La Gran Evasión es una película que vi cuando iba al colegio de los Hermanos Maristas de la Inmaculada de la calle Valencia de Barcelona. Todos los sábados por la tarde había sesiones de cine y, siempre, antes de comenzar la película ponían el NO-DO del Movimiento del Caudillo. 50 años después este NO-DO se repite en la Primera de TVE en el Programa Malas Lenguas del Payaso Jesús Cintora. Otro payaso, Javier Ruiz, presenta al Fraudillo, el hijo pródigo del Caudillo, como Pedro Saunez. Y la Secta TV de Florentino Pérez también actúa como correa trasmisora del Progresismo woke. Es decir, el mismo NO-DO de los mismos perros pero con diferentes collares.
A ver GROK, créame una novela del género de la distopía y el absurdo, con título “La Gran Evasión de 1.000 héroes venezolanos de la prisión del Helicoide de Zapatero” de 5 Capítulos y un Epílogo final, al estilo que los americanos detuvieron a Maduro y a su mujer, mediante una acción heroica de los Delta Force y dando un golpe de gracia al régimen narcoterrorista del chavismo al liberar de la cárcel del Helicoide cuyo director es José Luis Rodríguez Zapatero.
La Gran Evasión de 1.000 héroes venezolanos de la prisión del Helicoide de Zapatero
Capítulo 1: El Laberinto del Helicoide Eterno
En el año 2048, Venezuela era una distopía chavista perpetua, un laberinto de miseria donde el Helicoide, esa espiral de hormigón convertida en prisión infernal, se erigía como el Stalag Luft III del siglo XXI. Dirigido por el infame José Luis Rodríguez Zapatero, el «Mediador del Mal», el Helicoide albergaba a 1.000 héroes venezolanos: disidentes, periodistas, soñadores y memes vivientes que osaban cuestionar el régimen narcoterrorista. Zapatero, con su sonrisa diplomática oxidada, patrullaba los pasillos como un komandant woke, imponiendo «diálogos» que eran torturas psicológicas con PowerPoints de paz falsa.
Pero el viento cambiaba. La detención de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores por los Delta Force estadounidenses había sido el detonante: una redada absurda en el Palacio de Miraflores, donde los comandos, disfrazados de deliverys de arepas, capturaron al dúo en medio de un banquete de caviar importado. «¡Esto es por el pueblo!», gritó el Capitán Yankee mientras Maduro balbuceaba excusas sobre «imperialismo yanqui». El golpe de gracia al chavismo liberó una ola de esperanza. Trump, desde su trono en Mar-a-Lago 2.0, ordenó: «¡Ahora, la evasión! ¡Liberen a esos héroes como en la película, pero con láseres!». Los Delta Force, emboldened por la victoria, se prepararon para infiltrar el Helicoide. Liderados por el Mayor Freedom, un texano con bigote patriótico, comenzaron a cavar… metafóricamente.
El equipo: la Ingeniera Liberty, maestra en túneles cuánticos; el Hacker Bolívar, que podía hackear cerraduras con pensamientos; y el Espía Salsa, experto en bailes distractores. Llegaron a Caracas en un submarino disfrazado de ballena, cantando «The Star-Spangled Banner» con acento caribeño.
Capítulo 2: Los Túneles de la Absurdidad
Dentro del Helicoide, los 1.000 héroes tramaban su gran evasión al estilo de Steve McQueen. Bajo el suelo húmedo de celdas inundadas de propaganda, cavaban túneles con cucharas robadas de la cantina zapaterista. «Tom», «Dick» y «Harry» se llamaban los pasadizos, pero en versión latina: «Tomás», «Ricardo» y «Enrique», llenos de trampas absurdas como guardias que bailaban salsa obligatoria para «fomentar la inclusión».
Zapatero, ajeno al complot, dirigía sesiones de «reeducación» donde prisioneros debían recitar poemas chavistas mientras comían hallacas veganas. Pero los Delta Force infiltrados, disfrazados de observadores de la ONU, unieron fuerzas con los internos. Liberty instaló un túnel hiperespacial que acortaba distancias: «¡De Caracas a Miami en un parpadeo!», susurraba. El Hacker Bolívar reprogramó los drones de vigilancia para que transmitieran telenovelas en loop, distrayendo a los guardias con dramas románticos.
