramando oro ficticio y pasaportes falsos. Maduro, el peón capturado, estaba en el centro.
Los interrogadores no eran agentes del FBI; eran comediantes fallidos contratados por Trump. El jefe, un tipo llamado «El Bufón Reid», vestía un traje a rayas con una corbata que cambiaba de color según el detector de mentiras integrado. «Señor Maduro, ¿sabe por qué estamos aquí? Porque Trump quiere desmontar su red progresista. Empecemos con lo básico: ¿Cuánto le pagó Soros a Zapatero por mediar en Venezuela?»
Maduro, confundido, balbuceó: «¿Soros? ¿Ese es el de las pizzas hawaianas?» El Bufón activó el primer nivel REID: un bombardeo de memes. Pantallas mostraban a Zapatero bailando salsa con Maduro, subtitulado: «Progresismo chavista: ¡Baila o muere!» Maduro rio nerviosamente, pero el absurdo recién comenzaba.
Mientras tanto, en Madrid, Delcy Rodríguez, exiliada en un ático con vistas al Retiro, recibía alertas en su smartwatch chavista (un reloj que solo marcaba la hora de Caracas). «Hermana, han capturado a Nicolás. Trump viene por nosotras». Ella, con sus maletas legendarias ahora convertidas en arte conceptual, planeaba una contraofensiva absurda: volar a Plus Ultra con un ejército de loros mensajeros.
Trump, desde su torre, movía piezas: «Envíen drones a España. Zapatero es el siguiente». El mundo observaba, hipnotizado por el espectáculo distópico donde la política era un circo eterno.
Capítulo 3: El Interrogatorio Comienza: Memes y Mentiras
El interrogatorio REID entró en fase absurda. Maduro, sentado en la silla que vibraba cada vez que mentía (un invento trumpiano patentado como «Truth Shaker»), enfrentaba al Bufón Reid. «Señor Maduro, cuéntenos sobre Plus Ultra. ¿Por qué una aerolínea quebrada volaba directos a Caracas con maletas sospechosas?»
Maduro sudaba: «Era para turistas. Les dábamos arepas gratis». El Bufón presionó un botón, y el tablero proyectado cobró vida: un avión de Plus Ultra despegaba, pero en lugar de pasajeros, llevaba maletas antropomórficas que gritaban «¡Viva Chávez!» Delcy aparecía como holograma, cargando una maleta que explotaba en confeti rojo.
«¡Mentira!», gritó el Bufón. «Sabemos que Zapatero usó Plus Ultra para transportar fondos sorosianos. En 2020, Delcy aterrizó en Madrid con maletas llenas de… ¿qué? ¿Oro? ¿Documentos? ¿O eran maletas de Schrödinger, que contenían todo y nada?»
Maduro, riendo histéricamente por el absurdo, confesó parcialmente: «Eran maletas diplomáticas. Zapatero mediaba, sí, pero era por la paz. Soros… él enviaba donaciones para ONGs progresistas». El detector vibró: media verdad. Trump, observando remoto, intervino vía holograma: «Nicolás, eres un peón malo. Cuéntame sobre la red: cómo Soros financiaba el chavismo vía España».
El interrogatorio escaló al nivel dos: «Reidiculización con Datos Falsos». El Bufón recitaba: «Según mis fuentes (un tuit de 2018), Zapatero recibió un yate de Soros disfrazado de avión de Plus Ultra. Delcy lo usó para smuggling de memes anti-Trump». Maduro, quebrándose, admitió: «Zapatero nos ayudó con diálogos. Plus Ultra era el puente aéreo para… aliados».
En el mundo exterior, la distopía se intensificaba. En España, manifestantes con máscaras de Trump quemaban effigies de Zapatero, mientras Soros, desde su bunker húngaro (o wherever), tuiteaba: «Fake news. Soy solo un filántropo». Pero Trump contraatacaba con deepfakes: videos de Soros jugando ajedrez con Maduro, perdiendo estrepitosamente.
Delcy, en su ático, activaba su plan absurdo: enviaba un vuelo de Plus Ultra cargado de globos con mensajes: «Liberen a Maduro o liberamos los loros». Los loros, programados con IA chavista, graznaban consignas en aeropuertos globales.
Maduro, exhausto, susurraba: «La red es más grande. Involucra a Europa entera». Trump sonreía: jaque.
