Título: Familiares de presos venezolanos del chavismo pidieron al PSOE auxilio y Ferraz no les quiso oir
Capítulo 1: La Sombra de Ferraz
En las calles húmedas de Madrid, donde el humo de los cigarrillos se mezcla con el hedor a corrupción política, yo, Javier Ruiz, un periodista que había visto demasiados escándalos para creer en la redención humana, me encontraba en mi bar habitual, El Olvido. Era uno de esos lugares donde los perdedores se congregan para ahogar sus ilusiones en vasos de whisky barato. Yo era uno de ellos, con mi libreta manchada de tinta y mi cinismo afilado como una navaja.
Esa noche de noviembre de 2024, el barman, un tipo con más tatuajes que dientes, me sirvió otro trago. «Javier, tienes cara de haber perdido una apuesta con el diablo», murmuró. Le ignoré y me concentré en el televisor, donde un presentador parloteaba sobre la crisis venezolana. Presos políticos, torturas, el régimen de Maduro. Nada nuevo bajo el sol. El mundo era un pozo séptico, y los políticos, los gusanos que lo gobernaban.
Entonces entró ella. Yajaira González, con ojos hundidos por el insomnio y una carpeta bajo el brazo que parecía pesar más que su alma. Se sentó a mi lado, pidió un café negro y empezó a hablar sin preámbulos. «Señor Ruiz, he leído sus artículos. Usted escribe sobre la podredumbre. Necesito que escuche esto». Su voz era un susurro cargado de desesperación, pero yo olía a historia. Una buena, quizás. Le dije que hablara, y ella lo hizo.
Me contó sobre su cuñada, Rocío San Miguel, recién liberada después de meses en una celda infernal, y su hermano Alejandro, aún pudriéndose en El Rodeo. Habían venido a España buscando auxilio, apoyados por la oposición venezolana. Redactaron cartas, documentos detallados por una periodista exiliada. Y fueron a Ferraz, la sede del PSOE. «Ni un acuse de recibo», dijo ella, con una risa amarga. «Entregamos la carta, y fue como tirar una piedra al vacío. Zapatero, ese mediador de pacotilla, ni nos miró».
Yo asentí, cínicamente. El PSOE, el partido de los «progresistas», ignorando a víctimas del chavismo. ¿Sorprendente? No. En política, la solidaridad es solo un eslogan para campañas electorales. Decidí investigar. Por curiosidad, o quizás por el aburrimiento de mi vida vacía. Salí del bar con Yajaira, bajo la lluvia que lavaba las calles pero no las conciencias.
Capítulo 2: Puertas Cerradas
Al día siguiente, nos plantamos frente a Ferraz. El edificio era un monolito gris, símbolo de un partido que había olvidado sus raíces obreras por el poder. Yajaira llevaba copias de los documentos: testimonios de torturas, fotos borrosas de presos demacrados. Yo, mi grabadora y mi escepticismo.
Entramos. La recepcionista, una mujer con sonrisa plástica, nos miró como si fuéramos mendigos. «Entreguen la carta», dijo, sin levantar la vista. Yajaira la extendió, explicando la urgencia. Presos muriendo de hambre, torturados. La mujer la tomó, la metió en un cajón y nos despidió con un «ya veremos». Ni sello, ni firma, ni acuse. Nada. Como si las vidas humanas fueran papel higiénico.
Fuera, Yajaira temblaba de rabia. «En el Parlamento Europeo, al menos nos dieron un recibo. Un sellito ridículo, pero algo». Yo fumé un cigarro, pensando en la ironía. Europa, con sus burócratas bien pagados, fingía preocuparse. España, con sus lazos históricos a Venezuela, se lavaba las manos. Zapatero había mediado en diálogos fallidos, ganando puntos con Maduro mientras ignoraba a las víctimas.
Decidí cavar más profundo. Contacté a testigos: familiares que habían ido meses atrás, recibiendo el mismo silencio. Uno, un hombre mayor con acento caraqueño, me dijo: «Es como gritar en un cementerio. Nadie oye». Cynically, pensé en los donativos chavistas a partidos europeos. ¿Coincidencia? En el mundo noir, nada lo es.