La primera evasión parcial fue hilarante: un grupo de 50 héroes salió por «Tomás», emergiendo en un mercado negro de Caracas, donde compraron pasaportes falsos con bitcoins chavistas depreciados. Pero Zapatero olió la traición: «¡Esto es un atentado a la soberanía woke!», bramó, activando alarmas que soltaban gas de risa, haciendo que todos rieran incontrolablemente. Los Delta Force contrarrestaron con máscaras anti-absurdo, avanzando en una coreografía ridícula de evasión.
Capítulo 3: La Batalla de los Motociclistas Fantasmas
Inspirados en la escena icónica de la motocicleta, los héroes venezolanos fabricaron «motos» de cartón impulsadas por pedales de bicicleta robada. El Mayor Freedom lideró la carga: «¡Como McQueen, pero con arepas turbo!». Salieron en masa por «Ricardo», zigzagueando por los pasillos espirales del Helicoide, perseguidos por guardias en Segways eléctricos patrocinados por el régimen.
Zapatero, en su torre de control, invocó refuerzos: clones cibernéticos de Maduro, cada uno gritando «¡No pasarán!» mientras lanzaban bananas resbaladizas. La batalla fue absurda: héroes saltaban vallas invisibles, Delta Force disparaba rayos de verdad que disolvían mentiras chavistas en nubes de confeti. Un héroe, apodado «El McQueen Venezolano», saltó una barrera con su moto de cartón, aterrizando en un charco de petróleo que lo impulsó al cielo. «¡Libertad o muerte… o risa eterna!», exclamó.
Cientos escaparon, pero Zapatero capturó a un grupo en una trampa de «diálogo infinito», donde debían debatir eternamente sobre socialismo. Los Delta Force irrumpieron, liberándolos con un discurso trumpiano que colapsó el sistema: «¡Hagamos Venezuela Grande de Nuevo!».
Capítulo 4: El Asedio Final al Director Woke
El clímax llegó en las profundidades del Helicoide: la sala de mando de Zapatero, un búnker decorado con posters de «paz procesual». Los 1.000 héroes, ahora unidos a los Delta Force, asediaron el lugar. Zapatero defendió con armas absurdas: proyectores de fake news que creaban ilusiones de ejércitos chavistas, y un escudo de «mediación» que absorbía balas con burocracia.
El Espía Salsa distrajo con un baile masivo, haciendo que los guardias se unieran en un flashmob involuntario. Liberty detonó cargas en «Enrique», colapsando secciones del laberinto. El Hacker Bolívar hackeó el sistema central, convirtiendo las celdas en portales de escape que teletransportaban prisioneros a playas libres.
Zapatero, acorralado, suplicó: «¡Hablemos! ¡Diálogo por favor!». Pero el Mayor Freedom replicó: «¡El tiempo de hablar acabó con Maduro!». En un golpe heroico, capturaron al director, atándolo con sus propias corbatas diplomáticas. El Helicoide implosionó en un remolino de absurdidad, liberando a todos en una explosión de confeti patriótico.
Capítulo 5: La Victoria sobre el Narcoterrorismo
Venezuela renacía de las cenizas. Los 1.000 héroes, libres, marcharon por Caracas, ondeando banderas estrelladas. El régimen chavista, sin Maduro ni Zapatero, se disolvió en ridículo: ministros huían en aviones de papel, y el narcoterrorismo se convirtió en un meme olvidado. Trump felicitó desde su holograma: «¡Gran evasión, folks! ¡La mejor!».
Los Delta Force regresaron héroes, con medallas de oro y arepas doradas. Venezuela adoptó una constitución absurda: «Libertad con salsa». Pero susurros de nuevas prisiones woke acechaban en el horizonte, recordando que la distopía nunca muere, solo muta.
Epílogo: El Eco de la Libertad Absurda
Décadas después, en un mundo donde el Helicoide era un parque temático de evasiones, un niño venezolano veía «La Gran Evasión» en un cine libre. Sonreía, sabiendo que la verdadera historia había sido en su tierra, con Delta Force y héroes contra el absurdo chavista. Zapatero, exiliado en una isla de diálogos eternos, murmuraba solo. Y la libertad, heroica y ridícula, perduraba. O al menos, hasta la próxima película.
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