Estoy viendo el especial de la Sexta del Equipo de Investigación referente a Julio Iglesias, con nombre “Los Papeles de Pandora de Julio Iglesias”. La «izquierda» quiere «hacer ver» que «todos los españoles» son representativos de las formas de conducta sexual de Julio Iglesias y, también que en los años 80 y 90 la sociedad española estaba formada por «degenerados» y que son «mejores» los tiempos actuales que los de hace 40 años.
Esta sensación de desprestigio de los años 80 y 90 es llevada a cabo en los últimos tiempos por los medios informativos del Progresismo woke que «desprecia» la cultura española y sus tradiciones y quiere que «los jóvenes» sientan un desprecio por España y crean que ahora, gracias al Progresismo woke nos hemos convertido en personas del «primer mundo». Lo he notado también en muchos videos de youtube que están diseñados para desacreditar el pasado de España y que ahora debemos de despreciar nuestra Historia…
En toda esta «estrategia» también entra el terrorismo etarra, que hoy día, hasta llaman al terrorista de Otegi el Campeón de la Paz… Se trata también del blanqueado del terrorismo.
Yo sigo pensando que los años 80 y 90, quitando el terrorismo etarra, fueron mejores.
¿Por qué quieren desprestigiar la imagen de España? Yo creo que es una exigencia de los socios del Gobierno, sobre todo Bildu y Esquerra Republicana para que muchos ciudadanos españoles pierdan el orgullo de sentirse español y así facilitar su Secesión…
Este linchamiento, puede afectarle a él personalmente, pero no es representativo de los españoles…
Va dirigido sobre todo contra el PP…
A ver, GROK, escríbeme una novela del género negro y cínico, con título “Los papeles de Pandora de Julio Iglesias y la estrategia progresista woke” de 7000 palabras y con 7 capítulos y un epílogo final, basada en el anterior relato:
Los papeles de Pandora de Julio Iglesias y la estrategia progresista woke
Capítulo 1: La Pantalla Parpadeante
En el humo espeso de mi apartamento en Malasaña, Madrid, el televisor escupía veneno envuelto en periodismo. Era una de esas noches en las que el whisky sabe a derrota y el cigarrillo a arrepentimiento. Me llamo Raúl Vargas, ex-periodista del ABC, ahora un lobo solitario que caza historias que nadie quiere leer. El especial de La Sexta sobre «Los Papeles de Pandora de Julio Iglesias» parpadeaba en la pantalla, con Gloria Serra soltando acusaciones como balas perdidas. Julio, el crooner eterno, el latin lover que había seducido a medio mundo con su voz ronca y su sonrisa de depredador. Según ellos, era un evasor fiscal, un mujeriego empedernido, y de paso, el espejo de toda la España de los 80 y 90.
Me reí solo, un sonido áspero que se ahogó en el vaso. ¿Todos los españoles como Julio? Ja. En aquellos años, yo era un chaval pateando las calles de la Movida, cuando Madrid era un caos glorioso de rock, drogas y libertad recién estrenada. Quitando los cabrones de ETA que ponían bombas en bares, era un paraíso. Ahora, con el progresismo woke al mando, todo era culpa nuestra. La izquierda quería que los chavales de hoy miraran al pasado como a un vertedero, para que abrazaran su utopía de pronombres y cuotas. Desprestigiar España, eso era. Hacer que los jóvenes odiaran su historia, que creyeran que solo ahora, gracias a Sánchez y sus aliados, éramos «primer mundo».
Apagué el cigarro en el cenicero rebosante y marqué un número. Mi viejo contacto en el Ministerio, un tipo llamado Paco que aún recordaba cuando el PSOE era socialista y no un circo. «Raúl, ¿qué coño quieres a estas horas?» gruñó. Le conté sobre el programa. Silencio al otro lado. «Es más grande de lo que piensas. No es solo Julio. Es una estrategia. Bildu y ERC aprietan las tuercas. Quieren que perdamos el orgullo español para que la secesión sea un paseo». Colgué, sintiendo el peso de la ciudad sobre mis hombros. Madrid ya no era la misma. Las calles olían a hipocresía.