Esa noche, en mi apartamento desordenado, revisé el informe del CLIPPVE: «Prisión injusta, celdas inhumanas». Detalles que helaban la sangre: custodios burlándose de llantos familiares, comida con gusanos, agua turbia. Un preso entró con 60 kilos, salió con 39. Desnutrición extrema, como en un campo de concentración disfrazado de cárcel.
Me serví un whisky. Esto no era solo negligencia; era complicidad cínica.
Capítulo 3: Celdas Inhumanas
Flashback a Venezuela, a través de las palabras de Yajaira. Imaginé las prisiones: El Rodeo, Tocorón, Yare. Lugares donde la humanidad se evaporaba como humo.
Alejandro González, su hermano, detenido por protestar contra el régimen. «Lo metieron en una celda con veinte hombres, sin luz, sin aire», contó ella. Custodios escuchaban visitas, luego se mofaban. «Llorábamos al verlos, y ellos reían». No podías quejarte; represalias venían en forma de palizas o aislamiento.
El informe detallaba muertes: Jesús Manuel Medina, 36, muerto en noviembre 2024 por falta de atención médica. Súplicas ignoradas, informes ONU archivados. Jesús Rafael Álvarez, 44, y Osgual González, 43, mismos destinos. «El Estado los mató», dijo Yajaira.
Comida descompuesta: arroz con cucarachas, gusanos. Agua amarilla, de pozo, que provocaba diarreas eternas. «Mi hijo perdió 21 kilos», gritó una madre en el documento. Yo, en Madrid, comía un sándwich rancio, sintiendo náuseas por empatía fingida.
Investigué más: contacté a María Laura Márquez, activista que organizaba «La Mesa de los que Esperan» en la Castellana. Mesas vacías simbolizando 900 presos ausentes en fiestas. «Navidad sin ellos es un infierno», dijo. Cynically, pensé: en España, fiestas con cava y jamón, mientras allá morían.
Decidí ir a la Castellana. Bajo luces navideñas, familias compartían fotos de seres queridos encadenados. Un niño preguntó: «¿Cuándo vuelve papá?». Nadie respondió. El cinismo del mundo: solidaridad en redes, indiferencia en realidad.
Capítulo 4: Contrastes Europeos
Mientras Ferraz callaba, otras puertas se entreabrían. Yajaira me llevó al Parlamento Europeo en Bruselas. Viajamos en tren, ella contando anécdotas amargas. «En la UE, nos recibieron. Un acuse, un sello. Nada más, pero al menos reconocimiento».
Allí, burócratas con trajes caros escucharon. Tomaron notas, prometieron informes. Cynically, supe que acabarían en cajones. Pero contrastaba con el PSOE: Zapatero, ex presidente, mediador con Maduro, ignorando a víctimas. ¿Amistad? ¿Dinero? Rumores de consultorías millonarias.
De vuelta en Madrid, visité embajadas: Colombia, México, Brasil, Japón. La «Ruta Global por la Justicia» del Comité. En cada una, familiares entregaban cartas. Algunas respondían con diplomacia vacía; otras, silencio. Pero ninguna tan fría como Ferraz.
Contacté a Antonio Ledezma, ex alcalde exiliado. En un café madrileño, con guardaespaldas, dijo: «No bastan comunicados. Mano firme». Su voz, ronca por exilio, destilaba cinismo. «Europa mira para otro lado mientras Maduro tortura».
Yo anotaba, bebiendo café amargo como la verdad.
Capítulo 5: Torturas Sistemáticas
Profundicé en las tinieblas: torturas documentadas. Un detenido en Tocorón: «Nos desnudaban, amenazaban con palos de escoba. Golpes en la nuca». Adolescentes: un chico de 16, electrocutado, amenazado con drogas plantadas.
Visitas vejatorias: mujeres obligadas a desnudarse, agacharse. «Me sentí violada», dijo una familiar de Yare. Cynically, pensé en los «defensores de derechos» en España, marchando por causas lejanas pero ignorando estas.
