Prólogo

Querido lector, amiga, amigo, camarada de trinchera o simple curioso que acaba de abrir este libro:

Bienvenido al universo del Capitán Troyano.

No es un prólogo cualquiera. Es la puerta de entrada a una guerra declarada. Una guerra sin balas (casi siempre), pero con viñetas, rimas, verdades como puños y un sentido del humor tan negro como las cloacas de Ferraz. Porque este libro no es una simple recopilación de comics, canciones y reflexiones. Es el acta notarial de una España que se ha vuelto absurda, ridícula y peligrosa al mismo tiempo. Y yo, Luis Toribio Troyano, el dibujante de comics de toda la vida, el bigote impecable, la capa roja ondeando aunque no haya viento, he decidido convertirme en el Hombre Universal que se planta delante de tanto disparate y grita: ¡Basta!

Todo empezó, como casi siempre, con una historieta simple (Capítulo II). Un lápiz, un papel y una rabia contenida. De repente, el Capitán Troyano dejó de ser solo un personaje de viñeta y se convirtió en la mejor versión de mí mismo: el que no pide permiso, el que no se calla, el que cuando ve una injusticia no tuitea… ¡la dibuja, la rapea y la convierte en leyenda!

En estas páginas vas a encontrar al Luis Toribio Troyano de siempre (Capítulo I), el que dibuja desde hace décadas, pero también al que ya no se conforma con entretener. Aquí estoy yo persiguiendo delitos de verdad, sin importar quién los cometa (Capítulo III). Aquí estoy resolviendo el Caso de las iniciales P. S. (Capítulo IV) como quien resuelve un crucigrama de La Codorniz, porque esta nueva Codorniz que yo mismo he resucitado todos los jueves (Capítulo VI) no se ríe de los débiles, se ríe de los poderosos que se creen intocables.

Verás cómo pasamos de la predicción de Fernando Simón en plena pandemia al valor de las joyas de Zapatero (Capítulo V), porque la incoherencia progresista no tiene límites. Verás a un Zapatero afirmando que “ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho” (Capítulo VII) mientras yo, desde mi estudio de Barcelona, me parto de risa dibujando la viñeta. Y sí, también estaré allí cuando alguien diga “Soy feminista porque soy socialista” (Capítulo VIII), porque pocas frases resumen mejor la superioridad moral de los que se autodenominan “progresistas” (Capítulo XVIII).

Pero este libro no se queda solo en viñetas. También canta. Incluye la letra completa de “La Farsa del Progresismo” (Capítulo IX) y, por supuesto, la canción que da título al libro: “El Capitán Troyano” (Capítulo X). Porque cuando la realidad se vuelve tan grotesca que ya no basta con dibujarla, hay que ponerle un beat de 92 BPM, bajos gordos y un flow que retumbe en el pecho.

Y entonces llega la parte que más duele y más divierte a la vez: la realidad convertida en epopeya. La Zodiac de los Valientes (Capítulo XII), donde tres guardias civiles son enviados al Estrecho con tirachinas contra una narcolancha de 20 metros. Ahí entro yo, el Capitán Troyano, junto al Teniente Coronel Antonio Balas en la “Operación Narcolancha hundida” (Capítulo XIII), y el resultado es el rap que ya está sonando en medio España: “El rap de la Zodiac de los Valientes” (Capítulo XIV). Tomahawk cortesía de Trump incluido. Porque sí, a veces la realidad supera cualquier viñeta.

No falta la crítica al lawfare (Capítulo XV), esa arma que el PSOE pretende usar contra sus adversarios mientras el presidente del Banco de Sabadell nos recuerda que “los ricos ni matan ni roban”. Ni falta la filosofía de Nietzsche (Capítulo XVI), porque para entender la superioridad moral de los progresistas hay que leer al viejo Friedrich y luego mirarlos a la cara. Las viñetas sobre la muerte de Isaak Antic (Capítulo XVII) son de las más duras del libro, pero necesarias.

Y luego… las cloacas. El armario de las cloacas para espiar a adversarios políticos (Capítulo XIX) y su versión de diseño en Ferraz (Capítulo XX). Las Tablas del Descrédito (Capítulo XXI) y las Tablas de las Recompensas (Capítulo XXII). El baremo completo que pagaba a periodistas por cada mentira bien contada. Y el rap que lo resume todo: “Las comisiones por el relato” (Capítulo XXIII), ese himno que ya nadie podrá silenciar.

Este libro es muchas cosas a la vez: un cómic, un cancionero, un manifiesto, un grito de guerra y una carcajada. Es la prueba de que todavía queda gente que no se ha vendido, que no se ha callado y que sigue creyendo que la verdad, aunque duela, vale más que mil euros por relato.

Para terminar, quiero dar las gracias desde ya a los ochenta youtubers principales que se han convertido en el verdadero periodismo del futuro (Capítulo XXIV). Sin ellos, sin vosotros, sin los que compartís, comentáis y difundís estas viñetas y estos raps, el Capitán Troyano seguiría siendo solo un dibujo en un cuaderno. Gracias a vosotros es un símbolo. Gracias a vosotros es una resistencia.

Así que cierra los ojos un segundo. Imagina el sonido de un lápiz sobre el papel. Imagina el bajo de un beat que retumba. Imagina una capa roja ondeando sobre el Estrecho mientras una narcolancha se hunde y una tabla de recompensas se estrella contra el suelo.

Eso es este libro.

Eso es El Capitán Troyano.

Y ahora, amigo mío, pasa la página.

Porque la historieta… acaba de empezar.

Luis Toribio Troyano
El Capitán Troyano
Barcelona, junio de 2026


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