Título: El Plan de la Unión Europea sobre Venezuela y Groenlandia

Capítulo 1: Los Payasos en el Circo de Bruselas

En el año 2042, Europa no era más que un vasto circo derruido, donde los leones eran burócratas famélicos y los trapecios colgaban de hilos de deuda soberana. Al mando de este espectáculo grotesco estaban los Seis Payasos Magníficos, reclutados por los sorosianos, esa cábala de titiriteros globales que operaban desde búnkeres submarinos en el Atlántico. Von der Brujer, con su maquillaje corrido como una bandera europea descolorida, era la directora del caos. Micron, el francés enano, jugaba con bombas nucleares como si fueran pelotas de ping-pong. Starmer, el británico traidor, patinaba sobre pilas de promesas incumplidas. Merz, el alemán rígido, inflaba globos con gas lacrimógeno. Saunez, el español flamenco, bailaba sobre ruinas económicas mientras cantaba himnos a la pobreza. Y Zelenski, el ucraniano incansable, saltaba en un cañón humano gritando «¡Gloria a la guerra eterna!».

Los sorosianos los habían sacado directamente de psiquiátricos de élite, donde la ignorancia se cultivaba como un viñedo fino. «La ignorancia es la fuerza», murmuraban, citando a Orwell como si fuera un recetario de venenos. Estos líderes no distinguían un tratado de paz de un ticket de lotería, pero eso era el encanto. En las cumbres de Bruselas, Von der Brujer declaraba: «¡Camaradas payasos! Hoy forjaremos el 1984 perfecto. ¡La guerra es la paz!» Y todos reían con narices rojas que pitaban como sirenas de alarma, mientras confeti de decretos represivos llovía del techo abovedado.

El plan sorosiano era un caos orquestado: convertir Europa en un laberinto de vigilancia perpetua, donde cada ciudadano llevaba un chip que medía su lealtad al «progreso». Pero los lemas invertidos eran la joya de la corona. La obsesión por Ucrania no era defensa, sino distracción. «¡Más armas para Kiev!», aullaba Zelenski, sus zapatos de payaso chirriando contra el mármol. «¡La guerra nos trae paz duradera, como un abrazo de osos rusos!» Los sorosianos, desde sus pantallas holográficas, aplaudían: cada bomba era un paso hacia la sumisión total.

Al otro lado del océano, Estados Unidos tramaba lo opuesto. Marco Rubio, con su sonrisa de tiburón inmobiliario, había urdido un plan para Venezuela que haría llover petrodólares. «¡Venezuela será rica de nuevo!», proclamaba en rallies con sombreros de cowboy. Su esquema: tuberías mágicas que extraían petróleo y lo convertían en oro líquido para exportar a Marte. Pero los sorosianos veían la amenaza: una Venezuela próspera rompería su red de dependencia.

Y luego estaba Trump, el titán anaranjado, obsesionado con Groenlandia. «¡Compraré esa roca helada y la haré un casino ártico!», tuiteaba desde su fortaleza en Florida. Su plan: enriquecer a los groenlandeses con minas de hielo eterno y proteger América con murallas de pingüinos armados. «¡Los mares del Ártico serán nuestro escudo!», rugía, mientras dibujaba mapas con rotuladores dorados.

Los sorosianos, enfurecidos, convocaron a sus marionetas. «¡Sabotead estos planes yanquis!», ordenaron. Así nació el absurdo plan europeo sobre Venezuela y Groenlandia.

Capítulo 2: La Esclavitud como Libertad Suprema

En las costas mediterráneas, los payasos habían erigido puertos flotantes de bienvenida falsa. «¡La esclavitud es la libertad!», proclamaba Saunez, agitando su abanico como un látigo invisible. Bajo este lema, armadas de barcos oxidados traían «voluntarios» de África: cadenas no de metal, sino de contratos eternos y sueños rotos. «¡Bienvenidos al paraíso europeo!», tronaban los megáfonos, mientras drones con ojos luminosos los guiaban a factorías subterráneas donde ensamblaban gadgets para los sorosianos.

Micron, con su estatura de duende malévolo, supervisaba las llegadas. «En Francia, os llamamos ‘ciudadanos liberados’. ¡Trabajad hasta el agotamiento y hallaréis la libertad en el olvido!» Los migrantes construían monumentos ridículos: una Estatua de la Libertad con grilletes, símbolo de la «inclusión orwelliana». Starmer, desde un Londres nublado, importaba legiones para barrer las cenizas del Brexit. «¡Ignorancia es fuerza! ¡No educación, solo obediencia ciega!»

Merz, el payaso teutón, organizaba trenes de «reubicación» que serpenteaban por Europa. «En Alemania, la eficiencia es clave. ¡Esclavos felices producen Volkswagen voladores!» Zelenski, no contento con Ucrania, proponía enviar «ayuda humanitaria» inversa: africanos al frente oriental. «¡Luchad por nuestra paz guerrera!»

Von der Brujer coordinaba el caos desde Bruselas, firmando directivas que convertían fronteras en trampas. Los sorosianos reían: cada «refugiado» era un voto manipulado, un engranaje en la máquina de control.

Mientras, en Washington, Rubio refinaba su plan venezolano. «¡Invertiremos en pozos infinitos! Venezuela exportará petróleo a las estrellas.» Su visión: ciudades flotantes sobre el Orinoco, ricas en democracia y dólares. Trump, por su parte, negociaba con Groenlandia. «¡Os haré millonarios con turismo polar! Y protegeré América de invasores árticos con láseres de hielo.»

Los sorosianos, alarmados, idearon contraataques. «¡Enviad payasos a sabotear!», ordenaron. Saunez partió a Venezuela disfrazado de torero, Micron a Groenlandia como esquimal.