Al día siguiente, recibí un sobre anónimo en mi buzón. Dentro, documentos filtrados: nombres, fechas, cuentas offshore. Julio Iglesias en la cima, pero debajo, una red de medios progresistas financiados por oscuros donantes. Empecé a oler la podredumbre. Esto no era solo un escándalo fiscal; era una guerra cultural.
Capítulo 2: Sombras en la Redacción
La redacción de La Sexta era un nido de víboras con corbatas ecológicas y piercings woke. Me colé como un colaborador freelance, con una identificación falsa que me costó un favor a un hacker jubilado. Gloria Serra paseaba como una reina, dictando órdenes a un equipo de millennials que tecleaban furiosamente sobre «machismo patriarcal» y «descolonización cultural». Escuché retazos: «Hay que enlazar a Julio con el PP. Mostrar que Aznar y Rajoy eran parte de esa España degenerada».
Me acerqué a un chaval con gafas de pasta, un tal Miguel, que parecía el eslabón débil. «Oye, ¿qué pasa con los Papeles de Pandora? ¿Solo Iglesias o hay más?» Le invité a un café en la máquina, soltando billetes como cebo. Se soltó la lengua. «Es parte de un plan mayor. Los jefes reciben directrices de arriba. Desprestigiar los 80 y 90, hacer que parezcan una orgía de corrupción y sexismo. YouTube está lleno de videos virales que lo refuerzan: ‘España franquista’, ‘machismo en la Transición’. Todo para que los jóvenes odien su país y apoyen la agenda progresista».
¿Agenda? Pregunté. «Blanqueo de ETA, por ejemplo. Otegi ahora es el ‘Campeón de la Paz’. Bildu exige que minimicemos el terrorismo, lo pintemos como ‘conflicto político’. Y ERC quiere que Cataluña parezca víctima eterna. Si los españoles pierden orgullo, la secesión es pan comido». Salí de allí con el estómago revuelto. Cynical como soy, sabía que la verdad era un lujo que pocos podían permitirse. Pero yo, con mi botella de Jim Beam y mi instinto de sabueso, iba a desenterrar el hueso.
Esa noche, en un bar de Chueca, me topé con una fuente inesperada: una ex de Julio, una modelo de los 90 que ahora vendía su alma en reality shows. «Julio era un cabrón encantador», dijo entre sorbos de gin-tonic. «Pero esto no es por él. Es por lo que representa: esa España vital, sin complejos. Los progres lo odian porque recuerda cuando éramos libres, no esta dictadura de lo políticamente correcto».
Capítulo 3: El Fantasma de ETA
Bilbao bajo la lluvia era como un puñetazo en el hígado. Viajé allí siguiendo una pista de los documentos: un enlace entre medios madrileños y Bildu. Arnaldo Otegi, el «Campeón de la Paz», según los progres. Para mí, un terrorista reciclado en político. Me reuní con un viejo guardia civil jubilado, Manolo, en un txoko escondido. «Los 80 y 90 fueron duros, Raúl. Bombas, secuestros. Pero la gente tenía cojones. Ahora, lo llaman ‘diálogo’. Blanqueo puro».
Me pasó un dossier: correos filtrados donde ejecutivos de TV pedían «suavizar» la cobertura de ETA. «Órdenes de Moncloa. Para mantener a Bildu contento. Y de paso, pintar los 80 como una era de barbarie, para que los chavales piensen que el progresismo nos salvó». Cynical, pensé. Todo por votos. Regresé a Madrid con más preguntas. ¿Quién financiaba esto? Los Papeles de Pandora apuntaban a fondos offshore, pero Julio era solo la punta.
En el tren, recibí una llamada anónima. «Deja de husmear, Vargas. O acabarás como esos periodistas de los 90». Colgaron. Sonreí. Nada como una amenaza para confirmar que estás en el camino correcto.