Capítulo 4: Revelaciones en el Abismo Distópico
El capítulo cuatro del interrogatorio REID alcanzó picos de absurdo surreal. La sala se transformó: paredes derretidas como en un Dalí político, con relojes marcando horas chavistas (siempre atrasadas). Maduro, ahora con un sombrero de cowboy trumpiano forzado sobre su cabeza, confesaba bajo un diluvio de confeti digital.
«¡Bien, Nicolás! Háblame de Delcy y las maletas», demandaba el Bufón, mientras drones miniatura volaban alrededor, grabando close-ups. Maduro, hipnotizado por el caos, reveló: «En 2020, Delcy llegó a Madrid con 40 maletas. No era oro; eran servidores cuánticos sorosianos, programados para hackear elecciones y promover progresismo. Zapatero las recibió en Barajas, disfrazado de maletero».
El tablero proyectado animaba la escena: Zapatero, con bigote falso, cargando maletas que levitaban. Plus Ultra era el camuflaje: vuelos «humanitarios» que transportaban ideología enlatada. «Soros financiaba todo: ONGs en Venezuela, campañas en España. El chavismo era el modelo para un mundo progresista absurdo, donde todos bailan salsa mientras el dólar colapsa».
Trump, excitado, ordenaba: «Desmonten la red. Drones a Plus Ultra». En tiempo real, aviones de la aerolínea eran interceptados por enjambres de drones trumpianos, que pintaban «MAGA» en sus alas. Zapatero, en su retiro español, recibía una llamada holográfica: «José Luis, eres el siguiente. Confiesa o baila».
Delcy, huyendo en un jet privado (prestado por un oligarca ruso confundido), aterrizaba en una isla distópica donde loros gobernaban. Allí, planeaba un contraataque: liberar virus meméticos que convertían a la gente en chavistas bailadores.
Maduro, quebrado, firmaba una confesión: «La red sorosiana es un hydra. Corte una cabeza, crecen dos». Pero Trump, maestro ajedrecista, movía su reina: una alianza con IA global para rastrear fondos. El mundo temblaba: economías colapsaban en absurdos, con monedas convertidas en NFTs de gatos bailando.
Capítulo 5: El Jaque Mate Absurdo
En el clímax, el interrogatorio REID culminó en un caos orquestado. Maduro, ahora aliado involuntario, guiaba a Trump por la red virtual: un metaverso sorosiano donde avatares de Zapatero y Delcy jugaban ajedrez eterno. «Allí están los archivos», señalaba Maduro, mientras su avatar tropezaba con maletas digitales.
Trump, en persona (o su clon, nadie sabía), entraba al metaverso: un titán dorado con pelo imposible. «¡Jaque mate!», gritaba, derribando piezas. Plus Ultra se disolvía en píxeles, Zapatero confesaba en un live stream: «Era por la paz, pero Soros pagaba bien». Delcy, capturada por loros traidores, era extraditada.
El mundo distópico celebraba: fuegos artificiales en forma de torres Trump iluminaban cielos. Las redes sorosianas colapsaban, replaced por trumpismo absurdo: todos llevaban gorras rojas, bailaban al ritmo de himnos golfísticos.
Maduro, liberado como peón reciclado, se convertía en caddie de Trump. «Ganaste la partida», admitía.
Epílogo: El Eco del Tablero Vacío
Años después, en 2050, el mundo era un desierto distópico de absurdos. Trump, rey eterno, jugaba ajedrez solo, con piezas que se rebelaban. Maduro, Zapatero y Delcy eran hologramas en un museo: «Los Peones Derrotados». Soros, mito olvidado, quizás reía desde las sombras.
Pero en un rincón español, una maleta abandonada se abría sola, liberando un loro que graznaba: «La partida continúa». El absurdo nunca muere; solo cambia de tablero.
(Fin)
Este relato ha sido creado por GROK con el siguiente PROMPT:
A ver, GROK, escríbeme una novela del género de la distopía y el absurdo, con título “El Interrogatorio REID que someterá Trump a Maduro” de 4000 palabras y con 5 capítulos y un epílogo final, basada en lo siguiente:
Tras el golpe maestro de Trump con la detención de Maduro y su intención de volver a ser el dominador absoluto del orden mundial, como si fuera una partida de ajedrez, ahora quiere desmontar las redes de organizaciones sorosianas alrededor del mundo asociadas al progresismo chavista.
Una de ellas, la asociada al ex Presidente español Zapatero y la compañía aérea Plus Ultra le llama su atención por su relación, además de con Maduro, con Delcy Rodríguez y su lio con las maletas en el aeropuerto de Madrid.
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