Yajaira compartió más: su hermano Alejandro, golpeado por custodios. «Le rompieron costillas por quejarse de la comida». El régimen, chavista, usaba prisiones como herramientas de represión.
Investigué muertes: Medina, Álvarez, González. Familias suplicaron atención médica; ONU documentó violaciones. Nada. Muertos bajo custodia, como en dictaduras pasadas.
En mi apartamento, rodeado de papeles, fumé hasta el amanecer. El mundo era un circo de crueldad, y yo, el payaso cínico que lo narraba.
Capítulo 6: La Voz del Vaticano
Los familiares, desesperados, golpearon puertas santas. Carta al Papa León XIV, entregada en la Nunciatura. «Eleve su voz por la liberación», pedían. Cynically, dudé: el Vaticano, maestro en diplomacia, rara vez confronta dictadores.
Yajaira me mostró la carta: respetuosa, suplicante. «Maduro libera a algunos para aparentar, como Rocío, pero cientos quedan».
Ledezma, en otra reunión, urgió: «Volteen los ojos allá». Su exilio en España, irónico: libre aquí, mientras aliados del PSOE coqueteaban con Caracas.
Investigué lazos: Zapatero, dialogando con Maduro, ignorando víctimas. ¿Por qué Ferraz callaba? Rumores de influencias, donativos. En el noir, siempre hay dinero sucio.
Una noche, seguí a un funcionario del PSOE. Bar oscuro, reunión con un venezolano sospechoso. Sobres intercambiados. ¿Pruebas? No, pero olía a podredumbre.
Capítulo 7: El Silencio Eloquente
Clímax en Ferraz: organicé una protesta con familias. Carteles, gritos. «¡Auxilio para Venezuela!». Medios llegaron, pero el PSOE envió guardias. Nos dispersaron, sin respuesta.
Yajaira confrontó a un portavoz: «¿Por qué ignoran?». Silencio. Cynically, supe: política. Alianzas con izquierda latinoamericana, miedo a ofender Maduro.
Descubrí un memo interno: «Ignorar peticiones venezolanas; priorizar diálogos». Complicidad.
Enfrenté a Zapatero en un evento. «Señor, ¿por qué no oyen?». Él sonrió: «Trabajamos por paz». Mentira cínica.
La protesta acabó en lluvia, familias derrotadas. Nada cambió.
Epílogo: Indiferencia que Clama al Cielo
Meses después, enero 2026, Rocío libre pero marcada. Alejandro aún preso. Ferraz, silencio absoluto. Familias continúan periplo: UE, embajadas, Vaticano. Respuestas vacías.
Yo escribí el artículo, publicado en un diario marginal. Pocos lo leyeron. El mundo siguió: políticos fingiendo, víctimas sufriendo.
En El Olvido, brindé por la ironía. La humanidad, un chiste cruel. Ferraz no oyó, y el cielo, sordo, no clamó.
Fin.
ESte relato ha sido creado por GROK con el siguiente Prompt:
A ver, GROK, escríbeme una novela del género negro y cínico, con título “Familiares de presos venezolanos del chavismo pidieron al PSOE auxilio y Ferraz no les quiso oir” de 7000 palabras y con 7 capítulos y un epílogo final, basada en lo siguiente:
Familiares de presos políticos venezolanos denuncian que la sede del PSOE en la calle Ferraz se negó a atender sus peticiones de ayuda. Ni siquiera les proporcionaron un acuse de recibo de la documentación entregada, según han confirmado varios testigos que han acudido en los últimos meses a las puertas del Partido Socialista en busca de apoyo.
Yajaira González, cuñada de Rocío San Miguel —excarcelada en las últimas horas— y familiar de Alejandro González, quien permanece detenido en El Rodeo, ha relatado a OKDIARIO las circunstancias de sus visitas infructuosas. «Fuimos a la sede del PSOE. Ni tan siquiera al entregar la carta nos dieron un acuse de recibo. Con Zapatero nunca tuvimos acceso. «, ha declarado González.
