Los cañones de Navarone es una película que vi cuando iba al colegio de los Hermanos Maristas de la Inmaculada de la calle Valencia de Barcelona. Todos los sábados por la tarde había sesiones de cine y, siempre, antes de comenzar la película ponían el NO-DO del Movimiento del Caudillo. 50 años después este NO-DO se repite en la Primera de TVE en el Programa Malas Lenguas del Payaso Jesús Cintora. Otro payaso, Javier Ruiz, presenta al Fraudillo, el hijo pródigo del Caudillo, como Pedro Saunez. Y la Secta TV de Florentino Pérez también actúa como correa trasmisora del Progresismo woke. Es decir, el mismo NO-DO de los mismos perros pero con diferentes collares.

A ver GROK, créame una novela del género de la distopía y el absurdo, con título “Los Delta Force de Trump entran en la Sexta TV y destruyen los bulos y la desinformación” de 5 Capítulos y un Epílogo final, al estilo que los americanos neutralizan los cañones nazis de Navarone, mediante una acción heroica y envalentonados después de la detención de Maduro en Venezuela.

Los Delta Force de Trump entran en la Sexta TV y destruyen los bulos y la desinformación

Capítulo 1: El Llamado del Águila Dorada

En un mundo donde la verdad había sido secuestrada por pantallas luminosas y narrativas retorcidas, el año 2045 marcaba el apogeo de la Gran Desinformación. España, bajo el régimen del Progresismo Woke Eterno, era un bastión de bulos televisados. La Sexta TV, fortificada en las colinas de Madrid como los cañones nazis de Navarone, disparaba diariamente salvas de fake news que hundían la moral de los disidentes. Presentadores como el Payaso Cintora y el Bufón Ruiz, clones cibernéticos del antiguo NO-DO franquista, repetían mantras: «Pedro Saunez es el Salvador, Maduro es un mártir, y Trump es el Diablo Naranja».

Pero en las sombras de Mar-a-Lago, renacido como una fortaleza flotante en el Atlántico, Donald J. Trump, el Emperador Eterno, observaba. La detención de Maduro en Venezuela había sido el catalizador: un equipo élite de Delta Force, embriagados de victoria caribeña, había capturado al dictador en una redada relámpago, liberando barriles de petróleo y memes de libertad. «¡Hagamos América Grande de Nuevo… y España también!», rugió Trump, convocando a su escuadrón. Liderados por el Capitán MAGA, un veterano con sombrero rojo y rifle láser, los Delta Force zarparon hacia Europa. Su misión: infiltrarse en La Sexta y destruir los generadores de desinformación, esos cañones mediáticos que bombardeaban la realidad.

El viaje fue absurdo: cruzaron el océano en un yate dorado disfrazado de crucero turístico, cantando himnos patrióticos mientras esquivaban drones woke que transmitían sermones de diversidad obligatoria. Al llegar a las costas españolas, se camuflaron como turistas texanos, con camisetas que decían «Fake News Kills Dreams».

Capítulo 2: La Infiltración en las Sombras Woke

Madrid era una distopía de arcoíris obligatorios y estatuas derribadas de héroes olvidados. La Sexta TV se erigía como una fortaleza inexpugnable: muros de pantallas LED que proyectaban loops infinitos de «clima catastrófico» y «género fluido», guardados por bots de corrección política que electrocutaban a quien usara pronombres incorrectos. El Capitán MAGA y su equipo – la Sargento Liberty, experta en explosivos de verdad; el Hacker Patriot, que podía hackear mentes con código binario; y el Francotirador Freedom, con un ojo biónico para detectar mentiras – se infiltraron disfrazados de equipo de limpieza.

«¡Esto es peor que Navarone!», susurró Liberty mientras barrían pasillos llenos de carteles que decían «La Verdad es Relativa». Encontraron el primer cañón: el Estudio del Payaso Cintora, donde se fabricaban bulos sobre «elecciones robadas… pero solo las de la derecha». Usando un gadget trumpiano – un spray anti-woke que convertía propaganda en confeti – sabotearon el teleprompter. Cintora, en directo, comenzó a balbucear verdades involuntarias: «¡Pedro Saunez es un fraudillo! ¡Maduro merecía la cárcel!». El pánico cundió en la fortaleza.