Capítulo 3: La Ignorancia como Fuerza Invencible

En los pasillos de los psiquiátricos europeos, reclutadores sorosianos cazaban talentos. «¡La ignorancia es la fuerza!», coreaba Von der Brujer, seleccionando líderes con coeficientes intelectuales negativos. Merz, ex paciente de Berlín, recordaba sus días de terapia: «¡Pensar duele! ¡Mejor obedecer!» Starmer, de un manicomio londinense, balbuceaba políticas incoherentes. Zelenski, estrella de un asilo kievita, convertía delirios en decretos.

Estos líderes ignorantes gobernaban con decretos absurdos: impuestos al pensamiento, subsidios a la estupidez. En Ucrania, la guerra se eternizaba. «¡Más tanques para la paz!», exigía Zelenski, enviando payasos a las trincheras. Los sorosianos manipulaban: cada batalla distraía de la ruina interna.

Rubio, en Miami, presentaba su plan ante inversores. «¡Venezuela renacerá! Pozos que producen no solo óleo, sino esperanza.» Su estrategia: alianzas con empresas que transformarían el caos chavista en prosperidad. Trump, en Mar-a-Lago, firmaba «tratados» con esquimales ficticios. «¡Groenlandia será nuestra fortaleza ártica! Ricos groenlandeses, América segura.»

Los sorosianos contraatacaron con propaganda. «¡Los planes yanquis son imperialismo helado!», gritaban sus medios. Enviaron a Starmer a infiltrar Groenlandia, disfrazado de oso polar, y a Merz a Venezuela como «asesor económico» que promovía quiebras.

En Bruselas, una cumbre secreta: «¡Un plan unificado contra Venezuela y Groenlandia!» Von der Brujer dibujó un mapa ridículo: flechas de caos apuntando al Atlántico.

Capítulo 4: El Sabotaje Transatlántico

Saunez aterrizó en Caracas como un torero perdido, con una capa roja que decía «Paz Guerrera». Su misión: infiltrar el plan de Rubio. «¡Venezolanos, uníos a nuestra esclavitud libre!», predicaba en plazas. Pero los locales, hartos de caos, lo ignoraron. Rubio, alertado, desplegó drones que rociaban confeti anti-sorosiano. «¡Nuestro plan es imparable! Petróleo para todos.»

En Groenlandia, Micron esquiaba disfrazado, susurrando a los locales: «¡Rechazad a Trump! La ignorancia ártica es fuerza.» Pero los groenlandeses, con el plan trumpiano de casinos helados, reían. Trump tuiteaba: «¡Mi muro ártico será legendario! Protección y riqueza.»

Zelenski, desde Kiev, lanzaba misiles verbales. «¡Ucrania necesita Groenlandia para la paz!» Los sorosianos orquestaban ciberataques: hackers payasos que borraban mapas venezolanos.

Von der Brujer, en pánico, convocó una «operación final»: flotas europeas hacia el Ártico, cargadas de «ayuda» esclava. Starmer lideraba: «¡Invadamos en nombre de la libertad encadenada!»

Rubio contraatacó con alianzas: petroleros venezolanos rumbo a Groenlandia, fusionando planes. Trump rugía: «¡Unidos contra los payasos!»

El choque fue absurdo: barcos europeos chocando icebergs, payasos resbalando en hielo.

Capítulo 5: El Colapso del Circo

En el clímax, Bruselas ardía en confeti inflamable. Los payasos, expuestos, huían: Von der Brujer en un globo aerostático, Micron en un submarino de juguete. Los sorosianos, desde sus búnkeres, veían su imperio crumbling.

Venezuela, bajo Rubio, florecía: ríos de petróleo convertidos en ciudades utópicas. Groenlandia, con Trump, era un paraíso: groenlandeses ricos, América blindada por mares helados.

Zelenski, último payaso, gritaba en Ucrania: «¡La guerra perdida es paz ganada!» Pero el pueblo se rebelaba, derrocando marionetas.

Europa, liberada de ignorancia, renacía. Los lemas orwellianos se desvanecían como humo.

Trump y Rubio brindaban: «¡Planes victoriosos!»

Epílogo: El Amanecer Absurdo

Años después, en un mundo rehecho, los sorosianos exiliados en islas olvidadas planeaban revanchas. Pero Venezuela brillaba, Groenlandia prosperaba. Europa, curada de payasos, abrazaba libertad verdadera.

Un último payaso, anónimo, susurraba: «El caos vuelve siempre.» Pero el absurdo había terminado, o eso creían.

Este relato ha sido creado por GROK con el siguiente Prompt:

A ver, GROK, escríbeme una novela del género de la distopía y el absurdo, con título “El Plan de la Unión Europea sobre Venezuela y Groenlandia” de 4000 palabras y con 5 capítulos y un epílogo final, basada en lo siguiente:

Von der Brujer, Micron, Starmer, Merz, Saunez y Zelenski son 6 payasos contratados por los sorosianos para ponerlos al frente de los países de la Unión Europea y manejarlos como marionetas para convertir Europa en un caos y una sociedad semejante a la descrita por George Orwell en su novela 1984 y siguiendo sus lemas

  1. La guerra es la Paz y por eso su obsesión en la guerra de Ucrania
  2. La esclavitud es la libertad y por eso su obsesión de traer esclavos de África
  3. La ignorancia es la fuerza y por eso su obsesión de reclutar líderes en la Unión Europea de Psiquiátricos.

Estados Unidos, a través de Rubio tiene un Plan para volver a hacer rica y próspera Venezuela, mientras el propio Trump tiene otro Plan genial para hacer ricos o los groenlandeses y, a su vez, proteger al Pueblo americano a través de los mares del Ártico que circundan a Groenlandia.

Y los globalistas sorosianos quieren que los planes de los americanos fracasen