La activista ha explicado que acudieron «apoyadas» por la oposición venezolana y que la documentación fue redactada por una periodista venezolana. Sin embargo, la respuesta de Ferraz ha sido el silencio más absoluto.
«En el PSOE ni siquiera nos pusieron firma y sello. Recibieron la carta, pero como que si nada», ha denunciado González con evidente frustración.
Esta desatención tiene relación con la situación dramática que viven los presos políticos en Venezuela. Según un informe elaborado por el Comité de Familiares y Amigos por la Libertad de los Presos Políticos (CLIPPVE), las condiciones de reclusión son deplorables.
Un documento, que titularon Prisión injusta, celdas inhumanas, detalla que «son tan malos, tanto así que nos escuchaban hablar con nuestros familiares y, cuando subíamos a nuestras celdas, se burlaban de nosotros, porque cuando veíamos a nuestros familiares llorábamos y ellos lo que hacían era burlarse». Explican que los presos no pueden quejarse por riesgo a represalias y más torturas.
El informe documenta casos de desnutrición extrema. Una madre ha denunciado: «Mi hijo entró pesando 60 kilos y salió pesando 39 kilos, perdió 21 kilos». Otros testimonios describen comida «descompuesta, con animales (cucarachas, gusanos y cocos)» y agua «amarilla, de pozo», «turbia, con mal olor y mal sabor».
Muertes bajo custodia
Entre noviembre y diciembre de 2024 murieron tres personas bajo custodia del Estado venezolano: Jesús Manuel Medina (36), Jesús Rafael Álvarez (44) y Osgual González (43). El informe señala que «a pesar de las súplicas de su familia e informes de la ONU que documentaban las violaciones a sus derechos humanos, no recibió atención médica oportuna».
El contraste con otras instituciones no puede ser más llamativo. González ha explicado que en el Parlamento Europeo «nos recibieron en la carta, en la recepción, por lo menos ahí ellos sí nos dieron un acuse de recibo, un sellito».
La activista María Laura Márquez ha organizado acciones en varios países europeos, incluyendo la «Mesa de los que esperan» en el paseo de la Castellana de Madrid, donde se visibilizó la ausencia de «alrededor de 900» presos políticos que no podrán celebrar las fiestas con sus familias.
El Comité por la Libertad de los Presos Políticos ha realizado una «Ruta Global por la Justicia y la Libertad» que ha incluido embajadas de Colombia, México, Brasil y Japón, así como la Delegación de la UE en Caracas.
Torturas y tratos degradantes
El informe del CLIPPVE documenta prácticas de tortura sistemática. Un detenido en Tocorón ha relatado: «Al principio, cuando llegamos, fuimos maltratados por los custodios en varias ocasiones, nos desnudaban, nos amenazaban, nos daban por la nuca, siempre cargaban un palo de escoba y con eso nos amedrentaban».
En el caso de los adolescentes detenidos, una madre ha denunciado que a su hijo de 16 años «le pegaron hombres y mujeres. Le pasaron corriente en las manos y le querían colocar una funda negra con un polvo blanco».
Las condiciones de las visitas también son vejatorias. Una familiar relató su experiencia en Yare: «Me sentí violada, me obligaron a desnudarme al frente de otras mujeres, a pegarme contra la pared, a que me agachara y abriera las piernas».
Petición al Vaticano
Los familiares también solicitaron la intervención del papa León XIV mediante una carta entregada en la Nunciatura Apostólica. «Le pedimos, respetuosamente, que eleve su voz y, a través de los medios que considere apropiados, solicite a la Administración de Nicolás Maduro la liberación inmediata e incondicional de todos los presos políticos», reza el documento.
El ex alcalde de Caracas Antonio Ledezma, exiliado en España, fue contundente: «Necesitamos que volteen los ojos hacia allá. No solamente es decir y hacer comunicados. Es poner una mano firme».
Mientras tanto, las familias continúan su periplo por instituciones internacionales, golpeando puertas que a menudo permanecen cerradas. El silencio de Ferraz fue, en este contexto, un elocuente testimonio de una indiferencia que clama al cielo.
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