Pero los guardianes reaccionaron: hordas de influencers progresistas, armados con hashtags y cancelaciones virtuales, persiguieron al equipo. En una escena absurda, el Hacker Patriot reprogramó los ascensores para que subieran al cielo, literalmente, lanzando a los perseguidores a un limbo digital donde solo existían likes infinitos.

Capítulo 3: La Batalla de los Cañones Mediáticos

Profundizando en las entrañas de La Sexta, los Delta Force llegaron al corazón: la Sala de Control, donde los cañones principales – servidores masivos que generaban deepfakes de Trump como villano de cómic – rugían con poder. Inspirados por la gesta de Navarone, escalaron ductos de ventilación llenos de aire viciado por mentiras recicladas. El Francotirador Freedom, desde un conducto, disparó balas de datos que borraban archivos falsos: videos de «insurrecciones pacíficas» se convirtieron en bucles de gatos bailando.

El Bufón Ruiz, alertado, activó defensas: un ejército de clones de Florentino Pérez, cada uno con un control remoto que transmitía «progresismo woke» como virus mental. La Sargento Liberty detonó cargas de empatía inversa, haciendo que los clones se volvieran unos contra otros en debates interminables sobre «microagresiones». «¡Esto es ridículo!», gritó un clon antes de autodestruirse en un poof de lógica fallida.

Trump, monitoreando desde su yate, envió refuerzos absurdos: drones con forma de águilas que lanzaban burgers de libertad, distrayendo a los guardias con antojos capitalistas. El equipo avanzó, destruyendo cañón tras cañón, cada explosión liberando nubes de hechos reales que llovían sobre Madrid como confeti verídico.

Capítulo 4: El Asedio del Epílogo Progresista

La fortaleza temblaba. El equipo alcanzó el cañón supremo: el Transmisor Maestro, que conectaba La Sexta con la red global de desinformación, incluyendo TVE y la Secta TV. Aquí, el Fraudillo en persona – un holograma de Pedro Saunez con aura woke – defendía el sitio. «¡No podéis destruir la narrativa!», proclamaba, lanzando rayos de culpa histórica.

En un clímax absurdo, el Capitán MAGA retó al holograma a un debate: «¡Tu progresismo es el nuevo NO-DO, perros con collares diferentes!». Saunez contraatacó con falacias, pero el Hacker Patriot lo hackeó, convirtiéndolo en un meme danzante de baile ridículo. Liberty colocó la bomba final: un dispositivo trumpiano que convertía bulos en chistes autodesenmascarados.

La explosión fue épica, como en Navarone: los cañones mediáticos colapsaron en un remolino de píxeles, liberando una ola de verdad que inundó España. Presentadores confesaban en directo: «¡Todo era mentira! ¡Maduro era un tirano, Trump un héroe!». Los Delta Force escaparon en un helicóptero dorado, dejando atrás una nación despertando del coma woke.

Capítulo 5: La Victoria Dorada

De vuelta en Mar-a-Lago, Trump condecoró al equipo con medallas de oro macizo. «¡Hemos neutralizado Navarone 2.0!», proclamó. España, liberada, renació: canales de TV ahora transmitían debates reales, memes honestos y documentales sobre la detención de Maduro como modelo de justicia. El Progresismo Woke se disolvió en absurdidad, reducido a un circo de payasos sin audiencia.

Pero en las sombras, susurros de una nueva amenaza: un cañón woke en Bruselas. Los Delta Force, emboldened, prepararon la próxima misión. La distopía no acababa; solo mutaba. Sin embargo, por ahora, la verdad reinaba, absurda y heroica.

Epílogo: El Eco de los Cañones Silenciados

Años después, en un mundo donde la desinformación era reliquia de museo, un niño en Barcelona veía una película antigua: «Los Cañones de Navarone». Sonreía, sabiendo que la verdadera gesta había sido en La Sexta, donde héroes naranjas destruyeron no cañones de acero, sino de mentiras. Trump, inmortal en hologramas, susurraba: «Make Truth Great Again». Y el absurdo, al fin, dio paso a la realidad. O al menos, a una versión menos ridícula.