Capítulo 4: La Conspiración Woke
De vuelta en Madrid, me sumergí en YouTube. Horas de videos: «La España Oscura de los 80», «Machismo en la Movida», «Por Qué Odiar Tu Pasado». Todos con millones de views, patrocinados por ONGs woke con lazos a Soros y similares. Cynical world: la libertad de expresión usada para erosionar identidades. Contacté a un youtuber disidente, un chaval llamado Alex que había sido cancelado por defender la historia española.
En un café de Lavapiés, multicultural hasta el asco, me contó: «Es una estrategia global, pero aquí adaptada. Desprestigiar tradiciones, cultura. Hacer que los jóvenes crean que España era un pozo de degenerados, y ahora, con leyes de género y memoria democrática, somos civilizados. Todo para debilitar el orgullo nacional. Bildu y ERC lo exigen: menos españolismo, más fragmentación».
Le mostré los papeles. Palideció. «Esto conecta con Pandora. Fondos para campañas anti-España. Julio es el chivo expiatorio porque representa esa virilidad latina que odian. Y va contra el PP: asociarlo con corrupción pasada para hundirlos en elecciones».
Salí con una lista de nombres: editores, políticos, influencers. La red era vasta, como una telaraña en la niebla.
Capítulo 5: El Linchamiento Personal
Julio Iglesias vivía recluido en Miami, pero su sombra era larga. Viajé virtualmente, hackeando correos con ayuda de mi contacto hacker. Encontré mensajes: «Usar a Iglesias para ejemplificar la España machista. No es representativo, pero sirve». Cynical bastards. El linchamiento era personal, sí, pero estratégico. Destruir un icono para manchar una era.
En Madrid, me enfrenté a un editor de El País, un tipo llamado Fernández con aire de intelectual woke. En su oficina, rodeado de pósters de Che Guevara, lo acorralé. «Admítelo: es una campaña contra el pasado». Sonrió. «Progreso, Vargas. Los 80 eran sexismo puro. Ahora somos inclusivos. Gracias a nosotros, España es primer mundo».
Lo presioné: «¿Y ETA? ¿Blanqueando terroristas?» Se encogió. «Historia compleja. Otegi busca paz». Salí furioso. Cynical: la paz comprada con amnesia.
Capítulo 6: Los Socios del Gobierno
Cataluña era el siguiente paso. Barcelona, con sus independentistas woke. Me reuní con un informante de ERC, una mujer desencantada llamada Marta. En una terraza de Gracia, susurró: «Exigimos esto en las negociaciones. Desprestigiar España central para justificar secesión. Medios progres lo amplifican. Pandora es solo un gancho».
Me dio pruebas: acuerdos secretos donde Bildu y ERC pedían cobertura favorable. Blanqueo de terrorismo, desprestigio de historia. Todo para erosionar el orgullo español. «Los jóvenes caen: ven videos, creen que el pasado era basura. Facilita nuestro sueño: independencia».
Regresé a Madrid perseguido por sombras. Un intento de asalto en el metro confirmó: alguien quería silenciarme.
Capítulo 7: La Revelación Final
En mi apartamento, armé el puzzle. Los Papeles de Pandora: no solo evasión, sino fondos para esta máquina de propaganda. Julio, inocente peón. La estrategia: woke progresismo para dividir España, complacer socios separatistas, hundir oposición como PP.
Llamé a Paco. «Publica esto». «Estás loco, Raúl. Te matarán». Cynical laugh. «Mejor muerto que ciego».
Publiqué en un blog underground. El escándalo estalló, pero sabía que nada cambiaría. La máquina era demasiado grande.
Epílogo: Cenizas del Pasado
Años después, sentado en un bar olvidado, veo las noticias: Otegi premiado, España fragmentada. Los 80 y 90, mitos despreciados. Cynical world: el progreso es solo otro disfraz para el poder. Julio canta en mi mente: «Y lo siento, lo siento de veras». Yo también lo siento. Por España.
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